«Soy privilegiado por disfrutar de los paisajes de la costa desde el kayak»

Miguel Álvarez ha recorrido todo el litoral gallego y parte del asturiano remando

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X.a.
carballo / la voz

Miguel Álvarez (1971), natural de Baio, dice que le tiene mucho respeto al mar y aun así lleva 10 años encima de un kayak recorriendo la costa gallega. Trabaja en Íntegro en apoyo a la diversidad funcional. En 1990 sufrió un accidente de coche que le causó problemas de movilidad y desde entonces encontró en el kayak un remedio para sentirse mejor tanto física como mentalmente. Ahora es monitor de kayak. Íntegro es su centro de operaciones.

-¿Cómo le ayudó el kayak a recuperarse tras el accidente?

-Después de lo ocurrido no podía hacer muchas cosas a las que estaba acostumbrado. A mí me encantaba ir a correr a fondo y practicaba taekwondo. Cuando empecé a recuperarme, después de pasarme seis años en el hospital, entré en el mundo del kayak porque mi hermano tenía uno que no usaba. Descubrí que este deporte me venía muy bien para enderezar la espalda.

-¿Cómo fue la experiencia de iniciarse en el mundo del kayak desde cero?

-Lo más importante es saber moverse en el mar y llevar la equipación adecuada. Yo le tengo respeto al mar. El mar es imprevisible. Aunque es difícil que pase algo porque siempre llevamos todo lo que necesitamos. Nunca nos falta un móvil. Al principio compré un chaleco que me quedaba grande. Con el tiempo aprendí cuales son los accesorios imprescindibles. A mí, lo que más me ayudó a iniciarme en este mundo fue conocer la Asociación Gallega de Kayak de mar. Al kayak le ponen muchas más limitaciones que a otros deportes de agua salada. No podemos, por ejemplo, hacer concentraciones si las olas son superiores al metro de altura.

-¿Practica cuando le apetece o tiene unos días de entrenamiento marcados?

-Voy cuando me apetece y cuando no, me fuerzo a ir. Noto mucha mejoría cuando hago kayak. Es como ir a nadar a la piscina. Yo, en el mar, me baño todo el año.

-Los paisajes deben ser preciosos vistos desde el kayak.

-Sí. Me siento privilegiado. Soy consciente de que esto no lo puede hacer todo el mundo. Con el kayak podemos ir a lugares que de otra forma sería imposible. Nos gusta tomárnoslo con calma y disfrutar de las vistas: somos como senderistas de mar. Hay zonas en las que el mar es completamente transparente y vemos bancos de peces. En ocasiones nos acompañan los delfines. Me gusta jugar al ajedrez y escuchar el mar y a las gaviotas: esa es la mayor felicidad que puedo tener. Va a haber un momento en el que voy a tener que dejar el kayak por mi enfermedad, pero mientras tanto lo estoy aprovechando al máximo.

-También da clases.

-Sí, durante el verano colaboro con el concello de Cabana y ofrezco desinteresadamente cursillos de kayak a aquellos que les interese este deporte. Además ahora estoy comenzando a desarrollar un canal de youtube al que subo vídeos que hago en los viajes de kayak. Se llama Galicia en Kayak de Mar.

-Colabora en la asociación Íntegro de Cabana. ¿Cómo es la experiencia de trabajar con personas con diversidad funcional?

-Hacemos un poco de todo. Damos, por ejemplo, talleres de carpintería. En definitiva ayudamos a los chavales a desenvolverse por ellos mismos.

-¿Cree que todavía existen prejuicios contra las personas con diversidad funcional?

-Creo que cada día todo ese asunto está más aceptado. Hay que entender las limitaciones que tiene cada persona. Ellos pueden conseguir lo que se propongan. Lo más bonito para mí es ver cómo evolucionan y sentir las ganas que tienen por aprender y avanzar.

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