Las rugientes cataratas de la Costa da Morte: magia en torno al agua

TESOROS A PIE DE CASA | Visitar las cascadas puede ser un buen plan después de las últimas lluvias: estas son las más destacadas

O Rabiñoso, en Zas
O Rabiñoso, en Zas

Carballo / La Voz

Apenas unas jornadas antes de que viernes y sábado luciese el sol, parte de la Costa da Morte se vio inundada. Por más que la memoria sea corta, las cascadas lo delatan. Las intensas lluvias han acrecentado el espectáculo de las fervenzas en la comarca, ahora accesibles para ser visitadas desde diferentes puntos, después de que se hayan levantado los cierres perimetrales este pasado viernes en 14 de sus 16 municipios.

A Brixería (Ponteceso)
A Brixería (Ponteceso)

Tan solo un par de ellas siguen siendo prohibidas para los foráneos, las del territorio pondaliano. Ponteceso sigue con las máximas restricciones, así que de A Brixería, esa rugiente catarata, como la describió el autor del himno gallego, solo puede ser de momento admirada por sus vecinos más cercanos. En el mismo municipio queda la cascada de Lagares o Pozo da Señora, para la cual la pluma de Pondal reservó una «princesa moura encantada».

Cascada de O Ézaro, Dumbría, ayer
Cascada de O Ézaro, Dumbría, ayer

Hay muchas más caídas de agua además de la de O Ézaro, emblemática, representativa, identidad de Dumbría. Zas también le está dando mucho nombre a las que se pueden ver en la recientemente creada Ruta da Auga, de la que fue gran valedora Tania Carreira: vale la pena recorrer este camino de naturaleza para admirar todo el entorno, pero sobre todo los saltos ubicados en la parroquia de Gándara: O Rabiñoso, con ese banco y columpio que ya se han vuelto tan icónicos e instagrameables (imagen que encabeza esta información), pero también Parga y Budián, todas en afluentes del río Grande. La propia Dumbría alberga más que su cascada reina: véanse los casos de la de Xestosa (Buxantes) o alguna en San Crimenzo, sobre todo ahora en invierno. Las nuevas tecnologías y la Red permiten hallar con cierta facilidad descripciones de las rutas que llevan a estas férvedas.

Cascada de Entrecruces (Carballo)
Cascada de Entrecruces (Carballo)

Un buen ejemplo de esa divulgación lo ofrece Turismo de Carballo, que promociona las suyas, y que vienen a ser las de San Paio (Entrecruces) y la de Rus. No solo es la caída de agua en sí, sino también lo que queda de otro tiempo en el que a los ríos se le daban menos la espalda. Cualquiera de estos puntos puede ser una buena visita de fin de semana, escapando de las concentraciones que se han visto en terrazas o en playas. Por más que el roce del agua con la piedra se oiga a veces a metros, el de las cascadas no deja de ser un espectáculo casi de silencio.

Férveda de Rus (Carballo)
Férveda de Rus (Carballo)

Hay un aura de misterio en muchas de ellas. El Pozo da Forca, en Riobó (Cabana) es un ejemplo de esto. Perseguir la magia tiene algo de quimera, pero no así admirar la naturaleza, algo para lo que no hacen falta grandes dimensiones. Las Caldeiras do Castro, en Muxía, son un refugio más que recomendable. Y ya para expertos en materia, quizás, la pequeñísima caída de agua al mar que hay en San Miro (Malpica).

A Brixería, por ahora, solo para los pontecesáns

La vegetación oculta en parte el espectáculo, pero A Brixería, en Ponteceso, merece mucho la pena. Ahora mismo, solo puede ser visitada por los vecinos del municipio, que sigue con cierre perimetral. Se debe cruzar el lugar de O Couto y seguir hacia el siguiente núcleo, A Brixería, precisamente. Cae monte abajo el Rego das Bouzas, impetuoso, en una pendiente bastante abrupta. Se perciben unos siete molinos, aunque llegó a haber una docena. Algunos, después de obras, lucen una bastante buena imagen.

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