Sergio Pena, paciente curado de cáncer: «Les decía a mis padres: 'Me voy a tomar la pastilla' e iba a la cinta a caminar con música»

El larachés acaba de superar un linfoma de Hodgkin que le diagnosticaron hace cinco meses y que empezó con una tos


Carballo / La Voz

Entereza y positivismo. Estas dos palabras definen la actitud de Sergio Pena (Vilaño, A Laracha, 1994) ante la dura prueba que la vida le puso en el camino hace tan solo unos meses. «Todo empezó con una tos en octubre-noviembre del año pasado», indica Pena, presidente de la Asociación Adro de Vilaño. En un principio, por su edad, los médicos no le dieron importancia. «Me decían que sería un catarro», expone el también jugador del Club do Mar de Caión, que viene de superar un linfoma de Hodgkin.

«En enero fui a urgencias porque seguía igual y me dijeron que era neumonía. Después del confinamiento, como persistía la tos, volví al médico y me dijeron que me curaría con mis propias defensas. Más tarde, el doctor revisó una placa que me habían hecho en enero y vio algo raro por lo que me pidieron más pruebas. A raíz de eso, en una semana cambió todo», apunta Pena. Así, a principios de julio, el doctor le dio tres posibles diagnósticos. «Me dijo que podía ser sarcoidosis, tuberculosis o un linfoma, pero que era poco probable», relata. Para él, esa última posibilidad era impensable: «Estaba en un momento físico muy bueno». Dos días después lo operaron en el Quirón. «Me hicieron una cirugía torácica con la técnica de Bach, que la utiliza el Doctor González Rivas, que es una maravilla», recalca.

Quimio, máster y deporte

Tras la intervención comenzó lo más duro: las sesiones de quimioterapia. «Iba cada dos semanas al hospital de día del Chuac. Yo estoy estudiando un máster que es los viernes y los sábados por la mañana, y la quimio me la ponían los jueves y después estaba fatal, con vómitos y náuseas. Una noche la pasé entera vomitando y al día siguiente tenía examen, me levanté y fui». Además, prepara las oposiciones a profesor de Educación Física. «Soy muy activo y lo que peor llevé fue que por las consecuencias del tratamiento, al encontrarme mal, no podía estar al cien por cien». A pesar de ello, Pena trató de hacer una vida normal. «Quería que la enfermedad me afectase lo menos posible. Yo hago mucho deporte y seguí haciéndolo. Les decía a mis padres: ‘Me voy a tomar la pastilla’ y me ponía música e iba a la cinta a caminar», relata.

En su lucha, su familia jugó un papel fundamental. «Soy hijo único y mis padres intentaban estar bien para mí, y yo bien para ellos», expone Pena, que también destaca el apoyo de sus amigos: «Somos un grupo de doce o quince, nos conocemos desde los tres años y tenemos una amistad muy sana. Lo bueno de ser tantos es que cada día tenía el mensaje de alguno mandándome ánimos». Precisamente, uno de los peores momentos fue cuando tuvo que comunicar a los suyos la enfermedad. «Tardé un día en asumirlo. Cuando el médico me confirmó que era un linfoma me entraron sudores fríos y me levanté de la silla para ir a su ordenador y ver que no se había equivocado de paciente. Estuve muy mal, pero después lo asimilé y se lo conté a mis amigos tratando de restarle importancia. Desde entonces me mantuve en una línea positiva. Los médicos me dijeron que el 50 % de la curación era la actitud, entonces pensé que en esa parte tenía que sacar un diez o un doce», indica.

La mejor noticia

El fin de su agonía llegó en diciembre. «El día 3 me confirmaron que me había curado. Mantengo la prudencia porque puedes recaer, pero no dejo que eso me condicione», señala. Ese momento fue una liberación. «Me sentía como un perro amarrado a una cadena y fue como si me soltaran. Antes tenía una mochila llena de piedras y ahora no». Lamentablemente, por el covid, no pudo celebrar la nueva como le hubiese gustado. «Las fiestas las pasamos comiendo cinco en casa y luego a mis amigos los veo en pequeños grupos. Tenemos que ser responsables», señala.

Su historia, en un vídeo de la asociación contra el cáncer

A Sergio las fuerzas nunca le flaquearon, por eso, para transmitir su energía y optimismo frente a la enfermedad, ha querido difundir un vídeo a través de la Asociación Española Contra el Cáncer (Aecc) de A Coruña.

«La idea fue de mi amiga Sheyla Bermúdez. Me dijo que por qué no grabábamos un vídeo contando esto, porque es una etapa más de la vida. Después, nos gustó el resultado y queríamos difundirlo por si a alguien le servía de ayuda. En mi caso, el ejemplo de Dani Rovira me sirvió mucho. Los médicos me habían dicho que me iba a recuperar, pero cuando ves a alguien que sí lo ha logrado te da mucha más energía y positividad», relata. No se engañaba, porque la pieza, grabada en uno de los sitios preferidos de Pena, la playa de Caión, se publicó el 31 de diciembre y ya acumula más de 17.000 visualizaciones.

«No me esperaba para nada tanta repercusión, pensé que tendría unas veinte o treinta visitas. Me ha escrito mucha gente. Me hacen ilusión los comentarios de conocidos y amigos, pero también los de gente que no conozco y me dicen que han pasado por algo similar y que les ayudó mucho el vídeo. Otros escriben su caso, que han superado el cáncer, y me inyectan una dosis de positivismo porque ves que a pesar de que es una enfermedad muy dura, se puede salir», valora.

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