La devoción puede más que las restricciones en Caión y en Muxía

Los romeros siguen llegando en un goteo incesante a ambas localidades: en la localidad larachesa, ayer, fue el día grande de Os Milagres


carballo / la voz

Los caioneses recordarán el día de Os Milagres de ayer: sin misas en el santuario, sin salida en procesión... El 8 de septiembre de este 2020 se vivió de forma particular, con los oficios en el templo parroquial y límite de aforo al 50 % (80 personas), de ahí la hilera de devotos y romeros que desde primera hora de la mañana aguardan su turno para entrar a visitar la imagen. «Este ano a verdade é que non vimos tanta xente coma outros anos», valoraban algunos de los consultados. Hay, no obstante, un goteo incesante de peregrinos por las carreteras hacia la localidad. Apuntan que hay que aprender a convivir con el virus, y tener precaución. La devoción pesa más que las restricciones por el covid. Hoy, habrá misas nuevamente a las 10.00, 11.00, 12.00, 17.00, 18.00, 19.00 y 20.00. 

Ramón Pérez Barrientos, al frente de Protección Civil de Muxía y ligado a la organización de la romería de la Virxe da Barca, este año cancelada incluso en su apartado religioso, manifestaba ayer que él mismo tenía muy claro que los romeros seguirían llegando al santuario. «Chega bastante xente», indica. De hecho, desde el colectivo hicieron público un comunicado demandando precaución a los conductores y a los propios caminantes, de cara a que hagan uso de protección anticovid y de los dispositivos homologados para hacerse visibles.

«Hai anos que imos a Caión, por unha promesa»

Manuela Suárez Castro (53 años) y su hija Estefanía Brandón (26) atestiguan ese relevo generacional en las romerías de la Costa da Morte. Ambas llegaron ayer caminando a Caión desde Arteixo, de donde salieron a las nueve de la mañana, para llegar a las 11.15, aproximadamente. Explicaba la primera que ya hace años que acude andando a la Virxe dos Milagres, «por fe, por unha promesa» y que así lo hace también Estefanía de un tiempo a esta parte; cada una con su petición propia. «Se non é no propio día, coma hoxe [por ayer], pois é outro, pero todos os anos procuramos ir», explica Manuela.

Estefania y Manuela, a la izquierda, con familiares
Estefania y Manuela, a la izquierda, con familiares

En ningún momento pensaron en echarse atrás este 2020, pese a las restricciones que, como en el caso carballés, afectan al municipio larachés a causa del covid-19. «Fomos con moito coidado, e alí seguindo todo o protocolo necesario», reseña. Aunque este año no se puede tocar la imagen, y tampoco hay misas en el santuario, para ellas pesa más la devoción que todos esos cambios o que el turno que había que aguardar para entrar en el templo.

«A Barca é a nosa santa preferida, hai que ir a xunta ela»

Estiven Lema, vecino de Castro, en Vimianzo, ni siquiera tenía la mayoría de edad cuando empezó a ir andando hasta Muxía, por devoción a la Virxe da Barca. Es algo que ya hacían sus hermanas y también su madre. Como él, de 33 años, son muchos los que, siguiendo con una tradición familiar, se deciden a encaminar los pasos hacia este santuario, tal vez el más importante de la Costa da Morte. Lema lo hizo hace unos días, el domingo, junto a otros compañeros: «Cada un saíu da súa casa». Así, unos de Colúns, otros de Carnio y varios de Xora, todos ellos núcleos vimianceses. «A Barca é a nosa santa preferida, hai que ir xunta ela. E xa que non hai festa, polo menos ir andando», valora Estiven, quien incide en que la petición es genérica: «Sorte para o ano, traballo, saúde para toda a familia...». Salvo algún año que por cuestiones profesionales se encontrase fuera, procura ir siempre que puede. Este 2020, de hecho, irá incluso dos veces, porque para el próximo fin de semana prevé hacer el camino nuevamente, aunque en bicicleta.

Pese a que son muchos los que siguen animándose a este particular peregrinaje, no es la afluencia de otros años: «Nós fomos o domingo e non nos cruzamos con ninguén, só ao chegar a Muxía. O sábado disque houbera moita máis xente». Atípicas estas siendo estas fechas, cuando el entorno del templo debería estar lleno de caminantes que llegarían para escuchar la novena o alguna misa. No hay, sin embargo, ningún oficio. El templo tampoco está abierto.

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