Historia de un vetusto autocar en Vimianzo

Apuntes históricos | Un Packard de 1928 traído de Cuba ya forma parte de la memoria comarcal


Muchos objetos tienen una historia que contar. Y la llevamos con nosotros y unas veces la contamos y otras no. En el imaginario de gentes de cierta edad residente en los concellos del Partido Judicial de Corcubión, aún persiste la imagen de un viejo autocar aparcado en la carretera general que cruza Vimianzo, o en Camariñas al lado del mar, con un letrero que decía: Correo Vimianzo Camariñas. De esa historia queremos hoy hablar. 

Dos hermanos, Eusebio y Francisco Pancho Canosa Crespo, llegaron a Cee con sus familias en 1921 en un viaje de recreo procedentes de la isla de Cuba, después de muchos años de ausencia en un país en el que consiguieron acumular una regular fortuna dedicados al comercio de ferretería, loza y cristal, el primero en La Habana y el segundo en Pinar del Río. En aquellos años en la emigración, Francisco fue conocido en Cuba como un hombre de ideas avanzadas y progresista, y en la actualidad existe en la isla caribeña memoria de su bonhomía y desprendimiento. A la municipalidad de Pinar del Río, en donde residió, donó un enorme solar para construir una plaza en el centro de la ciudad. El año anterior, en 1920 Francisco vendió parte de sus negocios a Eusebio y preparó el viaje con su esposa a España, pensando en quedarse a residir para siempre en su pueblo natal.

El 3 de abril de 1921 Eusebio y Francisco viajaron en el vapor Oriana acompañados de sus esposas y los hijos del primero, viajando con ellos un soberbio y hermoso auto marca Chandler, matrícula 35 de Pinar del Río. Un automóvil que, en el mes de julio siguiente, sufrió un aparatoso accidente en el kilómetro 36 de la carretera Coruña a Fisterra, ocupado por su propietario y cinco personas más, además del conductor Manuel Bernardo Lamas. Al tomar una curva, y para evitar un choque frontal con otro automóvil que venía en dirección contraria, se salió de la calzada volcando sobre una finca y resultando tres lesionados leves y otro herido de gravedad en la cabeza.

Francisco y su esposa no tenían hijos y se quedaron a vivir en Cee. Más tarde, durante la Segunda República, a partir de septiembre de 1933 ocupó accidentalmente la alcaldía, militando en el partido de Casares Quiroga y Manuel Azaña. En ese período fue cuando en enero de 1933 falleció su esposa, Ana Crespo García, y muy poco después solicitó una excedencia en la alcaldía por un tiempo de seis meses, con el fin de trasladarse a Cuba para «resolver asuntos propios».

En febrero de 1934 estaba de regreso en Cee, y en el barco trajo otro lujoso automóvil descapotable, en este caso marca Packard, del año 1928, de siete plazas, muy cómodas todas, de la Packard Motor Car Company estadounidense, que costaba alrededor de los 2.000 dólares de aquel entonces.

Pasaron los años y surgió la sublevación militar, la guerra civil y la dictadura, y el indiano Pancho Canosa, cuando el miedo cobró presencia en su vida, fue empujado a regresar a Cuba para huir del franquismo, convirtiéndose el océano Atlántico en un abismo que no podía cruzar.

En plena posguerra, en 1947 -los descendientes del comprador afirman que quizás fue antes- vendió el hermoso automóvil descapotable que llamaba la atención de todos, a José María Toja Toja, de Vimianzo, por 32.500 pesetas. Y allá se fue el lujoso automóvil importado de Cuba a tierras de Soneira, con el fin de ofrecer servicio de transporte del correo a Camariñas, previo carrozarlo casi completamente en un taller de Baio.

A 19 kilómetros por hora hasta Camariñas 

Convertido el Packard en singular autocar, en los dos laterales de su carrocería lucía el nombre de Autos Pombo -por el apodo de la madre del propietario, A. Pombo-, y arriba, en la baca, lucía un letrero a todo lo ancho del vehículo que decía: Correo Vimianzo Camariñas. Según su propietario, Transportes Pombo no cobraba a los pasajeros que iban a Camariñas o a Vimianzo o a Xaviña, o A Ponte do Porto, o a algún otro pueblo intermedio, y solo pagaban por la mercancía transportada. Por el servicio que ofrecía como contratista de Correos recibía alrededor de 87.000 pesetas anuales en 1977.

En este último año, treinta después de haberlo comprado, y a consecuencia de las muchas reparaciones de chapa y pintura al que fue sometido, del cambio del motor de gasolina por uno de gasoil (Barreiro) para rebajar el consumo a mediados de la década de 1950..., el viejo Packard se convirtió en un vetusto e híbrido autocar que transportaba diariamente correo, mercancía y algunos pasajeros de Vimianzo a Camariñas y viceversa, en un recorrido de 19 kilómetros que tardaba una hora en la ida y otra hora en la vuelta. ¡A 19 kilómetros la hora!, dijo un periodista en La Voz de Galicia, sin que tuviese en cuenta el deplorable estado de la carretera sin asfaltar: de tierra y piedras y profundos baches.

De igual forma, transportó a Vigo a muchos de los numerosos emigrantes de Soneira para embarcar para las Américas -triste paradoja para un coche venido de Cuba-, entre otros servicios que contrataba.

Casi 50 años

Haciendo un servicio a Vigo en una Navidad tuvo que parar en 17 ocasiones para arreglar otros tantos pinchazos. En 1977, con casi 50 años, y sin decepcionar nunca, el antiguo descapotable y ahora autocar tenía muchas piezas originales, pero cada vez menos: las ballestas, el chasis, los faros..., alcanzando los 80 kilómetros de velocidad en carreteras debidamente asfaltadas.

Este Packard nunca sufrió accidente alguno durante su actividad en las carreteras gallegas. Ni con el primer propietario, Francisco Canosa, ni con el segundo y último, José María Toja, un hombre este que tenía un andar cansino, pachorrento... como el viejo autocar. Y fuera de las horas de servicio estaba siempre aparcado, o en Camariñas mirando al mar, o en Vimianzo, en el margen izquierdo de la carretera Coruña-Fisterra, a la altura de la plaza, frente al cuartel de la Guardia Civil. Y fue todo un símbolo de la época, una divisa, un icono que aparece en viejas fotografías e imágenes que lo identifican con la capital de Soneira.

Todos sabemos que la vida no se para, ni para los coches. Algunos años después, el viejo Packard quedó obsoleto. Y aunque seguía funcionando, los propietarios prescindieron de él retirándolo entre 1979/1980, después de recorrer su historia el arco completo, aunque su imagen perdura en la memoria de muchos. Para sustituirlo, José María Toja adquirió, también de segunda mano, un furgón Mercedes, PO-51.564. Tiempo después, el 17 de mayo de 1983 sufrió un grave accidente en el kilómetro 1 de la carretera entre Vimianzo y Camariñas: a la una de la tarde salió de la calzada por un fallo mecánico en la dirección y se despeñó por un desnivel. El balance fue de un herido grave, precisamente José María, y tres leves. El conductor y propietario falleció aquel mismo día, a los 72 años.

Tiempo más tarde, el Packard salió del garaje de Vimianzo en el que estuvo muchos años, al adquirirlo una empresa de desguaces, De la Fuente y Esmorís, de Lalín, para terminar sus días, a excepción de los faros que aún están en manos de la familia Toja. Luis Eiroa Toja, nieto del dueño, confiesa el error de haberlo desguazado. En fin, que la vida de un coche también es un viaje que llega a su fin. Objetos y personajes que ya no existen, que ya no están, pero que al ver su imagen seguro que reviven recuerdos.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
6 votos
Comentarios

Historia de un vetusto autocar en Vimianzo