Marinna Mouzo: «En Brasil, tirotearon diante de nós a dous homes que ían en moto»

Personas con historia | Artista, pasó su infancia a caballo entre Galicia y Rio de Janeiro. Hace 32 años que está afincada en Corcubión

Marinna Mouzo
Marinna Mouzo

Carballo / la voz

Un Rio de Janeiro vivo, policromático, lleno de posibilidades, de deporte, de naturaleza. Y mucho más seguro que hoy día. Así es como recuerda Marinna Mouzo la que fue su ciudad natal. De sus 58 años, lleva 32 en Corcubión y su etapa estudiantil la pasó a caballo entre Brasil y Galicia.

Su padre, de Berdoias, fue el primero en emigrar al país sudamericano, en donde ya tenía a un tío suyo viviendo. Dos años después, cumplió su palabra y regresó a España para buscar a su novia -de Merexo- y llevársela con él. «Á miña nai foi á que máis lle custou adaptarse, sobre todo á comida. Sempre dicía que non facía máis que comer plátanos», señala Mouzo.

Allí, montaron un restaurante y tuvieron tres hijos. Entre la carga de trabajo y que el sistema educativo era bastante precario por aquel entonces, decidieron enviar a las dos mayores a estudiar a España, quedándose Marinna en la casa familiar de Merexo entre los 6 y los 9 años.

«Despois, cando regresamos a Brasil, fomos internas para un colexio de monxas» -narra la corcubionesa- «do cal gardo un recordo marabilloso. Estaba no medio dunha floresta na que había guacamayos, monos, cascadas... Era unha delicia pasear por aquela selva: o sitio era impresionante». El centro estaba bastante cerca y se iban a casa los viernes, pero, entre semana, Marinna era el terror de las monjas. «Eu era moi revirada. Estabamos unhas 50 alumnas durmindo nun cuarto e tiñamos armarios individuais no corredor. Cada mañá inspeccionábanos e, se a roupa non estaba ben recollida, tirábana ao chan e tiñas que ordenala. A min fixéronmo algunha que outra vez [ri], pero o certo é que aínda hoxe en día dobro a roupa exactamente igual que a dobraba alí», explica.

En ese centro estuvo hasta los 14, y después volvió a Galicia durante otros dos años. A los 16 se fue de nuevo y ya no retornaría hasta los 23. Siempre con la maleta a cuestas, confiesa Marinna, y sobre todo desde que su familia se hizo cargo del hotel O Hórreo. A partir de entonces empezaron a pasar temporadas alternas por Corcubión hasta que, hace 32 años, se quedó definitiva.

Como la relación con Galicia nunca llegó a romperse, el choque de pasar de vivir en Rio de Janeiro a la Costa da Morte no fue tan extremo. Lo que más notó, asegura, fue el clima. Lo de la seguridad comenzó a percibirlo más tarde, ya que el Rio de su infancia, rememora, «non era tan perigoso como o é agora».

Marinna llevó a sus dos hijos a su país natal en más de una ocasión, más a Mar que a Tito, ya que a ella le encanta la cultura brasileña -«que mamou dende pequena na casa»- y habla un buen portugués. «Cun acento español que lle fai moita graza aos brasileiros, pero fálao ben», bromea la corcubionesa.

De uno de esos viajes salió una colección fotográfica de su hija, que capturó todas las realidades de la ciudad e incluso llegó a meterse en las favelas. «Nese momento pasei algo de medo, pero ía con meu sobriño e cun amigo e iso deume máis tranquilidade», señala.

Recuerda que, en una ocasión, estaba con su prima en un puesto de socorrismo cuando advirtió una moto que se acercaba a ellas «a toda pastilla». Detrás, un coche con varios hombres que en un momento dado sacaron unas metralletas y empezaron a tiros con los motoristas. «Tristemente, esas cousas pasan moito en Rio. Onte mesmo [polo martes] asasinaron a un cliente no negocio familiar, que leva o meu irmán. El estaba dentro e, cando levantaron a cabeza, viron a un home con sete ou oito disparos. Ata lle deron ao capó do seu coche, que é blindado, e agora téñeno como proba pericial e non pode utilizalo», explica Marinna.

«Ía estudar Belas Artes en Florencia, pero namorei e ao final quedei aquí»

Su familia más directa todavía está en Brasil. Incluida su madre que, aunque antes venía por Galicia de vez en cuando, su salud ya no se lo permite. «Está comezando co alzhéimer, e por iso agora vou tanto eu por alá, porque dentro de pouco xa non saberá nin quen son», lamenta la protagonista de esta historia. Mantenerse en contacto, eso sí, es mucho más fácil que antaño. Ya no tiene que esperar a los domingos para llamar a Sudamérica porque es más barato, basta con abrir el móvil y ya tiene acceso directo al otro lado del mundo. Hasta ha conseguido contactar con compañeras que conoció en el colegio de monjas en el que estuvo interna: «Hoxe en día xa non hai distancias».

Vena artística

Marinna es una apasionada del arte desde que tiene memoria. Pinta desde niña e incluso llegó a tenerlo todo preparado para irse a Florencia a estudiar Bellas Artes. «Pero namorei... e quedei aquí», rememora. Si ahora pudiese cambiar una sola decisión que tomó a lo largo de su vida, probablemente sería esa, reconoce. Ama Italia y tiene un recorrido pendiente por la Toscana cuando todo esto acabe. Estudió Diseño Gráfico en A Coruña y recibió clases del pintor y arquitecto Flavio Berredo. La cultura caribeña está presente en su arte, que está lleno de viveza y color. Se inclina por el formato grande y, últimamente, está explorando mucho el mundo de los retratos.

Esfuerzo y dedicación son dos valores que aprendió de sus padres, que sacaron adelante un exitoso restaurante y abrieron la que en su día fue la primera escuela de pilotos de helicóptero de América Latina, a la que llegaba gente de todo el mundo.

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