Andrés Lima: «Nos sorprendería la cantidad de gente que se prostituye a nuestro alrededor»

La obra «Prostitución» pondrá hoy el punto final a la edición más atípica del FIOT. Las entradas para el espectáculo, dirigido por el Premio Nacional de Teatro 2019 Andrés Lima, se agotaron en cuestión de horas


Carballo / La Voz

Andrés Lima (Madrid, 1961) dirige la pieza con la que el FIOT se despedirá de su edición más atípica, Prostitución. Ganador de cuatro Premios Max a la mejor dirección y reconocido con el Premio Nacional de Teatro en 2019, es considerado uno de los grandes directores de escena españoles.

«Me gusta ponerme en el lugar de quienes encuentran problemas para desarrollarse como personas», asevera Lima, «porque si uno los sufre, todos en el futuro lo haremos». Muy interesado en el teatro social, emprendió para la obra que hoy se representa en Carballo un vasto proceso de investigación, con testimonios reales de prostitutas, en el que también participaron las actrices. Protagonizan esta obra de teatro-documento Carmen Machi, Nathalie Poza y Carolina Yuste.

-¿Primera vez en el FIOT?

-Desde luego físicamente no he ido nunca. Me encantaría, pero estoy en Madrid porque acabo de estrenar un montaje nuevo. Agradezco la apuesta que está haciendo Carballo por el teatro, aun en estas circunstancias.

-¿Ve ganas de teatro?

-Muchísimas. Acabo de estrenar El chico de la última fila en el Teatro María Guerrero [Madrid] y las entradas están volando. Y allá por donde vamos con otro espectáculo que tenemos, Shock, también. Y además, se está reconociendo algo muy importante: que ir al teatro es seguro.

-La pieza que traen tiene un trabajo extenso de investigación detrás. ¿Cómo de importante era esa documentación?

-Es su base y es la obra. Esta producción nace de la curiosidad y de hacerme preguntas sobre el mundo de la prostitución. De como abarca todas las facetas de nuestra vida, de como las atraviesa. Nos afecta a todos y, sin embargo, es un fenómeno que está debajo de la alfombra. Aunque en la política se condena en muchos casos, en España sigue ocupando un espacio alegal.

Teniendo en cuenta esto, era importante conocer todo esto desde dentro. Para ello nos asociamos con Carolina Cubillo, productora de programas como Callejeros. Nos facilitó los contactos y allí fuimos nosotros, como un equipo más de documentalistas, a hablar con las prostitutas y los proxenetas, en la medida en la que fue posible.

-¿Cómo fue entrar en ese mundo? ¿Les impactó?

-Sí, aunque nos impactó, en parte, porque es mucho más normal de lo que pensamos. Las mujeres que ejercen la prostitución no son diferentes a las demás, ni están hechas de otro material, ni son del submundo. Y nos sorprendería la cantidad de personas que se prostituyen a nuestro alrededor sin nosotros saberlo. Cada caso tiene su matiz: hay gente que ha decidido hacerlo, otra a la que le han obligado y otra que se ha visto obligada a hacerlo. No es difícil acceder a la prostitución, está en cada esquina, sencillamente hay que querer mirar. El mayor problema que tiene es la estigmatización, que afecta directamente a la mujer y por ello ha sido el feminismo el primero en sacar el tema. El problema es que ahora no se ponen de acuerdo entre la regulación o la abolición.

-¿Reflejan ambas posturas?

-La obra no es sino la representación del recorrido que nosotros mismos hicimos. Aparecen mujeres que trabajan en la calle por 15 euros el completo y 10 o 5 la felación, que es increíble; como también otras que están en hoteles de lujo y cobran 400 o 500 euros la hora. Dentro de todo ese catálogo hay mujeres que son partidarias de la abolición y otras de la legalización, y esas diferentes posturas se ven en la función y se crea una especie de debate con la audiencia. Mi idea en un principio era llevar al público de putas, dicho llanamente, para que entrasen en ese mundo y se pusiesen en su lugar.

-Hay mucho debate al respecto, pero sin llegar a ponerse nadie en sus zapatos.

-Exacto. Se habla de «ellas», pero en realidad ellas somos todas y hay muchas más maneras de prostituirse que alquilando tu cuerpo durante un rato. Yo creo que el teatro, y el arte en general, debe utilizarse para generar incógnitas, que el público se haga preguntas. Nosotros planteamos las diferentes perspectivas y después que cada quien tome la postura que quiera. Suelo desconfiar del arte que define con rotundidad quienes son los malos y quienes son los buenos. El mundo, en general, es bastante más complejo.

De hecho, dentro de las dos posturas [legalización o abolición], no creo que ninguna de ellas tenga la verdad: sería deseable que las dos se encontrasen en muchos puntos. Cuando hablas con abolicionistas, muchos no buscan que las mujeres dejen de practicar sexo por dinero, sino que no ninguna mujer en el mundo se vea obligada a ello. Ahí entra el esclavismo, la trata.

-¿Cómo encontraron el balance entre el documentalismo y el entretenimiento en esta obra?

-Con mucho desequilibrio [ríe]. Lo musical es muy importante en esta pieza, porque el cabaré, la zarzuela y la comedia musical tradicionalmente han sabido comprender mejor la prostitución, ya que son géneros a los que la moral les afecta menos. Esa manera de verlo hace que tomemos distancia sobre el problema al mismo tiempo que estamos metidos de lleno en él. Para verdaderamente entender la prostitución yo recomendaría ir a un garito y verlo directamente, para ponerse en el lugar de esas mujeres.

-Genera muchísimo dinero.

-Muchos millones de euros. Hay lugares como Junquera, en la frontera con Francia, en donde hay muchísimos ingresos por consumo de prostitución. Por eso existen las mafias de trata, pero es muy difícil meterle mano porque está metida gente con poder.

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