Matías Navarrete: «Con nueve años jugué con Boca contra el Newell's de Messi y perdí»

Antonio Longueira Vidal
Toni Longueira CARBALLO / LA VOZ

CARBALLO

Ana García

Personas con historia | «Gracias al Sofán volví a disfrutar de la magia del fútbol», cuenta el argentino

26 nov 2020 . Actualizado a las 05:00 h.

«Recuerdo que con nueve años, estando yo en Boca Juniors, jugamos un partido de liga contra Newell's, equipo en el que jugaba por aquel entonces Messi. Y perdimos 1-0. Fue el único recuerdo que tengo jugando contra él como futbolista». La historia de Matías Navarrete Gurgone recuerda a la de muchos deportistas que apuntaban directamente a la élite, pero que, en su caso, y por causas ajenas al propio deporte, vieron truncados sus sueños.

Matías Navarrete era un mediapunta prometedor, con clase y llegada. Nacido en Buenos Aires hace 33 años y de padres argentinos (Miguel y Susana) pero de ascendencia aragonesa y siciliana, despuntó muy pronto en el fútbol. Su gusto y su buen trato con el esférico no pasó desapercibido para los ojeadores argentinos. Entró a formar parte de la cantera de Boca Juniors y fue profesional con apenas 19 años. En el mítico estadio de La Bombonera coincidió con Gago, Banega, Rocaglia, Monzón... Es decir, la exitosa generación del 87. Llegó a entrenar con el primer equipo auriazul, que por aquel entonces preparaba Alfio Basile: «Aquel entrenador confiaba en mí, yo era todavía una promesa, pero jugaba con todos aquellos grandes jugadores», recordó. La llegada de Ricardo La Volpe frenó en seco su progresión y tuvo que hacer las maletas. «Dejar Boca supuso un golpe muy fuerte y me afectó».

El Rayo Vallecano estuvo interesado en su incorporación, «pero un problema con el pasaporte, frustró la operación después de varios meses de espera». Debut en la primera división argentina de la mano del Old Boys. Fue en un encuentro contra el Colón de Santa Fe. A partir de ahí pasó por un rosario de equipos, repartidos por las ligas de Hungría, Grecia, Luxemburgo, Portugal... Y de España. Estuvo en el Bergantiños (2015) y el Ordes antes de recalar en el Sofán.

Su relato deja bien a las claras que hay otra cara del fútbol fuera de las cámaras, el éxito, los contratos millonarios, los flashes y los autógrafos.

«Existe una parte ajena al fútbol que no es beneficiosa. Te genera una presión y una competitividad que dejas de ver el fútbol como algo divertido. Todo consiste en ganar, meter goles y ser el mejor», apuntó Matías Navarrete. Y dio un pequeño apunte de aquel agobio: «Cuando fiché por el VTK Diosgyori de Hungría el presidente me alabó de forma pública, pero sentí la presión por el esfuerzo que el club había realizado por traerme y todo eso supuso una carga que no daba superado. El fútbol llegó a ser más una presión que una diversión».

En As Eiroas

Matías Navarrete aterrizó en el Bergantiños a mitad de la temporada 2015-2016. «El equipo andaba muy mal, peleaba por no descender. Siempre les agradeceré que me hubieran fichado, pero fueron seis meses en los que cada partido era una batalla por la permanencia y también una batalla personal».

Un año después recaló en el Sofán, club para el que solo tiene buenas palabras: «En el Sofán volví a disfrutar del fútbol después de diez años sin hacerlo. Esa ha sido la mejor terapia». Y es que los sinsabores y las zancadillas de todo lo que merodea al deporte rey le supuso a Matías llevar una pesada mochila sobre sus hombros: «Fui a terapias y psicólogos para poder superar todo aquello».

Pero, de alguna forma, tenía la necesidad de trasladar esa experiencia a los más jóvenes: «Decidí crear mi propia escuela de fútbol: Awen, inspiración en gaélico. Me dijeron que no tendría éxito porque en Carballo ya había varias. Pero insistí en hacerla. Primero tuve un niño, luego dos... Así hasta cuarenta. Pero la pandemia provocada por el covid-19 lo cambió todo: «Ahora tengo a unos veinte chavales». Pero por encima de números está la base del proyecto: «Personalmente, me sirvió también de terapia, para volver a recuperar la esencia de este deporte tan maravilloso. Y todo eso es lo que trato de explicar todos los días a los chavales: la educación y los valores a través del deporte. El deporte como diversión». Y añadió: «Hay que erradicar las presiones innecesarias, la competitividad mal entendida y fomentar el compañerismo».