Algunas capillas pronto serán historia

Los años hacen mella en pequeños templos, algunos con mucha historia sobre sus cimientos


Carballo / La voz

Con los edificios religiosos también puede el tiempo y el abandono. Y eso que en la Costa da Morte es casi una excepción, porque en los últimos veinte años se han ejecutado numerosas obras que han impedido la ruina de varios templos, como le sucedió, por ejemplo, a la iglesia de Chacín, en Mazaricos. Incluso otras perdieron uso, como la de Erbecedo (tiene la nueva a un lado y una capilla al otro, no hay más ejemplos similares en la zona) va soportando el paso de los años.

Pero otras empezaron a sucumbir hace ya mucho y no se le puso remedio. Nada nuevo, por otra parte: bata leer a Jerónimo del Hoyo hace 410 años para ver cómo cita ermitas que ya no existen, pero también otras que estaban en obras en aquel momento.

Una de las casi desaparecidas es la de San Miguel, en Coucieiro, Muxía. Sus ruinas luchas ahora contra la maleza y el acceso es complicado. Hasta los años 50 había misa en septiembre, pero fue decayendo. Tuvo más suerte su vecina de Santo Outelo, cerca de las Caldeiras do Castro: hace 21 años estaba en ruinas, pero se arregló.

De la de Santa Marta, en A Laracha, solo quedan pequeños muros que delimitan su entorno. Hace ya muchos años que está así, fruto de un proceso que consumió decenios. Incluso en su desnudez estructural sigue conservando cierta fascinación en su orientación este (el altar) - oeste (la puerta), a 430 metros sobre el nivel del mar. Pero su recuperación es imposible.

La de Sinde, en Cabana, también tiene un gran componente escenográfico, pero nada más. También en una atalaya, su vida religiosa fue efímera. Dedicada a la Virxe de Fátima, en los 70 apenas se usaba. Se conserva relativamente bien, pero podría estar mucho mejor. Su interior recuerda a la de Leira, en Rebordelos (Carballo), mucho más pequeña, privada, con maleza creciendo por todas partes en un recinto que honró a San Xoán. En Aprazaduiro, Nande (Laxe), el lateral de la capilla sigue ejerciendo como galpón. Y la de Boallo, Vimianzo, también se abandonó.

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