«A hostalería en xeral nota moito todo isto, hai demasiados hoteis pechados»

Manuel Santos Ramos, natural de Baio, es el subdirector del Barceló Imagine, un hotel de cinco estrellas en Madrid


carballo / la voz

El covid afecta de lleno a prácticamente todos los sectores económicos, es evidente, pero a unos más que a otros. España, que tanto depende del turismo, y por tanto de la hostelería, está siendo muy castigada por esta vía. Y eso se nota (también: dentro de los múltiples segmentos de esta profesión) mucho en Galicia, donde se han formado centenares de profesionales de alto nivel en el Centro Superior de Hostelería de Galicia, con numerosos alumnos (y profesores) originarios de la Costa da Morte.

Uno de ellos es Manuel Santos Ramos, natural de Baio. Tiene 27 años, posee el grado en Gestión y Dirección de Empresas Hoteleras), es el subdirector del Barceló Imagine, un hotel espectacular de cinco estrellas situado en Madrid (casi al lado de las Torres Kío o de la Plaza de Castilla), que combina arte y tecnología a partes iguales, y donde la música es su gran hilo conductor. Una propuesta rompedora que, sin embargo, se enfrenta (como tantos, y en todo el mundo) a un panorama muy desalentador. Pero al menos está abierto. «A hostalería en xeral nota moito todo isto, non son os hoteis. Pero é certo que hai demasiados hoteis pechados», explica. En Madrid, en torno a un tercio, o menos, están abiertos. Octubre tendría que ser el gran mes de los congresos, y alguno ha habido, en formato reducido, pero los cambios normativos (la situación general) han sido una gran losa. Y eso que, en la calle, aparentemente, la vida es normal, con todas las cautelas. Pero en los hoteles, no: los clientes son muchos menos que en tiempos no pandémicos. Y eso que, en verano, el turismo vacacional salvó la temporada mejor de lo esperado. Pero fue un alivio pasajero, y ahora todo es muy incierto.

A Manuel le han tocado estos tiempos convulsos en su rápido despegue en un sector como el suyo muy profesionalizado y exigente, donde el crecimiento es una seña de identidad. Vinculado desde sus inicio al grupo Barceló, empezó sus prácticas en Jerez, el Monte Castillo, al lado del circuito de velocidad y de un campo de golf de altura.

Fue superando entrevistas y valoraciones de su trabajo y ascendiendo: Madrid, Mallorca, Huelva (en Isla Canela) y después Fuerteventura, donde pasó tres años, repartidos entre el norte y el sur. Guarda excelentes recuerdos de la isla canaria: «A xente é moi boa, e o sitio, precioso». En Corralejo fue adjunto a la dirección, y en Jandía, ya subdirector, en un hotel colosal, con más de 300 empleados, más de mil clientes. Justo el fin de semana del estado de alarma era su despedida: el lunes se iba a Madrid. Así que hubo que organizarlo y resolverlo todo, además de ver cómo Fuerteventura se iba quedando vacía, algo insólito e histórico. En su actual destino madrileño, al que llegó en agosto, está «moi contento», salvo por la situación general. La directora, por cierto, también es gallega.

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