«Teño feito 5 viaxes de sardiña na mesma noite á Coruña»

Serafín arrastraba lanchas y transportaba el pescado que traían al puerto de Corme. Era una tarea más en toda una vía conduciendo

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Carballo / la voz

Hace medio siglo, Serafín ya era un veterano conductor, y eso que andaba por los veinte años. Natural de Corme, nació en una familia de transportistas (Cotelo) y se inició muy temprano en el volante. Camiones y autocares, sobre todo, y también tuvieron un taxi una vez. En la imagen superior, uno de sus camiones arrastra un cetáceo, pero por lo que habitualmente tiraba era por las lanchas que venían de pescar. Después subían la mercancía y la llevaban a vender a A Coruña. Una labor extenuante, «pero era o que había». Recuerda: «Teño feito cinco viaxes de sardiña na mesma noite á Coruña. E non unha vez nin dúas: moitas». Cinco de ida y vuelta, de carga y descarga. Y no había autopista, ni las carreteras eran las de ahora, ni mucho menos los vehículos de ahora. Toda la noche en la carretera. «E chegaba a Corme xa con todo rematado xa pola mañá e encanar algunha vez con outras viaxes no autocar, por exemplo ao San Xoán ou ás Festas do Mar». ¿Y eso cómo se aguantaba? «Pois había que aguantar», responde. Dormía a ratos, lo que podía.

Para los desplazamientos a A Coruña tenía tres camiones, «e vendíase todo». A veces llevaba carga para la fábrica de harina de Suevos, en Arteixo, hoy abandonada. Había mucho trabajo, se hacía dinero, «pero agora de todo aquilo xa non queda nada», lamenta.

Tres veces a Suiza por semana

Su trabajo también lo llevó a Suiza, en aquellos años en que los emigrantes de la zona (los de primera generación y los temporeros) se contaban por miles. Había momentos del año en los que tuvo que hacer tres viajes de ida y vuelta en la misma semana, sobre todo cuando regresaban por el parón invernal. Incluso hoy cuesta imaginar algo así, a pesar de que hay taxistas veteranos con experiencias similares. Tenía un hermano en Berna y lo avisaba de cuando había viajes. Recuerda una vez que lo llamó. Acababa de regresar de un entierro en Cabana, por la mañana, y tuvo que salir hacia Suiza porque al día siguiente tenían viaje hacia Galicia, con salida por la tarde. Y cumplió.

Sus crónicas viajeras hacen temblar las normas de tráfico actuales, las limitaciones de tiempo al volante, los períodos obligatorios de descanso, pero entonces todo esto era lo normal. «cambiou moito todo, agora xa non se deixa facer nada do que faciamos nós. E nós aguantabamos moito», señala. Su vida laboral es un cúmulo de anécdotas. Muchos aún recordarán a los viajeros subidos en la parte alta del autobús. También él, porque los hizo, acompañando a su padre, por ejemplo cuando iban con las excursiones a San Andrés de Teixido, con el techo abarrotado, y Serafín al volante aún sin carné, tendría 18 años. Aparcaban delante de una taberna. Si dejaba la radio encendida para que la escuchase la clientela, al padre le daban habitación.

Lo mejor de todo es que nunca tuvo accidentes, salvo una vez que un coche fue contra él en A Laracha. Pero, salvo ese incidente, todo fue trabajar sin problemas.

El arrastre. El animal de la foto se le cita como una pequeña ballena, pero más bien sería un cachalote o algún otro cetáceo. Fue arrastrado en el puerto de Corme por el camión que manejaba Serafín Lema, por eso no sale en la foto. No recuerda el año, pero está seguro de que fue hace unos 50. Serafín, transportista, conductor, era el encargado de sacar a tierra con sus vehículos las cargas de pescado y las lanchas, porque entonces no había carro varadero en el muelle (era su camión). No solo hacer de remolque: también transportar toda la mercancía hasta A Coruña, que era el destino diario de las capturas, en aquella época muy abundantes. Nada que ver con la actualidad, cuando también ha bajado la flota pesquera.

Serafín Lema Mayán. Es de Corme Porto. De la Praza do Pan y la Calle Real. Tiene 70 años, que serán 71 el 16 de julio, el día de la patrona de los marineros. Es empresario, su compañía es Transportes Cotelo (actualmente tiene 7 autocares), de la que ya se encargan sus dos hijos, puesto que el padre está de retirada hacia la jubilación, aunque uno nunca deja de ser «conductor de toda a vida», que es como se define, por su profesión y por la que ya tenía de su padre. Empezó muy joven al volante, en una época en la que los carnés y las normas no eran tan estrictas como hoy. Nunca se ha parado a contar los kilómetros recorridos, pero salen millones. Camiones, autobuses sobre todo, y hasta un taxi pasaron por sus manos y sus pies.

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