x. a.
CARBALLO / LA VOZ

La ola de calor bajo los abedules de San Fins do Castro es un relajo. La romería recuperó su ambiente secular: centenares de personas de merienda debajo de los árboles después de los actos de rigor: misa, procesión, Berro Seco y Santo da Pólvora. En Cesullas reconquistaron su San Fins y dicen adiós al vino, que fue protagonista fue otra vez, pero más por ausencia que por su presencia.

La guerra del vino libró ayer su última batalla, después de varios años en los había ido perdiendo adeptos gracias a la presión de vecinos y de la propia comisión.

«Este ano non hai tanto ambiente, pero para nós está mellor», comentaba María Martínez, vecina de Arteixo que se acerca todas las ediciones a esta parroquia de Cabana. Aunque también hay quienes añoran los años en los que cientos de jóvenes se reunían en San Fins . «Bótase de menos aos rapaces», decía Belén Castro, una de las cantantes de la Coral de Cesullas. Es que al final, son los jóvenes los que van a mantener el futuro de la fiesta.

Pero con vino o sin él, los paños se pusieron a secar en la fuente del agua milagrosa que quita las verrugas y el Santo da Pólvora ardió un año más.

El tradicional Berro Seco se volvió a escuchar en San Fins. Este, ya legendario grito, simboliza la unión de los obreros al levantar las piedras de la catedral de Santiago. El párroco, Héctor Martínez, actúo por segundo año, como director del oficio ante todos los allí presentes. Al acabar este singular acto dijo sonriendo: «Me lo pasé genial». Sería esa la razón por la que el Berro Seco se repitió seis o siete veces, en vez de las tres que manda la costumbre.

«Despois de que o cura nos fixese berrar tanto hai que ir comer», comentaba Carmen Romero. Había que reponer fuerzas en la mesa y en la sesión vermú, después de tanto esfuerzo.

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San Fins do Castro dice adiós al vino