El empleo industrial en la zona lleva un cuarto de siglo de caída en picado

Se han destruido cientos de puestos de trabajo sin alternativas que los compensen

j. lado.
carballo, cee / la voz

La tendencia empezó ya mucho antes, primero con el declive de los salazones o de la actividad carbonera en Corcubión y luego con el cierre de la ballenera de Caneliñas. Sin embargo, ha sido en este último cuarto de siglo cuando las reconversiones, distintas decisiones empresariales y el ritmo propio de los mercados no han dejado de asestarle puñaladas al empleo industrial de la Costa da Morte, sin que los sectores emergentes tengan capacidad para restituir estos puestos en cantidad y calidad. Salvo casos contados como el Grupo Calvo o Industrias Cerdeimar, Sogama las firmas capaces de emplear a cientos de personas juntas en la comarca brillan por su ausencia.

Aunque hoy cueste siquiera imaginarlo, Camelle llegó a ser un punto de referencia en cuanto a desguace de barcos, al igual que la ribera de Cabana en lo relativo a su construcción y los astilleros Sicar funcionaron hasta el 2008. Incluso la naviera del grupo mantuvo su sede en Cee hasta el 2010. Cuando Villar Mir compró Carburos Metálicos en el 92 las factorías empleaban a 404 trabajadores -habían sido bastantes más- y ahora, directos, son 284, dentro de un grupo que debe 350 millones de euros y con perspectivas de despidos si no hay plan industrial.

Celsa Atlantic llegó a tener en plantilla más de 250 empleados. Pero la crisis económica hizo mella en la cuenta de resultados. Los números rojos superaron, según la compañía, los 50 millones de euros (a 30 de septiembre del 2012) y se produjo una pérdida de competitividad en mercados estratégicos como Chile, debido a la depreciación del dólar y al exceso de producción en relación a los precios de venta en Argelia, principal referente de la compañía. Hasta cuatro ERE temporales en otros tantos años, con amenaza de cierre incluida. Al final, la planta de Lendo, A Laracha, tiene en nómina unos 150 puestos de trabajo tras la última reestructuración llevada a cabo (de forma pactada con los sindicatos) a mediados el 2014.

Mientras la espada de Damocles pende de nuevo sobre la central térmica de Meirama. La cúpula de Gas Natural Fenosa continúa sin confirmar si acometerá un plan de trabajo, valorado en unos 120 millones de euros, para modernizar las instalaciones y adecuar el nivel de emisiones de gases a la atmósfera a lo que exige la Unión Europea. De no ser así, la vida útil de la central tendría fecha de caducidad: el 2023.

El presidente del comité de empresa, Manuel Veiga (UGT), se mostró cauto ayer ante estas dudas planteadas desde la dirección. Aseguró que la planta cercedense «é viable» por los bajos costes de producción de energía en comparación con aquellas factorías que emplean carbón nacional y pidió prudencia porque «a empresa ten ata mediados de 2018 para decidir que vai facer». Manuel Veiga aportó algo de luz sobre esta cuestión al decir que Fenosa acaba de invertir «uns cinco millóns de euros» en acometer un arreglo integral en la central de Meirama. Estas actuaciones arrancaron el 1 de abril y concluirán antes del 11 de mayo. «Contrataron unhas corenta empresas, que suman máis de 300 operarios. Se a compañía decidira non acometer este investimento nas plantas de desnitrificación e desulfuración non tería lóxica que levara a cabo esta parada técnica para arranxar as turbinas e facer un mantemento integral da planta. Debemos ser prudentes á hora de facer valoracións». De hecho, en Meirama se pasó de 97 a 102 empleos fijos en las últimas semanas, a los que hay que añadir otros 40 procedentes de empresas auxiliares. Eso sí, muy lejos de los más de 400 que llegó a tener en los años 90.

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