Los Caamaño de Romelle y los López de Fornelos

Ramón Romar López

CARBALLO

Pazo de Romelle, en Zas
Pazo de Romelle, en Zas Clara López

La historia de dos familias ligadas por un vínculo

17 jun 2023 . Actualizado a las 05:00 h.

Año 1777. Fragmento de la partida de defunción de Juan López, fundador del Vínculo do Bao de Fornelos: «[…]durante el Matrimonio con dicha Cecilia han fundado sobre todos sus vienes havidos, y por haber los qe. dejaron vinculados, en atención a qe. no tenian hijos, de Cuia escritura dio fee Pedro Varela do Mato ssno. vecino dela feligra. de Santiago de Carreira en seis de Abril de el año de mil sete cientos, cinquenta y ocho». Termina diciendo: «[…] dejo por heredero y cumplidor a Juan Lopez, su sobrino».

Después de muchos años investigando sobre este vínculo, conseguí saber la fecha de su fundación y de su abolición, pero no conseguí saber de dónde salieron los bienes que lo formaron.

Juan, su fundador, era analfabeto, colono de los Caamaño en Baio Pequeno y casado con Cecilia Pérez. Más tarde dejaron Baio para ir a vivir a Fornelos, donde fue nombrado cabezalero de los seis foros que tenían los Caamaño en la parroquia de Baio. No se sabe cuándo segregaron la casa donde vivía del foro que trabajaba, pero se sabe que ellos eran dueños de esta casa y del agro. ¿Se haría para ser dueño de una casa y así poder fundar un vínculo? Quizá por ser Juan un buen cabezalero, crearon los Caamaño a su alrededor un vasallaje, prestándole apoyo económico y protección familiar durante cinco generaciones.

No era un vínculo muy grande, pero sí tenía muchas propiedades. En el año 1844, cuando José Miguel López de Parga, mi bisabuelo, necesitaba más dinero para seguir jugando a las cartas después de haber perdido casi todo, mandó hacer un inventario y todavía tenía 33 parcelas que trabajaban con los criados, unas 80 más de las que cobraba rentas, 4 casas y otras propiedades. Acabó fundiendo todo, menos la casa donde vivía y parte del agro.

Ante este desastre, los Caamaño hicieron todo lo posible para que el vínculo no cayera. En el año 1852, cuando Juana Caamaño y Gayoso heredó, su esposo, Jorge Gayoso, se puso al frente de la herencia y descubrió que José Miguel les debía buena parte de la renta de cuatro años. Después de mucha correspondencia con el administrador de Romelle, el cura de Baio y una carta personal pidiéndole ayuda, no solo no hubo recargos por el retraso, sino que le concedieron un descuento del 15% sobre la deuda y 5 años para pagarla. Además, le confirmaron en el cargo de cabezalero y, firmaron una escritura por la que se comprometía a pagar la renta del foro que trabajaba y la del que llevaba como cabezalero: 105 ferrados de trigo, carnero y medio, 4 gallinas, 6 cuartillos de miel, 59 reales y 14 maravedíes.

En 1856, la deuda había aumentado y alcanzada un total de 1.475 reales, 9 maravedíes y un cuarto.

En 1858 no sabemos cómo estaba la deuda, es imposible que la hubiera pagado, pero aun y así, renuevan la escritura ante el notario Antonio Montero López, vecino de Santiago de Carreira.

José Miguel falleció en 1887. Poco después su hijo primogénito, José María López de los Reyes, «heredero» del vínculo, regresó de Montevideo a donde había emigrado huyendo del rumbo que llevaba su padre, y se encontró con que este solo había dejado deudas y la obligación de pagar la contribución de las fincas que había jugado. No sé qué pasó con las deudas de los Caamaño, pero en 1890 José María era el nuevo cabezalero. Para no pagar la contribución tuvo que acreditar que era pobre, cosa que le concedió el juzgado de Corcubión en 1892, y aunque el abogado del Estado apeló el fallo a la Audiencia de A Coruña, esta lo confirmó en 1893. Hasta esta fecha, oficialmente, seguía siendo hidalgo y elector, el único de la parroquia con estos privilegios. El derecho de elector procedía de cuando solo un 7-9 % de la población tenía derecho de voto, y esto podía ser uno de los motivos por los que los Caamaño le tenían por vasallos, ya que un voto le podía aportar pingües beneficios. Pocos años después, los Caamaño vendieron las fincas y el pazo, poniendo así fin a esta historia real y documentada, pero increíble.