Bergantiñáns en tierra de mormones

Residen en Suiza, pero el trabajo del marido los ha llevado al estado de Utah. Son José Manuel Piñeiro y Fátima Raquel García Cristóbal


Carballo / La Voz

Fátima y José Manuel, además de su hijo Pablo, cambiaron las idílicas montañas y la nieve del entorno de San Galo, en el Este de Suiza, a un paso de Austria, Alemania o Liechtenstein, por las también muy elevadas y nevadas de Utah, donde se disputaron los Juegos Olímpicos de invierno hace 16 años. Y el novelesco e histórico lago Constanza, por el Gran Lago Salado situado al lado de Salt Lake, City, la capital, a la que da nombre. Pero todo lo demás no tiene nada que ver, y ni siquiera hay paisajes verdes: ahora están en la gran capital mundial de los mormones, cuyo tiempo y reglas corren de otra manera. Y están en una zona que evoca centenares de películas del Oeste, rodeados -según las agujas del reloj- por Wyoming, Colorado, Nuevo México, Arizona, Nevada e Idaho. Al otro lado de Nevada, el norte de California, y más montañas y mar.

Fátima Raquel García Cristóbal (43) es de Prearada, en Sofán, y José Manuel Piñeiro (48), de A Laracha. Él, hijo de emigrantes, ya nació en Suiza, y ella lleva en el país helvético doce años. Su hijo Pablo tiene 6 años. José Manuel trabaja en una empresa suiza que construye trenes, uno de ellos en Utah, de ahí que esté desplazado temporalmente mientras dura la construcción. Lleva ya en Estados Unidos desde febrero, y su esposa y su hijo poco más de un mes, pero se van aclimatando rápido. Cualquier ciudad americana impresiona a la hora de cambiar de vida, pero mucho más una del interior el país, tan estrechamente ligada al movimiento mormón, y además relativamente pequeña, de apenas 190.000 habitantes. Aun así, se ve «grande, leva un tempo acostumarse a ela», indica Fátima. «Pero nós vivimos en casas, na periferia, así que o ambiente é diferente», añade. Claro que si hay que ir al centro, por ejemplo para ver jugar a Ricky Rubio, de los Utah Jazz, se va, y encantados, como hicieron hace unos días. Asegura que la ayuda que reciben para la integración es muy buena, tanto de relaciones con vecinos como con, por ejemplo, clases de inglés, también al niño (el colegio está casi al lado, y la profesora de apoyo es la misma), quien ya ha podido subirse al autobús escolar. Sí, como esos clásicos que se ven en las películas. De todos modos, el transporte público no es que abunde -eso que están al lado de la Universidad- y el vehículo particular es fundamental.

De lo que conocen, no hay gallegos en las proximidades. Puede parecer raro, ya que los hay en todas partes, pero solo tienen constancia, por su entorno, de otras tres familias de españoles, de Madrid. Seguramente habrá más, pero tampoco es un lugar en el que sea muy factible relacionarse. Tienen tiempo de hacerlo, porque en principio se quedarán hasta agosto. «É toda unha experiencia», confiesa Fátima. Además, tratarán de conocer algunos estados limítrofes o visitar los grandes parques naturales de Utah, los más antiguos del país. Y de sufrir los grandes contrastes térmicos de la temporada invernal, que empieza ahora y dura hasta marzo, con la del verano, en la que se pueden superar los 45 grados. «O máis importante é que poidamos pasar unha boa experiencia os tres xuntos, e aprender o idioma», señala José Manuel, quien añade que la cultura laboral y métodos de trabajo son algo distintos a los suizos, pero todo es adaptarse y esforzarse. Y, por cierto, trabajar muy intensamente y muchas horas.

Destaca la ayuda de la gente, por ejemplo esa profesora de inglés, buscándoles, ayudando en la matrícula del niño y hasta invitando en la cena de Acción de Gracias, que en Estados Unidos es de las más importantes.

En cuanto a los mormones, solo se ven de lejos y en los desplazamientos al centro. Y esa sí que es otra cultura.

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