Gen de la maldad


No creo en la existencia de un gen de la maldad. Como tampoco comulgo con la generación espontánea de la hipocresía, la mentira, el odio, la envidia, el rencor, el desprecio... y de todos sus opuestos. Es el hombre y sus sociedades quienes estimulan el desarrollo mental inductor de todos estos condicionantes. De ahí que, en cada acontecimiento trágico, como el acaecido en Cabana, en el que un hombre arrancó una vida, acepté y revisé mi grado de culpa, preguntándome en qué fallé como ciudadano o en cómo podría llegar fallar en un mal momento en cualquier hora de cualquier día, por la llana y sencilla condición de ser humano. Así, en ceremonia privada, sin el amparo de público alguno, purgo mis culpas, revisando uno por uno todos mis valores y enfrentándolos en ficción a los peores escenarios posibles. Y es en esos escenarios creados en momentos de dolor cuando me es necesario generar en mi ideario un refugio para las víctimas y los verdugos. Un protectorado como el del hijo que, en glorioso momento, impide el suicidio de su padre, que acababa de sucumbir a la locura y maldad de arrancarle la vida a su madre. De lo contrario, dejaría de creer en el ser humano y en su capacidad de vencer sus imperfecciones y males, quedándonos desamparados ante una vida huérfana del sentido humanitario. Paco Cotelo.

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