Los 64 de Quimper regresan a casa

Celestina Bértoa Tuset tiene 55 años y reside en O Batalo, en la parroquia larachesa de Montemaior. Con paciencia, pero con decisión, logró reunir a emigrantes de Carballo y A Laracha que viven desde hace decenios en el denominado Fisterra francés a una comida que se celebrará el 30 de este mes en un local hostelero de Berdillo


carballo / la voz

La Costa da Morte es tierra de emigrantes. Muchos de ellos marcharon para no regresar jamás. Las primeras oleadas tuvieron como destino principal Sudamérica. Las segundas, en los años 60 y 70, la Europa rica y próspera. Algunos de estos emigrantes probaron fortuna en Quimper, en la región de la Bretaña francesa, denominada el Fisterra galo. De hecho el departamento se llama Finistère. La llegada de algunos de estos emigrantes a tierras bretonas se debió a un vasco, Alfredo Bidegain, que residía por aquel entonces en Quimper. Viajó mucho por tierras bergantiñanas buscando mano de obra, sobre todo, para el sector de la construcción e industria auxiliar. Hasta esta localidad francesa viajaron vecinos de Golmar, Soandres, Montemaior, Carballo, Lañas, Arteixo, Sofán, Berdillo...

Tres de estos emigrantes son Ramón Bértoa Suárez, de 79 años; su esposa, Obdulia Tuset Rodríguez; y su hija, Celestina Bértoa Tuset. Los tres, junto con el marido de Celestina, Manuel Cambón, residen en O Batalo, en la parroquia de Montemaior.

Y fue precisamente Celestina la que coordinó una especie de acercamiento entre Quimper y A Laracha-Carballo. «Os meus pais e mais eu marchamos para Francia no ano 1969. Eu tiña daquela sete anos. Como moitos dos que emigraron de aquí, ao meu pai ofrecéronlle traballo na construción, e a miña nai, no téxtil», relató Celestina, quien vivió en Quimper hasta los 20 años cuando su vida dio un giro radical: «Viñen á Laracha a pasalas festas do verán e coñecín ao que hoxe é o meu marido e xa quedei. Casei e vivo dende aquela no Batalo». Sus padres regresaron a A Laracha en el año 1989.

Atrás quedaron años de experiencias por Francia, amistades con vecinos que ya lo habían sido anteriormente en A Laracha o Carballo. «Moitos dos que viven en Quimper eran amigos e veciños en Sofán ou Golmar, incluso familiares. E case todos, por no dicir todos, emigramos grazas a Alfredo Bidegain», del que se perdió su paradero: «Chamábanlle o vasco e viña polas casas buscando man de obra, con contrato e todo. Encargábase de axudarnos cando chegabamos a Quimper: buscábanos aloxamento, e colaboraba en todo aquilo que precisabamos. Lembro que era unha boa persoa e os meus pais sempre falaron ben del».

En el caso de Celestina la distancia no fue el olvido. Al revés. Siempre tuvo curiosidad por saber qué fue de aquellas personas con las que pasó 13 años de su vida: «Estaba tomando un café coa miña tía, Jesusa Campos e unha amiga, Ana María Morales. Empezamos a falar de Francia, de Quimper e preguntámonos que fóra de aquel veciño, ou daquel outro. Non sabiamos que era daquela xente». Y entonces a Celestina Bértoa se le vino una idea a la cabeza: organizar un encuentro con todos aquellos vecinos, amigos y familiares que habían dejado su vida en España para buscarse las habichuelas en Francia. Las llamadas telefónicas, las búsquedas en directorios de calles y las redes sociales hicieron el resto. Estas labores de búsqueda comenzaron hace un mes y medio y obtuvieron su resultado: un total de 64 personas, nacidos en los municipios de Carballo y A Laracha, y residentes en Quimper, han confirmado su asistencia a una comida, que se celebrará el 30 de este mes en el San Lorenzo de Berdillo. El objetivo no es solo meramente gastronómico, que también: «É saber desta xente, saber que tal lle vai, recuperar a amizade, saber que, aínda que xa no viven aquí, son de aquí e que non se lles esquece».

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