El sector de la madera respira, pero con precios similares a hace 20 años

Ence, los embalajes, la leña y la coyuntura internacional tiran de la demanda


cee / la voz

La caída de la construcción, después de los años locos del 2006 y el 2007 sobre todo, arrastró consigo al sector de la madera, del que viven directamente, carpinterías aparte, más de medio centenar de empresas de la Costa da Morte. Tras esa época negra, que produjo incluso cierres de algunos aserraderos, que murieron con la jubilación de sus dueños, los últimos dos años han sido de innegable recuperación, aunque del verano hacia aquí ya se vuelve a percibir una ralentización de la demanda que nadie sabe decir a ciencia cierta en qué se traducirá. Eso sí, las compañías están trabajando con precios de hace 20 años lo que se traduce en caída del valor de las plantaciones y, a la larga, en abandono del monte.

El eucalipto de Ence, los embalajes, los procesados de carpintería, como los suelos laminados o las molduras, y también en los últimos tiempos la leña, son los pilares fundamentales de un sector muy minifundista, al estilo de lo que ocurre con el propio monte y que depende directamente de la coyuntura internacional.

Lo explica en detalle Pedro Ramos, que tiene su aserradero en Cabovilaño (A Laracha). «Houbo moitos factores que nos axudaron. Chile, que é un dos maiores produtores mundiais sufriu un terremoto e ademais na zona de Bio Bio que é onde están os serradoiro. Brasil tivo uns xogos olímpicos e supoño que a consumirían eles como pasou aquí. Abaratouse o euro e o petróleo, co cal medran as exportacións e fan falta embalaxes. Moitos serradoiros tiveron que cerrar, co cal acumulouse madeira no monte e abaratouse a materia prima, o cal eu penso que á larga é malo, porque estamos traballando con prezos dos 90. Á xente non lle sae rendible plantar, o monte non se coida e a madeira é de moito peor calidade», resume Ramos.

A su juicio el sector perdió una oportunidad muy grande con los fondos europeos, porque no los supieron aprovechar para agruparse y crecer, «como fixeron os do automóbil ou os do leite». Pone el ejemplo de que los aserraderos en Finlandia son 10 o 20 veces más grandes que los de aquí, cuando allí un pino tarda 75 años en crecer y aquí en 35 o menos ya es comercializable.

Junto a estos factores ligados a los bajos precios y a la falta de aprovechamiento de los recursos, los profesionales se topan también con que el mercado ha cambiado, los almacenes en realidad son tiendas que no acumulan mercancía sino que trabajan prácticamente bajo pedido, con lo que eso implica en cuanto a logística para las pequeñas empresas que están en el primer eslabón de la cadena.

En cualquier caso, «estase traballando», que no es poco, como dice Víctor Muíño, de Baíñas, que tiene con su hermano 15 empleados directos, una cuadrilla de un autónomo con otros cuatro obreros y otros tres empleados en desbroce y plantaciones. Sacan unas 350 toneladas diarias, la mayoría eucalipto para Ence y el resto pino para los aserraderos de la zona y leña. Cuentan con tres grandes procesadores que, como recalca, ahorran una gran cantidad de mano de obra. «Se unha cuadrilla de tres homes, que é o habitual, saca unhas 40 toneladas ao día, á maquina fai 80, 100 ou incluso 110 dependendo da madeira, do sitio,...», detalla. De ahí que, aunque con cautela, porque todo ese movimiento implica una gran logística, se muestre optimista para seguir creciendo.

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