Falta de relevo y envejecimiento ponen contra las cuerdas el movimiento coral
CARBALLO
Presente y futuro de la polifonía | Agrupaciones de la comarca abordan causas o el necesario compromiso
13 sep 2026 . Actualizado a las 22:05 h.«Non hai relevo ningún. É unha pena. Acabarán xuntándose varias ou morrendo». Ramón Saleta, director de la coral Brisas do Mar de Corme, de inicios de los 90, y de la Coral de Malpica, de 1976, resume con estas palabras una radiografía que trazan todas las formaciones polifónicas consultadas: su envejecimiento fruto de la dificultad de forjar nuevas incorporaciones, ya no se diga jóvenes. Es una situación que agravó el covid, cuando se quedaron sin actividad formaciones como la Atalaia (Laxe) o la Xan Mella (Baio), entre otras. Ahí se aceleró una fragilidad previa, aunque, como en todo, hay excepciones. Tras aquel bum en torno a los 2000, hoy en la comarca son alrededor de una veintena las formaciones polifónicas, y se mueven en una media de veinte-treinta coralistas. Cambios en los hábitos culturales y sociales, competencia de otras formas de ocio que puedan resultar más atractivas para los jóvenes, carencia de iniciativas para forjar cantera, desconocimiento de la versatilidad de una coral —va más allá de lo religioso—, necesidad de mayor apoyo económico o, directamente, una falta de interés y compromiso colectivo que ya es verdadera crisis ciudadana, son algunas de las cuestiones hacia las que se apuntan para explicar una realidad compleja.
«Nin pegando carteles» ve fácil Ramón Domínguez, director de la longeva coral Virxe das Areas de Fisterra, la posibilidad de hallar relevo. Tiene integrantes de «80 e pico». «Hay una edad, entre los 30 y los 50, que no tienes a nadie en una coral. Es difícil comprometerlos con una actividad y creo que es más bien una cuestión educacional», asevera Teresa López, directora de Santa Cecilia de Coristanco (2002), coral en la que tres jóvenes de entre 25 y 28 años bajan la media. También dirige Vento Mareiro de Camelle y Arou, creada en el 2023. «Probar, por lo menos probar», recomienda ella, que alude a la socialización que traen las corales e incluso a los viajes. «Pico y pala», dice, ha podido mantener estas formaciones tras una pandemia «que nos hizo muchísimo daño».
Tanto Ramón Saleta como Teresa Facal, asimismo histórica directora, pulsan otra tecla: el compromiso que trae consigo una coral. «Require disciplina, constancia e sacrificio, non é chegar e encher. Sen ensaios non se aprende», dice Saleta. Y no es solo cosa de jóvenes: «As persoas cando se xubilan tamén queren gozar do retiro». «Isto non é coma un ximnasio, que saes del e esquéceste ou se un día estás cansado non vas. Aquí levas traballo para a casa, e non todo o mundo está disposto a asumir esa responsabilidade», sopesa Facal. O no siempre se puede cumplir aunque se quiera, apunta Miguel Blanco, director de Airiños de Quenxe de Corcubión (1991). Los mayores, porque en ciertas épocas se enferman y ausentan más, o tienen otro quehacer, y los que están en edad laboral, porque su trabajo se lo impide.
«Inflúen as axudas, para viaxes e intercambios son moi necesarias»
La importancia de contar con ayudas institucionales es otro asunto que reseñan desde varias corales, un acicate para «viaxes e intercambios» que contribuyen a hacer más estimulante el formar parte de una coral. Sufragar el transporte del propio bolsillo tiene un límite y no siempre se puede asumir. Así lo señala por ejemplo Teresa Facal, directora hasta hace unos días de Aires de Bergantiños sucediendo a Julia Cabanelas; de la coral de Cesullas (Cabana) desde hace unos 23 o 24 años; de A Oliveira de Monte Branco (O Couto, Ponteceso) desde hace «uns cinco menos», y también de Son de Cabana. En esta última cuenta con poder seguir, pero en diciembre dejará Cesullas y A Oliveira. Explica que cuestiones personales la llevan a esta decisión.
Sobre la «decadencia» y falta de relevo generacional en las corales, en el caso de A Oliveira y Cesullas reseña específicamente su ámbito rural: «A xente marcha para as cidades e, onde non hai, non poden ir». Con respecto a los jóvenes, cree que hoy siguen más otras novedades y ahora que toda oferta está al alcance de un clic y los desplazamientos son más rápidos, «non nos centramos tanto no ámbito local». Alude a «épocas» y vuelve a la cuestión de las ayudas para explicar por qué hace cosas de dos decenios hubo un «renacemento» de estas agrupaciones, estimuladas por esas aportaciones que se han ido recortando y por un pensamiento que se da mucho: «Se no concello do lado había unha coral, no noso ten que haber tamén», ríe.
Hasta el Vaticano o La Almudena y más
«Estivemos no Vaticano, na Almudena, no Rocío, na Macarena, na catedral de León, na de Pamplona, en Oviedo...». Isidro Caamaño, director de la coral Costa da Morte (Cee), evoca algunas de las expediciones de esta formación nacida en el 2008 y con varios discos. Es prueba de cuán lejos puede llegar una formación de este tipo: «A Costa da Morte é unha coral que esixe», dice quien también dirigió en la comarca la Atalaia de Laxe, el Orfeón ceense o la coral de A Ameixenda, extintas. «Con 20-30-40-50 anos aguantas de todo, pero logo xa non. Fisicamente agora tampouco podería dirixir máis [que la de Cee]», traslada. La integran unas 30 personas y asegura que, en este caso, el futuro es bueno, no solo por la seriedad y responsabilidad de sus integrantes, sino porque van teniendo incorporaciones: «En todo caso, é que non queremos cantidade senón calidade». Ofrecer un buen proyecto, «e a Costa da Morte ten un currículo extraordinario», es para él la clave. Ensayos y salidas, y la propia música, son «terapia». Con todo, Isidro, que ya tiene 74 años, dice que quiere ir dando pasos para su relevo en dirección. Piensa, dice, en el joven Tomás Lagoa.
Gloria de los Ángeles Pardines: «Fai falta máis cultura musical»
En Carballo, la otra gran formación de referencia en materia de corales es la Polifónica de Bergantiños, fundada en 1969 y dirigida desde 1992 por la malpicá Gloria de los Ángeles Pardines. Una histórica, pues. La formación renovó presidencia recientemente, ahora con el larachés Gerardo Cambón Varela al frente. Gloria, como ya ha contado en diversas ocasiones, halló en la coral un mundo que la atropó y así es que sigue al frente de esas voces: «34 anos van», precisaba este jueves, atareada antes del concierto de la tarde acompañando la novena de la Barca de Muxía. Son días de movimiento para todos ellos. Pardines no se plantea su relevo por el momento, pero sí coincide en que la renovación de coralistas está complicada: «A xente nova non quere saber disto». También echa en falta mayor cultura musical, y coral, incluso en localidades que si tienen otra muy adquirida, como es el caso de la teatral en Carballo. En cualquier caso, siguen avanzando, y con el buen sabor de boca de citas tan especiales como la de este pasado miércoles en el Teatro Colón coruñés: «Saiunos moi ben».
Las mujeres, mayoría como en otras muchas causas
No escapa a casi nadie la realidad de que las mujeres asumen en buena parte de los casos el liderazgo de causas sociales y educativas. Suyo es un compromiso que también queda patente en las corales, donde en gran medida son mayoría. «Las mujeres se mueven mucho más», corrobora Teresa López, y eso que en Santa Cecilia de Coristanco «tengo mucha suerte», 15 hombres. En Vento Mareiro, cuatro frente a 22 mujeres. En municipios como Ponteceso llegó a haber al menos siete corales, con directores de referencia como Jesús Couto. Algunas ya se han apagado y en otros casos hay coralistas que se han ido sumando a otros proyectos, como pasó con Lusco e Fusco u O Son do Val en Vimianzo.
El movimiento coral en Galicia remonta origen a finales del XIX.