Marcos Alfeirán: «Saíume o instinto de supervivencia e agarreime á popa do barco»

LOBOS DE MAR | Patrón y armador, perdió a dos familiares en el naufragio de Os Tonechos y a dos marineros en el Nuevo Luz


carballo / la voz

El malpicán Marcos Alfeirán Rodríguez tiene desde julio 38 años. Está en la flor de la vida. No obstante, ya lleva mucho vivido, y no precisamente bueno. Tenía nueve años cuando en su casa y en otras muchas de este pueblo de la Costa da Morte se vivió una tragedia. El barco Os Tonechos fue a pique en la zona conocida como Baixos de Baldaio en la noche del 4 al 5 de octubre del año 1991. Era la embarcación de su padre Antonio y en ella también iba su hermano, que responde al mismo nombre.

«Nós [por su madre Estrella y sus hermanos Nacho y Concha] estabamos durmindo. Acórdome como se fose hoxe. Era pola mañá cedo e empezaron a timbrar na casa. Os veciños dixéronnos que o noso barco se afundira, pero que non se sabía nada dos homes. Miña nai desmaiouse e a min, que era o máis pequeno dos irmáns, apartáronme para outro sitio. Pero púxenme a ver a televisión e saía o suceso en todas as noticias. Dentro de min, sabía que morreran todos, aínda que non fun moi consciente ata meses despois». Así comienza el relato del que fue uno de los días más negros de la localidad malpicana, con nueve marineros fallecidos.

Un exceso de confianza en una zona rocosa que con mar de fondo se vuelve todavía más peligrosa fue el desencadenante de los hechos. «Non había partes meteorolóxicos nin unha tecnoloxía como agora. Cun pouco que te desviaras do camiño marcado... Eles deberon pensar que podían pasar e un golpe de mar tombounos», cuenta Marcos.

El hundimiento no fue lo peor. Muchos de los cuerpos no aparecieron. De su hermano, solo recuperaron un trozo de una pierna. De su padre, apareció tiempo después un cadáver en Asturias que tanto su tío Antonio como su abuelo reconocieron como el del malpicán porque se parecía bastante. No obstante, tras el entierro, en una conversación con ellos, la viuda se dio cuenta de que, por los rasgos que le describían no era su Antonio. Hubo que desenterrarlo, algo que causó un nuevo dolor para la familia Alfeirán.

Marcos vivió toda esta situación muy protegido por amigos y profesores. Lo cierto es que ni lo que fue la mayor desgracia vivida en la familia le quitó las ganas de dedicarse al mar: «Sempre quixen ser mariñeiro. Con cinco anos levoume meu pai e quedei namorado». No obstante, con dieciséis años falló en su primer intento: «Miña nai chorou moito cando lle dixen os meus desexos, e para non vela sufrir, acordei con ela que agardaría ata cumprir a maioría de idade para embarcarme». Durante esos años arrimó el brazo trabajando en otros oficios para ayudar económicamente a su familia, que con la pérdida del barco y de dos hombres lo pasó francamente mal. Llegado el momento, su progenitora lo apoyó.

Trabajó en dos embarcaciones antes de comprar, en el 2006, con 23 años, La Nueva Flor de España. «Meu pai sempre me dicía que eu era o seu sucesor», recuerda, a lo que añade: «Nunca lle tiven medo ao mar. Ao contrario, son feliz nel». En el 2011, le apareció la oportunidad de hacerse con el cerquero Nuevo Luz y no lo dudó. Pero el 27 de mayo de ese mismo año, cinco meses después de botarlo al mar, al igual que le sucediera a su progenitor, vivió otra desgracia: «Ás catro da madrugada, saímos do porto da Coruña e, a dúas millas de Punta Langosteira, largamos as redes. Cando estabamos metendo o peixe no barco e, polo tanto, algo escorados, veu unha onda e volteou a embarcación». Él estaba en el puente. Mantuvo la puerta abierta hasta que, cuando el agua dejó de hacer fuerza, subió a la superficie como pudo. «O primeiro que pensei foi: outra vez a nós. Revivín todo e vinme abaixo, pero saíume o instinto de supervivencia e agarreime á popa do barco, primeiro; despois de moito pelexar á quilla, e máis tarde, xa á lancha salvavidas», cuenta de forma minuciosa. No fue tan fácil como parece. Eran seis hombres, de los que fallecieron dos, Enrique y Santiago. A uno de ellos lo vio morir por hipotermia; a otros, los perdió de vista. Tuvieron problemas con la radiobaliza y las bengalas, pero la Guardamar acudió en su auxilio. Lo primero que hizo al estar a salvo fue llamar a su madre para decirle que estaba vivo.

Tampoco en esta ocasión el hundimiento del barco fue lo peor: «A día de hoxe aínda me afecta, acórdome diso, porque perdes a dous homes que son como da familia. Pasei mes e medio fatal na casa, pero aí estiveron os amigos, que foron os que me sacaron adiante». Marcos también tuvo que hacerle frente a otros obstáculos: «Sempre hai quen te acuse. O que máis me custou foi darlle explicacións ás familias, porque non hai consolo para iso».

¿Pero saben cómo superó Alfeirán todos los contratiempos con los que se topó en su vida? Con un remedio casero: «Cas miñas ganas de vivir e de traballar, e co amor ó mar», asegura, aunque ya recalca que no es tarea sencilla. «O que me tocou vivir cando era un neno fíxome levantarme once veces se caio dez», añade. Para ejemplo, véase que desde aquella, ya tuvo dos cerqueros, el Sazón y el Pasa Aquí. Este último, desde el año pasado. En ambos proyectos lo acompañó un buen compañero, Pablo Varela.

A Alfeirán no le basta con ser armador y patrón, que todavía nada en aguas abiertas para estar en contacto con el mar: «É o que me desconecta», afirma. Tiene una mujer, Ana, y una hija pequeña, Gabriela. En 38 años, tuvo varias vidas en las que empezó de cero, aunque con una mochila a las espaldas que ahora lleva dos piedras a falta de una, reconoce.

Los dos naufragios

Os Tonechos. Sucedió en la noche del 4 al 5 de octubre del año 1991. Fallecieron todos los tripulantes, nueve, entre los que se encontraban su padre y un hermano.

Nuevo Luz. Ocurrió en la madrugada del 27 de mayo del 2011, a dos millas de Punta Langosteira. Eran seis los hombres embarcados, de los que dos murieron.

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