Un territorio que necesita virar su curva poblacional

GALICIA OSCURA, FINISTERRE VIVO | Escribe Luis Lamela | La evolución de las estadísticas reflejan la cuesta abajo de la caída demográfica


La lejanía con los mercados de consumidores, el aislamiento debido a una vía de comunicación, la AC-552, que en lugar de acercar, alejaba, y las crónicas carencias e irregularidades en el suministro eléctrico, fueron, sin duda alguna, los principales culpables del atraso económico de los municipios del Partido Judicial de Corcubión. Y, también, la monopolización por parte de Carburos Metálicos, en Brens, propietaria de las fuentes de energía del Xallas, con las que se autoabastecía, descuidando el suministro y las precarias instalaciones de transporte a poblaciones desde Fisterra a Zas. Fue, pues, la fábrica de Cee de alguna forma corresponsable, entre otras circunstancias, de que en muchos casos no se creasen industrias por carecer la energía de la potencia, intensidad y regularidad necesaria para funcionar en los horarios laborales. Ni se creaban empresas, ni se desarrollaban las existentes, alimentando así la emigración, interior y exterior, denominador común que produjo el progresivo envejecimiento de la población y un gráfico continuamente descendente en el número de habitantes. Un serio problema que persistió hasta muchos años después de absorbida por Fenosa la empresa Electra del Jallas, que había sido adquirida a mediados del siglo XX por Carburos Metálicos, vislumbrándose un débil e insuficiente despegue económico y social.

En 1980, la mayoría de los concellos de la Costa da Morte fueron declarados Comarca de Acción Especial por parte de la Diputación, con el fin de dinamizarla. Si bien toda la provincia tenía síntomas de depresión, esta zona del Fisterra la presentaba mucho más agudizada. En fin, una zona de características especiales, deprimida, y de la que reflejaron, entre otros, los siguientes antecedentes por concellos:

En el sector industrial solo existía una empresa de cierta entidad, la que es actualmente Xeal, en Cee, un concello que disfrutaba de una renta per capita de 90.000 pesetas (en el 2017: 20.373 euros); municipio que basaba su economía, según aquel informe, en la producción agrícola-ganadera, en la explotación de maderas, en la pesca y salazón (sic), y en la construcción de buques, obviando su carácter de centro comercial, que ya lo era.

Desde 1980 a la actualidad, Cee ganó en el sector servicios: en los hospitalarios, en la enseñanza..., perdió la construcción naval y sufrió una significativa reducción de empleo en la antigua fábrica de Carburos Metálicos; también en la empresa naviera SICAR, entre otros, y a pesar de ser el concello más dinámico, bajó el número total de sus habitantes.

Según el informe de la Diputación, ese año, Corcubión, con una renta per capita de 112.000 pesetas (en 2017: 21.592 euros), vivía de la industria y del comercio y tenía un puerto de gran importancia desde el punto de vista estratégico y naval, sin señalar su condición de centro administrativo/burocrático como capital del partido, que es lo único que persiste hoy en día -recortado- y su liderazgo intercomarcal en el sector turístico, que tampoco hoy existe. Y el actual Corcubión es el que menos se parece al de 1980: ni vive de la industria ni vive del comercio, ni su puerto tiene actividad marítima o portuaria alguna, a excepción unas pocas embarcaciones para la pesca en pequeña escala, en comparación con otros como Fisterra, Muxía o Camariñas. De cualquier forma, Corcubión sigue liderando el dato de la renta per cápita, pero en estos 40 años Cee pasó de representar el 80 % del de la villa de San Marcos, al 94; Fisterra, del 67 al 91; Muxía del 58 al 75; Camariñas, del 67 al 80; Vimianzo y Zas, del 50 al 78 y 75, respectivamente, y Dumbría, del 50 al 82 %. Iluminador.

De Fisterra, con una renta per capita de 75.000 pesetas (en 2017: 19.691 euros), decían que su agricultura era paralela a la de otros municipios y tenía industria pesquera y conservera. En la actualidad desapareció la actividad conservera localizada en Sardiñeiro, pero la ampliación del puerto y la creación de un carro varadero y que el turismo cobró una excepcional importancia y fomentó el empleo en la hostelería y derivados; también en el marisqueo, reduciéndose por otro lado el número de profesionales en la pesca. El turismo recogió el guante del llamado Camiño de Fisterra, sector que arrasa sobre las demás poblaciones. Y, aun así, pierde población.

De Muxía, Vimianzo y Zas, con unas rentas per capita de 65.000 pesetas (en 2017: 16.240 euros); 55.000 pesetas (en 2017: 16.970 euros) y 55.000 pesetas (en 2017: 16.263 euros), respectivamente, el informe de la Diputación afirmaba que tenían explotaciones absurdas (sic), propiedades muy divididas y el campo descapitalizado, con crecimiento negativo de la población... Esto último persiste en un goteo permanente y constante en los tres concellos, pero Muxía, en estos cuarenta años dio un revolcón y de la tradicional producción de puntilla, y una progresiva importancia del sector de la pesca y la ampliación de sus instalaciones portuarias, tiene su paso decidido hacia el turismo con la explotación del santuario de la Barca, compartiendo la actividad del Camiño de Fisterra y la apertura del nuevo parador. Y Vimianzo y Zas, y sus polígonos comerciales, entendemos que poco a poco irán cambiando su destino, racionalizando su actividad agrícola-ganadera y trasvasando activos humanos y económicos al sector servicios.

Los casos de Camariñas y Dumbría, este último especial

En Camariñas, con una renta per capita de 75.000 pesetas (en 2017: 17.427 euros), la pesca y algunas pequeñas industrias relacionadas con este sector, y en menor medida la agricultura y granjas avícolas y cría de ganados, se anteponían a la artesanía de los encajes. Hoy, convertida Camariñas en la Capital do Encaixe, la facturación de esta importante artesanía, junto con la pesca y una conservera y algunas otras pequeñas industrias, son las que dinamizan los demás sectores y trata de fijar una población que igualmente sigue disminuyendo.

Un caso especial es Dumbría. En 1980, con una renta per capita de 55.000 pesetas (en 2017: 17.850 euros), poco se decía. Era un concello agrícola y rural, con una especie de isla en un extremo del municipio, O Ézaro, que se salía del guion dedicándose a la pesca. Pero en estos 40 años que han transcurrido se instaló en su territorio una fábrica de ferroaleaciones y proliferaron los polígonos de viraventos que, con la gestión continuada y adecuada de un buen alcalde socialista, transformó aquel concello rural, aprovechando para el turismo recursos naturales como la cascada, o el paso del Camiño a Fisterra. Aun así, sigue cuesta abajo en la gráfica del número de habitantes.

Después de que se solucione la pandemia del covid-19, las comarcas de Fisterra y Soneira deben intentar dar un fuerte impulso para entrar en el nuevo futuro. La llegada de la autovía, no ya a Berdoias, sino al corazón de las tierras del Partido Judicial de Corcubión, a Cee, es, más que necesario, imprescindible. Y así no tendrían disculpa los dirigentes, actuales y futuros, para unirse y planificar el progreso de sus vecinos, asentarlos en el territorio y cambiar el gráfico de bajada continua del número de habitantes. Que así sea.

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