El sector funerario sigue creciendo e incorporará un nuevo tanatorio en enero, en Cerceda

M. L. CARBALLO / LA VOZ

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ANA GARCIA

Especial de Difuntos | Las principales empresas facturan varios millones de euros al año y generan en torno a 80 empleos. «Este é un sector pouco coñecido e valorado», señala un trabajador del sector

01 nov 2025 . Actualizado a las 05:00 h.

A unos meses de celebrar su cuarenta aniversario, el grupo San Antonio se prepara para abrir un nuevo tanatorio en Cerceda, que se sumará a las instalaciones que ya tiene operativas en A Coruña, Paiosaco, A Laracha (con crematorio), Carballo, Montecelo, Agualada, Laxe, Ponteceso, Cee, Fisterra y Esteiro. El nuevo recinto, cuya puesta en marcha está prevista para el próximo mes de enero, tendrá más de 500 metros cuadrados, un amplio aparcamiento, dos salas de velación, zona de cafetería automática, oficina y un pequeño espacio destinado a capilla.

San Antonio y el Grupo Bergantiños —que gestiona una docena de tanatorios, el primero de ellos construido en el 1990— son los dos principales exponentes de un sector que mueve en la Costa da Morte varios millones de euros al año y que genera alrededor de ochenta puestos de trabajo: en su mayoría, funerarios, pero también empleados de administración y seguros, floristas, personal de mantenimiento o conductores.

Un mundo, reconoce Ana Ansede desde San Vicente, «maioritariamente de homes», aunque sean cada vez más las mujeres que se van abriendo camino. Cuando su negocio comenzó a dar sus primeros pasos, hará en diciembre treinta años, ella era «das poucas» en el sector. Hoy día, tienen sede tanto en Vimianzo como en A Ponte do Porto.

Al 1980 se remonta, por su parte, la actividad del grupo Santa Marta, ahora gestionado por los hijos de Ramón Bello y desde 2023 aliado con los tanatorios Virxe Milagrosa. Conjuntamente, tienen instalaciones en Carballo, Coristanco, Agualada, A Silva y Sofán, además de Muros.

Y aunque el edificio actual se inauguró en el año 1982, para llegar a los inicios del negocio familiar de Pompas Fúnebres Costa (con instalaciones en Baio y Vimianzo) hay que retroceder unas cuantas décadas en el tiempo: en el 1912 lo fundó José Rodríguez Costa, y en el 1957 se constituyó la funeraria propiamente dicha.

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Xosé María Arán, trabajador del grupo San Antonio: «Este é un sector pouco coñecido e valorado»

Hace ya tres años que Xosé María Arán Rodríguez (A Laracha-Carballo, 1964) se pasó al mundo funerario tras dedicar la mayor parte de su vida laboral al sector de las conservas. «Foi algo que me sempre me chamou moito a atención, pero sobre todo a raíz da pandemia. Creo que o sector fúnebre é pouco coñecido e valorado, e que foi o gran esquecido durante o covid, polas condicións ás que estaban expostos, por convivir directamente coas familias e pola carga que había entón», sostiene Arán, que actualmente está vinculado al grupo San Antonio.

Considera que la empatía es uno de los rasgos que en mayor medida han de caracterizar su trabajo diario. «O noso lema é que a familia da persoa falecida non se teña que preocupar de nada, que xestionemos nós todo dende o momento no que se produce a defunción, ata que rematan os últimos trámites administrativos e de papeleo», explica este carballés nacido en A Laracha. El acompañamiento es fundamental, recalca, y el servicio ofrecido ha de «adaptarse» a las necesidades y peticiones de cada usuario.

Ello implica que cada servicio sea distinto y que el equipo tenga que funcionar con la precisión de un reloj suizo para que no se produzcan errores en esa cadena: «Un simple fallo bota todo abaixo, pois enterro só fas un e non se pode repetir. Hai que ter moitas cousas en conta, e en momentos tan delicados, se un de nós non aparece vestido de forma apropiada ou comete un erro, por exemplo, as familias poden quedarse con iso. A calidade é para nós algo fundamental», refiere Arán. Habrá trabajos en los que uno se pueda permitir tener un mal día, en este, no.

El carballés también considera que el funerario se caracteriza por su dedicación y por su capacidad para no insensibilizarse por muchos decesos que gestione. Es algo, dice, a lo que uno no termina de acostumbrarse: «Teño estado en enterros nos que me caían as bágoas coa familia [...] E despois está o apartado do servizo xudicial, que nós tamén levamos. Ver un defunto sempre impón, pero estas recollidas aínda máis. Iso tamén llo hai que valorar aos traballadores deste sector», reflexiona Arán por último.