La vida en Argentina del corcubionés Plácido Villaronga

GALERÍA DE EMIGRANTES | Nueva entrega de la sección de Luis Lamela. Así fueron las vivencias de este hombre cuyos restos descansan hoy en tierras australes


Plácido Mariano Villaronga Mons nació en 1896 en Corcubión, hijo del fomentador catalán José Villaronga Sagristá y de Josefa Mons. Su padre estaba al frente de una fábrica de salazón en el arenal corcubionés de Quenxe.

Después de fallecer el progenitor en 1904, y cuyas cenizas siguen depositadas en el actual cementerio de la villa de San Marcos (en la imagen) allí trasladadas en la década de 1950 del cementerio viejo, vendieron todos los bienes (redes, embarcaciones de «xeito» y artes, con los demás artefactos y pertrechos de pesca y fabricación, así como una lancha de vapor, una balandra, un piano nuevo y diferentes muebles...) y con 15 años Plácido Villaronga se trasladó con su madre y sus hermanos Marcial, Teresa y Lidia, a Mataró.

Posteriormente, Plácido emigró para la Argentina con el objetivo de dedicarse a la actividad comercial. Y allí en Buenos Aires fue socio fundador, prosecretario y secretario de la Comisión Revisora de Cuentas de la Asociación ABC del Partido de Corcubión, aportando su granito de arena a favor de la sociedad emigrante de la Costa da Morte en Argentina.

Viaje de placer

Más tarde, y ya con 65 años, casado y con hijos, Plácido efectuó un viaje de placer a España, viajó también por Europa, regresó desde Génova a su país de adopción, la República Argentina, en el vapor correo Conte Grande.

Llegó a su destino, Buenos Aires, el 22 de noviembre de 1957 y casi seis años más tarde, el 31 de marzo de 1963, procedió a la liquidación de la sociedad mercantil que mantenía con el empresario Julio Conde, firma denominada Villaronga y Conde, con el fin de poder descansar de la larga travesía de una vida dedicada al trabajo y a sacar a su familia adelante, así como de colaborar a consolidar y engrandecer la ABC de Corcubión en la Argentina.

Y, allí, en tierras australes, en las que sus descendientes fijaron raíces, descansan hoy sus restos. Como los de su padre en el Corcubión en el que había nacido Plácido, cuya pequeña lápida de mármol hace muchos años está cubierta de líquenes y musgo: de olvido.

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