Recuerdo que al poco tiempo de inaugurarse la autopista AG-55, alguien tuvo el acierto de denominarla curvo-vía, nada que ver con la magnífica-extraordinaria, pero inacabada (que no será por falta de tiempo), mi querida autovía da Costa da Morte.
Hace unos años publiqué en La Voz de Galicia los puntos kilométricos en los que se acumulaba el agua en caso de lluvia fuerte, en comparación con otros puntos kilométricos en los que no sucedía lo mismo.
Esto es consecuencia de la utilización en las obras de mantenimiento de un asfalto de baja o nula calidad drenante, cuestión que no sucedía cuando en la AG-55 se encargaba del mantenimiento la Xunta de Galicia, porque utilizaba materiales de alta calidad drenante.
Este problema actual se puede comprobar en un magnífico reportaje fotográfico realizado por La Voz de Galicia hace unos días sobre este asunto. Hace unos años le transmití esta preocupación a un alto cargo de la Xunta, y me reconocía que cuando llovía, la AG-55 era muy peligrosa por la acumulación de agua en distintas zonas del trazado, lo conocía en primera persona porque llevaba a sus hijos a una piscina municipal de un concello da Costa da Morte. Considero que la seguridad en la AG-55 no debe solo basarse en colocar radares de tramo para limitar la velocidad o la señalización a menos de 120 kilómetros en tramos del recorrido, sino en el perfecto mantenimiento del trazado, limpieza, asfaltado (de las mismas características técnicas con las que nació la AG-55 señaladas antes) y pintado. En este sentido, en el peaje de la salida para Carballo, en el tramo que va desde la rotonda de la segunda fase del polígono hasta la rotonda de la escultura O Escalo, la pintura brilla por su ausencia, y otro tanto los reflectantes de los quitamiedos.
Reconociendo el esfuerzo financiero que realiza la Xunta en bonificar parte del peaje a los usuarios, este esfuerzo no se puede utilizar como una manta, para tapar la responsabilidad in vigilando que tiene la Administración autonómica por no exigirle a la empresa concesionaria de la AG-55, que deje, presuntamente, de jugar con la seguridad de todos los usuarios de la AG-55 incluido algún conselleiro o conselleira.
Seria interesante conocer la opinión de los alcaldes de la Costa da Morte sobre el asunto, porque supongo que son conocedores de esta lamentable situación de una infraestructura vital para vertebrar esta área estratégica.