«O que pasou coa neve en Madrid, sendo a capital, é unha barbaridade»

El transportista Víctor Domínguez, vecino de Calo (Vimianzo), estuvo tres días atrapado en Arganda del Rey

Víctor y Mercedes, fotografiados en el mes de mayo, con su camión, cuando reanudaban las rutas tras el parón por la pandemia
Víctor y Mercedes, fotografiados en el mes de mayo, con su camión, cuando reanudaban las rutas tras el parón por la pandemia

carballo / la voz

Desde el gran impacto que Filomena tuvo en forma de nieve en el centro de España y en otros puntos del país siguen aflorando conexiones con la Costa da Morte. En el municipio de Arganda del Rey, en la comunidad madrileña, se vio atrapado el transportista vimiancés Víctor Domínguez, vecino de Calo, aunque natural de Nantón (Cabana). Era el viernes 8 y acababa de salir de una fábrica de galletas con el rumbo puesto a Gadisa, en Betanzos, cuando, tras unos tres kilómetros de rodaje, calcula que sobre las 16.30 o 17.00 horas, los camiones fueron detenidos por Tráfico para que estacionasen en la gran explanada del festival Rock in Río. «E nada, alí esperamos. Había sobre 62 camións», cuenta Víctor pasadas unas jornadas y ya de vuelta a las carreteras. Toda una odisea de la que también va dando cuenta Mercedes Miñones, su esposa y asimismo transportista, mientras él conduce. En esta ocasión no lo había acompañado, pero desde casa vivió igualmente la angustia.

Ese viernes no tuvieron noticia alguna de las fuerzas de seguridad: solos, sin visibilidad, en una superficie «onde non había nada». «O sábado pola mañá eu chamei ao Ayuntamiento de Aranda del Rey para informar do que pasaba. A persoa que leva axuda á cidadanía díxome que enviaban a Protección Civil», dice Mercedes. «Pero alí non chegou ninguén», añade Víctor. Habían pasado ya 24 horas cuando llegó la primera ayuda, que no fue otra que la de un particular: «Un matrimonio, el fora camioneiro, agora xa retirado. Levoulles pan, auga e paté», describe Mercedes.

Víveres que les llevó a los camioneros un matrimonio
Víveres que les llevó a los camioneros un matrimonio

Víctor hasta fotografío estos víveres, que fueron a buscar a pie, dada la imposibilidad de que el coche se acercarse a los camiones. «Eran as 22.30 do sábado e pasou unha máquina quitaneves, vímola na estrada. Pensamos que se ían achegar, para ver se estabamos ben ou necesitábamos algo, pero nada», recuerda Víctor. Tuvieron que esperar al mediodía del domingo, ya con la situación algo mejorada, para poder desplazarse hasta una gasolinera y tomar un café caliente (casi 48 horas después) o reponer algo de alimento: «Ata entón, o que comeron foi do que tiñan no camión, e máis iso que lle levou ese matrimonio». No vieron ni a Protección Civil ni a Tráfico hasta el domingo por la tarde.

Paleando ellos mismos

«A Tráfico pedíronlle se lles podían acercar algo de pan e así, pero respondéronlles que non era competencia súa. O que si lles comentaron era que parecía que a cousa melloraba e que igual podían saír esa noite. Que se tiñan ferramentas, foran despexando para que os camións saísen, pero que en todo caso volverían para avisalos», relatan. Así que, después del abandono, tuvieron que ponerse todavía manos a la obra. Eran las 21.00 del domingo y ninguna fuerza de seguridad había vuelto a la explanada, así que los camiones salieron de allí como pudieron y lograron acceder a la autovía, que estaba despejada.

Después de toda esta peripecia, Víctor condujo toda la noche para cumplir con los plazos en los que tenía que entregar su carga, el lunes: «Que ocorra iso en Madrid coa neve, na capital, é unha barbaridade. Se me dis nalgunha estrada perdida, pero en Madrid...». Con el frío que hacía pasaron la mayor parte del tiempo en cabina. Nervios hubo, claro: «Uns a outros críspanse», dice Mercedes, que además añade que, como era finales de semana, y en el caso de Víctor volvía a casa, las provisiones estaban mermadas. Suelen llevar fiambre, yogures, fruta, agua... «Menos pan, que iso procuramos compralo fresco, pero alí nada. Foi o peor».

Contaban todo esto el jueves, recién salidos de Valladolid, con rumbo a Ourense y Pontevedra. Anécdotas de los recorridos nacionales e internacionales tienen muchas, como la vez que tuvieron que dejar el camión casi llegando al Valle de Arán, con un cargamento de ventanas, debido a una gran nevada. Era víspera de Año Viejo y una de sus tres hijas, que trabaja en Vielha, estaba justamente de camino a Vimianzo, para pasar con ellos las Navidades. Sonríen, pero dicen que cosa como esta de Madrid, abandonados tantas horas, nunca. Y eso que transitan zonas complicadas donde el tiempo juega malas pasadas. «En Zaragoza ou en Navarra tamén é frecuente que haxa neve, pero que nos pasase algunha vez algo así, non», valoran. Filomena impactó fuerte.

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