El conejo escasea en los montes de la zona, a dos días de la nueva temporada de caza

La mortalidad es muy elevada en buena parte de los terrenos cinegéticos

Un cazador de conejos de Coristanco, en el inicio de una temporada de caza.
Un cazador de conejos de Coristanco, en el inicio de una temporada de caza.

CARBALLO / LA VOZ

La temporada de caza pinta mal para los más de dos mil cazadores (los federados y los que no lo están) vinculados a los 23 terrenos cinegéticamente ordenados (tecores, los antiguos cotos) que hay en la comarca. El domingo empezará una nueva temporada de caza menor, y la pieza más codiciada, el conejo, está desapareciendo. Hay, por supuesto, en algunos lugares (los más de 1.400 kilómetros cuadrados de zonas cinegéticas, veda al margen, no son homogéneos), pero ni de lejos con lo que solía ser habitual hace años, según explican varios presidentes de tecores consultados.

Empezando por el provincial de la Federación Galega, el coristanqués José María Álvarez. «Morren moitos. Onde había, non hai. Vacínanse, fanse repoboacións, bótanse milleiros, pero non teñen, chegado este tempo, é un desastre», explica. Cree que es necesario un estudio amplio, incluso universitario, para buscar las causas a esta mortandad, que va más allá de aspectos relativamente habituales, desde las rapaces, que sí aumentan, hasta los raposos, y desde luego el cambio de hábitat en los montes.

José Ángel Castro, presidente del tecor de Dumbría, cargo en el que lleva 20 años (son 12 hectáreas, más de 200 socios, coincide en la elevada mortandad y apunta a que el conejo se enfrenta ahora a un monte que no tiene nada que ver con el de antes, «con moita humidade, moita leña, moito arborado cando antes estaba raso, e medio abandonado en moitos sitios», explica. Puede que eso no lo explique todo, porque ya ve esta situación como «algo endémico, como a gripe. O certo é que non se atopan». Y donde los hay se deben en buena parte a fuertes campañas repobladoras, no a los ciclos naturales de cría de siempre.

En Montemaior, un pequeño tecor con 62 socios, pasa lo mismo, como explica su presidente, José Antonio Molk Pena. No solo con el conejo, también con la perdiz, principal objeto de deseo de los cazadores de pluma, que tampoco es que abunde mucho. Los faisanes sí han ido a más, con campañas importantes de siembra, pero aún están lejos de la primera especie. Las liebres sí se ven más en algunas zonas, aunque se reservan muy pocos días para su caza en todos los cotos.

Rogelio Pereira, veterano presidente de la sociedad de Malpica, opina en la misma línea. En este caso, la repoblación además llegó más tarde, debido la pandemia. En Malpica, por cierto, se ven muchas rapaces, cada vez más, desde milanos a halcones.

La situación lleva a que muchos cazadores se hayan pasado a la caza mayor, dada la abundancia del jabalí, cuya temporada ya empezó a finales de agosto. Buena parte de los tecores ya han cubierto sus cupos. La Federación Galega de Caza , por cierto, publica en su web un amplio protocolo sobre cómo actuar ante la enfermedad vírica que afecta a los conejos, que incluye los contactos con servicios veterinarios o medioambientales a la hora de comunicar mortandades.

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