La noche se queda sin sus reinas

Gran parte de las discotecas que triunfaban hace treinta años han cerrado

Aspecto actual de la discoteca A Revolta, un símbolo de la movida carballesa hoy abandonado.
Aspecto actual de la discoteca A Revolta, un símbolo de la movida carballesa hoy abandonado.

A Revolta, Mikro, Chaquetón, Bellavista, Dudas, As Airas, A Xunqueira, A Vieira, Teyma o Pazos serán solo nombres para unos. A otros, sin embargo, les traerá a la mente recuerdos imborrables de su juventud: de cuando los vaqueros empezaban a estar de moda; del licor 43 con Coca Cola; de cuando las mujeres pagaban menos por entrar a las salas de fiesta,; de Modern Talking, Sabrina, Hombres G, Europe o Siniestro Total.

Las salas de fiesta y las discotecas fueron grandes reinas de la movida de los 80; y Baio, Carballo y A Laracha, los epicentros de la movida nocturna. En la actualidad, la gran mayoría de los locales que hace treinta años se llenaban hasta los topes de viernes a domingo se han quedado en estado de abandono o, con suerte, han cambiado de nombre y se han reconvertido en pubs u otro tipo de establecimientos.

En Carballo pervive la mítica Macías, aunque ha pasado por muchas manos y nombres diferentes. Hoy se conoce como Al lío, aunque no hace mucho era la Princesa. As Airas, en Bértoa, es hoy una tienda de muebles; la Chaquetón, un garaje, y A Revolta, un foco de vandalismo y abandono. La movida nocturna que antaño se vivió en Carballo sobrevive tímidamente con pequeños pubs, bares y cervecerías que nada tienen que ver con el fenómeno de masas vivido hace ahora treinta años.

En Baio se congregaban miles de personas cada domingo. «A cantidade de xente que había era algo sen precedente, nin nos mellores tempos das festas patronais sucedeu iso, viña xente mesmo de A Coruña e Santiago», afirmaba el físico baiés Jorge Mira, que vivió de cerca la movida nocturna de esta localidad. La sala Bellavista, la Dudas y la Noa Noa se llenaban por igual a finales de los 80 con públicos de todo tipo. «Íamos a iso das nove e media da tarde aos bares de moda -O Acuario ou O Cruce- e ás once, ás salas de fiesta; saíamos moito máis cedo que agora», señalaba una vecina de la localidad.

En Ponteceso perviven aún la Teyma y la discoteca A Vieira. Y en Cee, aunque renombrada, A Xunqueira (ahora Slava). La mítica Pazos de A Laracha sobrevive tras casi cincuenta años de historia, pero a base de reinventarse y saber adaptarse a las necesidades de cada momento. «Hai que ter claro a que tipo de público te dirixes e, se fai falla, reinventarse e buscar outra xente», señala su dueño, Manuel Pazos.

Muchos jóvenes de la comarca eran también asiduos de Santa Comba, donde Xallas y Galaxia marcaban el ritmo de las noches. Otras localidades albergaban discotecas más pequeñas y con afluencia menor: en Malpica, la Costamar; en Laxe, la Beiramar; en A Ponte do Porto, la Solana -también de Manuel Mira, dueño de la sala Bellavista de Baio.

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