La hostelería teme que los atrasos y los ERTE la ahoguen en la reapertura

La opción de abrir el 30 % en el interior acarrea más gastos y no compensa, dicen los hosteleros de la Costa da Morte


carballo / la voz

Es probable que la Xunta decida aliviar las restricciones que pesan sobre la hostelería de Carballo y A Laracha, dos municipios que tienen ahora el máximo nivel de alerta. Paradójicamente, el sector teme la supuesta mejora porque le resulta más onerosa y no hará más que empeorar la situación. «Para os cafés para levar e algún en terraza pecho as 13.00 horas e aguanto con unha persoa, pero se teño que estar de 8.00 a 17.00 xa preciso dúas e co 30 % do interior non me da para pagarlle». Eso dice Belén Casal, de Stars Bar de Carballo. Como ella opinan la mayor parte de los profesionales del sector.

La posibilidad de atender en el interior, pero a menos de un tercio de la capacidad y hasta media tarde pone a los hosteleros en una difícil tesitura porque implica muchos más gastos que no se verán compensados con los ingresos.

«Teño capacidade para 100 persoas, polo que podo deixar entrar a 29 (teño que contarme eu). Con iso vou ter o local cheo unha hora e media, pero vou sacar 29 euros (un por café)», dice Gonzalo Nogareda, de La Bombonera. Pero lo peor es que la apertura llevará acompañada la eliminación de los ERTE y que no habrá trabajo para todos los empleados y lo que es peor, no habrá ingresos para poder abonar sus salarios. A eso se añade que ahora no se puede cortar el agua o la luz por impago, pero los atrasos se van acumulando y para muchos empresarios será inviable hacerles frente cuando la situación se normalice.

«Ao principio a xente entraba no bar e quitaba a máscara, pero xa non é así»

Otro tema en el que coinciden los hosteleros es que al principio de la pandemia resultaba muy complicado que la gente usara mascarilla, pero ya no es así. Así lo explica Belén Casal, quien, de hecho, cree que ahora hay bastante miedo. Aunque sus clientes pueden tomarse el café en la terraza, la mayoría optan por llevárselo. De todos modos, acepta que es muy difícil echar alguien que, por ejemplo, no quiere dejar de fumar en la terraza. «Acabas montando un escándalo», explica.

De la misma opinión es Gonzalo Nogareda, quien asegura que la gente está mucho más concienciada y que ahora lo habitual es que todo el mundo espere con la mascarilla puesta a que le sirvan.

Para algunos, una apertura aunque fuera del 30 % en el interior y solo hasta las 17.00 horas ya sería un alivio. Es el caso de la Furna Atlántica de Caión, donde ayer a mitad de las mesas de la terraza con comidas porque había salido un poco el sol. «La gente dentro estaría más cómoda», explica Alberto Cuenca. En su caso todo sería una mejora porque han conservado a todos los trabajadores.

Hay ganas de volver a disfrutar de la hostelería. Coincide Gonzalo Nogareda, que se ha encontrado con muchos clientes dispuestos a usar la terraza, pero también a llevarse la comida preparada a sus casas porque este ha sido uno de los sostenes de la hostelería durante estas semanas de alerta máxima en Carballo y A Laracha. Una vez que se salga de este nivel es muy probable que no abran todos los establecimientos, como ha ocurrido en otros municipios de la comarca de Bergantiños, más por la limitación en el interior que por el horario de cierre, que también es a las 17.00 horas.

Un millar de PCR solo en Carballo

El anuncio de la Xunta de que realizará cribados en la hostelería y el turismo para que aumente la confianza de los consumidores es otra incógnita. Los hosteleros están de acuerdo, pero se dan cuenta de que es una tarea titánica. Desde la asociación carballesa calculan que solo en el municipio hay un millar de personas que se dedican a este sector, lo que supone que la cantidad de pruebas será enorme. Además, el presidente de la entidad, Juan Pazos, recuerda que en Carballo, con unos 200 establecimientos, solo tres tuvieron que cerrar desde el estado de alarma, «e por contaxios indirectos».

La cuestión es que defienden que se produce muy poca transmisión en bares y restaurantes. Juan Pazos señala incluso que los contagios se han reducido desde que han podido abrir las terrazas. «Hai máis contaxio nas casas, nas reunións de amigos», explica. «Os hosteleiros non nos estamos contaxiando», defiende Juan Pazos, lo que sería prueba de que el problema no es precisamente la hostelería.

Además, reclaman por la importancia económica que tiene este sector, al que están vinculados muchos otros, sobre todo en el terreno de los servicios. Otra de las quejas generalizadas es la falta de control en las grandes superficies.

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