Malestar con la abogada del asesino de Cabana por una charla antiviolencia

Esmeralda Gerpe: «Todos tenemos derecho a ser defendidos»


carballo / la voz

El 22 de junio, un jurado popular declaró a Julián Gil Pose, de 58 años, culpable del asesinato de su mujer, Ana Belén Varela, de 50, quien falleció sobre las cinco de la tarde del 19 de agosto del 2018 tras sufrir tres disparos. Para el jurado popular, el autor confeso actuó con alevosía, por lo que le aplicaron los agravantes de género y parentesco y eliminaron como atenuante, entre otros, el de estado de embriaguez. Tres días después, la Audiencia Provincial de A Coruña, siguiendo el veredicto del jurado popular, lo condenó a 26 años y medio de cárcel.

Pero Julián Gil Pose decidió recurrir el fallo. Lo primero que hizo fue cambiar de abogada. Así, Esmeralda Gerpe Rodríguez sustituye a Beatriz Domínguez en el ejercicio de la defensa, una decisión que provocó un gran malestar en el entorno de la víctima que, incluso, trasladó a las redes sociales. Además de letrada, Esmeralda es concejala de Turismo, Medio Rural y Medio Ambiente en el Concello de Cabana, cargos por los que no obtiene remuneración. Esmeralda Gerpe entró en política en junio del pasado año y ayer reiteró que su puesto en el gobierno no es incompatible con su profesión, que ejerce desde el 2004. Hay un segundo elemento que ha molestado en el entorno de la víctima (sus allegados más próximos declinaron hacer manifestaciones a La Voz).

Ahora ha trascendido que tres meses después del crimen, el 25 de noviembre del 2018, el Concello de Ponteceso organizó un acto con motivo del Día Internacional da Eliminación da Violencia Contra a Muller, que se llevó a cabo en el Edificio das Escolas. Fueron unas charlas que tuvieron en Esmeralda a una de sus ponentes. La abogada habló sobre los recursos que disponen las mujeres víctimas de violencia de género para tratar de superar estos graves episodios.

Una testigo que acudió al acto de Ponteceso aseguró ayer que la ahora abogada del asesino le dio el pésame e, incluso, departió con la madre de la víctima, Pilar Ordóñez Fraga. Para la familia resulta incompatible, desde el punto de vista ético, que no profesional, ejercer de letrada de la defensa de un hombre condenado por matar a su esposa y, por el otro, dar una ponencia sobre violencia de género.

«Esto es venir a por mí»

Esmeralda Gerpe dio ayer su versión de la ponencia: «Fue una charla a la que acudí invitada por el Concello de Ponteceso. Fui de forma gratuita y en ningún momento se analizaron casos particulares, ni judicializados ni denunciados. Estos procedimientos no fueron analizados en aquellas ponencias». La abogada mostró su gran malestar por lo que considera que se trata de una caza de brujas hacia su persona: «Soy abogada. ¿Sabéis la función que desempeña un abogado? La de defender a una persona, porque todos tenemos derecho a ser defendidos y este es mi trabajo. Llevo trabajando con casos de violencia de género desde que se publicó la ley de violencia de género. Es decir, desde el 2005. Y llevo muchos casos, con victimarios y víctimas, porque además estoy dada de alta en el turno de oficio de violencia de género desde el 2007. La ética profesional implica que todo el mundo tiene derecho a una defensa, sea por violencia de género, bien por otro tipo de hecho investigado. En una charla no doy una opinión personal, sino profesional. Algunos confunden mi ética personal con la profesional y eso se ve reflejado en algunos comentarios en Facebook. Esto es venir a por mí a nivel personal, porque no conozco a ningún abogado que solo lleve casos de acusaciones particulares, sino que también llevan defensas de personas investigadas y acusadas por todo tipo de delitos, porque nuestra ética profesional conlleva todo eso», argumentó la letrada enojada.

La defensa solicita la nulidad del fallo o la reducción de la condena a 15 años máximo

Esmeralda Gerpe Rodríguez, abogada de la defensa de Julián Gil Pose, ha interpuesto un recurso de apelación contra la sentencia de 26 años y medio de prisión por un delito de asesinato y tenencia ilícita de armas.

La letrada no pone en duda que su cliente disparó a la que fue su esposa durante tres decenios (Julián Gil Pose se confesó autor del crimen), pero en su argumentación entiende que por parte del jurado popular no se tuvieron en cuenta una serie de atenuantes. La primera, que Julián Gil Pose no tuvo «ánimo de darle muerte a su esposa».

Sobre las cinco de la tarde de aquel fatídico 19 de agosto del 2018 se produjo una discusión en la pareja y ambos entraron en la vivienda. Apenas dos minutos después se produjeron los disparos. Según la defensa, «con las pruebas forenses realizadas y obrantes en las actuaciones no existió violencia previa a los disparos». Es decir, Julián Gil Pose actuó «por obcecación, en un arrebato momentáneo y sin ser plenamente consciente de lo acaecido».

Sin intención

En la declaración realizada dos horas después del crimen, y según la abogada, el condenado aseguró que su intención era arreglar de una vez por todas los problemas con su mujer y que no tenía intención «de causar ningún mal», pero acusó a Ana Belén de haberle sido «infiel».

La letrada negó en su escrito que Julián Gil Pose infligiera a su mujer maltrato (en todas sus vertientes y variantes) de manera habitual y mucho menos que ejerciera un férreo control sobre Ana Belén: «Ha quedado acreditado, siendo reconocido por todos y cada uno de los testigos, que la víctima mantenía una relación extramatrimonial desde hacía más de cinco años», y que en su entorno más próximo todos «eran conocedores» de esta situación, y que Julián Gil Pose se enteró de esta relación «dos meses antes» del crimen.

La defensa también apuntó hacia las declaraciones aportadas en el juicio por la familia de la víctima, testimonios que Esmeralda Gerpe calificó de «inveracidad», con la intención «entendible hasta cierto punto, de que la condena fuera lo más elevada posible, pero faltando a la verdad», dejando claro la letrada que su representado «nunca maltrató, de palabra ni de obra, a la que fue su esposa».

«Falso testimonio»

Sobre los testimonios de los testigos de la víctima, la defensa les atribuye términos como «claramente aleccionados» y que «el falso testimonio constituye una infracción penal».

Según ella, las declaraciones contradicen «los hechos acreditados, admitidos, y declarados con anterioridad durante la instrucción de la causa».

En el recurso de apelación, un escrito de 14 folios, la abogada también hace mención a una serie de elementos probatorios que ni el jurado popular ni la magistrada de la sección segunda de la Audiencia Provincial tuvieron en cuenta a la hora de dar el veredicto.

Según la defensa, además de no ser un maltratador y de haberse enterado de que su mujer le era supuestamente infiel con otro hombre, en la sentencia no se tuvieron en cuenta los atenuantes de «arrebato u obcecación», «reparación del daño» y «embriaguez (tasa de alcohol de entre 1,46 y 1,74 en el momento de los disparos)» del condenado.

Mensaje

Y, sobre todo, que no hubo premeditación a la hora de perpetrar el crimen, toda vez que el mensaje de wasap enviado a un allegado de Julián Gil, en el que pide perdón y solicita ayuda para los dos hijos de la pareja, fue enviado después de efectuarse los tres disparos y no antes, lo que, a juicio de la defensa, es sinónimo de que no fue un crimen premeditado.

Por todos estos hechos, la defensa solicita en su escrito de apelación la nulidad de la sentencia «por vulneración de los derechos de la defensa». En caso de que la sala no acuerde la nulidad del fallo, la letrada pide la revocación del fallo. «Teniendo en cuenta la inexistencia de dos agravantes, así como la existencia de las atenuantes» reclama una condena «no superior a 15 años de prisión por la agresión, con consecuencia de muerte» de Ana Belén Varela Ordóñez.

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