Mujeres bravas que abren camino en la Costa da Morte

Buceo, ciclismo, fútbol o caza, ellas se atreven con todo sin miedo


carballo / la voz

Las mujeres de la Costa da Morte tienen fama de «bravas». No es para menos, porque con su fortaleza, muchas han abierto camino a las nuevas generaciones.

Una de ellas, María Varela Bardanca (Carballo, 1972) se ha ganado un hueco en un mundo tradicionalmente masculino. «Cando eu empecei eramos moi poucas as que xogamos ao fútbol», indica Bardanca, que trabaja como técnica deportiva en el Concello de Malpica, y además entrena en el Viaxes Amarelle. «Este ano a competición está parada, pero sigo vinculada ao club», aclara. A pesar de que su labor es deportiva, confiesa la dificultad que supone para una mujer dedicarse al balompié. «Gustaríame ter xogado máis anos a bo nivel, pero tiven que escoller entre traballar ou seguir xogando. Non podías non traballar, porque logo aos trinta e pico anos onde ías cun currículo sen experiencia? Eu seguín vinculada ao deporte, pero hai moitas que o deixaron». En su caso, su pasión por el fútbol fue aceptada por su familia. «Houbo anos que fun as escolas municipais de Carballo a escondidas do meu pai. Miña nai si o sabía, pero a el non llo dixen porque naquela época que unha rapaza xogase ao fútbol non estaba ben visto e preocupáballe que me insultaran». Por suerte, en la actualidad las cosas han cambiado. «Penso que agora para os pais xa é normal. Hai moitos equipos femininos e iso é bo», destaca.

«Me llamaban machola»

La que también sufrió por jugar al fútbol de pequeña fue Susana Gómez Castiñeira (Cee, 1974). La deportista recuerda como la llamaban «machola». «Para mí es el peor insulto, y todavía a día de hoy no lo llevo nada bien. Yo no me sentía para nada así, simplemente era una niña a la que le gustaba el deporte y jugar al fútbol o al baloncesto. No entendía porque por eso se me calificaba de marimacho. Me dolía mucho», confiesa la ceense, afincada en Lanzarote desde hace 26 años. «Sigo haciendo mucho deporte, pero sí que es cierto, que aunque ha cambiado todo mucho, para bien, me gustaría a lo mejor jugar una pachanga de basket y claro, no hay casi mujeres. Al final me dedico más a deportes individuales, como el ciclismo». Precisamente, en ese campo, realizó una de sus últimas hazañas en el Campeonato de España de ultrafondo 24 horas, celebrado el pasado 27 de julio en el circuito de Cheste (Valencia), para dar visibilidad a las enfermedades raras o minoritarias. Antes, ya destacó el Ultratrail Camiño dos Faros (más de 200 kilómetros por la Costa da Morte); la Iditarod, una de las pruebas de ultradistancia (565 kilómetros) en frío extremo más duras del mundo; Islandia en patinete; la Border to Border recorriendo en esquí de fondo 300 kilómetros de Finlandia, la Rovaniemi en Laponia (ultramaratón de 150 kilómetros), y Ultreia Europa. Su pasión por el deporte la ha heredado su hija, que hace surf, deporte que también practica su padre. «Es cierto que mi hija le reclama a su padre que porque lleva a su primo a coger olas grandes y a ella no. Puede que sea el instinto protector, pero es algo que sigue sobre la mesa, lo de que las mujeres somos más delicadas para algunos deportes», apunta.

También en el mar es donde se siente más cómoda otra mujer pionera. Alicia Carillo (Fisterra, 1980), una de las fundadoras de Buceo Fisterra. En su caso, su afición le viene de familia .«Con una edad muy temprana mis padres nos llevaban a la playa de Corbeiro. Con dos años aprendí a nadar, aunque mis hermanos decían que yo siempre tenía la cabeza debajo del agua. Así fue como me embelesó Poseidón», confiesa. Por eso, no es de extrañar que pusiera en marcha un proyecto empresarial vinculado a su afición. «Así sigo disfrutando y enseñó a mucha gente a bucear. Vienen de muchas partes del mundo y les presento mi gran profesión, que no es otra que ser la guía turística de los fondos marinos de la Costa da Morte», dice.

Taxista y cazadora

En tierra firme trabaja María Pedreira (A Laracha, 1996). «Agora hai bastantes mulleres taxistas. Estou dende o 2016, nese momento só eramos dúas. Ao comezo dicíanme que tivera coidado, sobre todo á noite», apunta. En donde sigue sin haber mucha presencia femenina es en la caza. «Levo indo toda a vida, porque de pequena ía acompañar ao meu pai. Para min sempre foi algo normal», indica María, que añade: «Vou ao xabaril cun grupo de Soandres e co meu pai a Arteixo os domingos a cazar coellos».

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