Santiago Trigo, de la Panadería Forno Novo, en Malpica y Carballo: «Ía para xoieiro e acabei sendo panadeiro»

Sus padres se metieron en el sector en los años 60 sin saber hacer pan


Carballo / La Voz

«Ía para xoieiro e, nun abrir e cerrar de ollos, acabei sendo panadeiro». Habla Santiago Trigo Mira (Cances, 1945), la segunda generación de la Panadería Forno Novo de Malpica. Esta frase resume muy bien la historia de este negocio. Sus padres, Venancio y Josefa, de Sísamo y Cances, respectivamente, se dedicaban a la agricultura en Liñeiro, lugar de la segunda parroquia de Carballo mencionada. «Pero a terra non daba moitos cartos e un amigo que tiñan comentoulles que en Malpica había unha panadería pechada que buscaba xente que a collera», comenta el que fue el gerente hasta hace poco (ahora está jubilado a sus cerca de 75 años) junto a su mujer, Carmen García, que, al contrario, sigue en activo. Así fue como en el año 1961, sin tener idea de cómo se hacía el pan, esta familia se aventuró a adentrarse en el sector. En realidad, empezaron a cocer al año siguiente. Ese primero fue de obras. Algo curioso es que el nombre del negocio se lo pusieron los vecinos: «Eramos novos en todos os sentidos, e bautizaron a panadería así», cuenta Santiago. Esto fue, en cierto modo, un adelanto de la relación que posteriormente mantendría el Forno Novo con el pueblo: siempre echando una mano en todas las iniciativas, ya fuesen deportivas, festivas...

Les costó esfuerzo arrancar, pero mereció la pena. «Eu tiña 16 anos e estaba aprendendo a xoieiro, pero nun abrir e cerrar de ollos, meus pais cambiáronme os plans», recuerda entre risas Trigo, quién ahora repara en que, prestando atención a su apellido, ya estaba «predestinado» a ser panadero. «Meus pais tiveron que buscar un panadeiro para que lles ensinara rápido, se non o negocio non daba para chegar a final de mes», relata. Junto a su otra hermana, Maruja, que le lleva casi dos años, también fueron aprendiendo el oficio de panadero. El tercer hermano, Moncho, era más pequeño y fue a la escuela. Tiempo después, este carballés que se crio prácticamente en Malpica, reflexiona: «A xente tivo que ter moita paciencia, porque un día o pan saía ben, e dous, mal, pero pouco a pouco fomos indo e mellorando cada día». Y aporta un dato: «Naquel momento as demais panaderías do núcleo urbano non facían barras, só pan. Pararan de facelas por un tempo. Nós tiramos por ese lado e foinos ben, pois chegamos a vender máis barras ca pan». Lo de esta panadería tiene su mérito, pues cuando despegó sin nunca antes sus dueños estar ligados al sector, recuerda Santiago que había otras nueve, solo en la parroquia de Malpica, entre establecimientos y personas que elaboraban pan en sus casas para la posterior venta. Hoy en día, y pese a todos los obstáculos que se toparon por el camino, es la más grande del municipio e, incluso, con otra sede en Seaia y una tercera en Carballo. La más longeva es la de Malpica, que anda cerca de los 60 años de antigüedad; le sigue la de Seaia, creada en el año 2000, siendo así la de Carballo la más reciente, del 2007. «Aquí en Malpica cada vez os habitantes ían a menos e Carballo parecíanos un bo sitio. Ademais, a xente xa nos coñecía, ben por vir á praia ou pola Festa do Pan», cuenta este panadero al que, años después, no le gana nadie en experiencia acumulada de cómo tratar la masa.

Con 25 años, Santiago se casó con Carmen García Fernández, de Langueirón (Ponteceso), y tiempo después tomaron los mandos del negocio. También en esta ocasión Carmen dejó de ser peluquera para hacer crecer la empresa panadera. En este caso, en la línea pastelera. Tanto ella como su marido hicieron cursos de formación en Vigo y Barcelona para ofrecer a sus clientes un producto mejor. Hoy en día, sus hijos Carlos y Santi, y la mujer de este último, Silvia Rodríguez, se van preparando para tomar el relevo. De hecho, en cierto modo, ya lo están haciendo, algo que llena de orgullo a sus padres, y en el caso de la nuera, a los suegros. Son en total cinco hermanos: dos hijas a mayores de los mencionados y uno fallecido. En realidad, todos tuvieron relación con la panadería en algún momento. Santiago y Carmen tienen cuatro nietos. Está por ver si habrá una cuarta generación de la Panadería Forno Novo.

A Santiago, lo que siempre más le gustó hacer fueron las empanadas, en las que trabajó hasta ofrecer una muy amplia variedad. Destaca el pan de Bergantiños frente al de otras zonas: «Hai moi bo pan aquí pola calidade do trigo e da auga». Como el mejor secreto de su elaboración destaca la «fermentación larga».

Fue presidente de la comisión de fiestas de Malpica desde el año 1998 hasta el 2011 y tiene un bar

Recuerda que por la panadería pasó mucha gente: «Agora haberá sobre uns 25 traballadores, pero cando tivemos o bar seriamos 30 e pico». Y es que Santiago y su mujer crearon hace más de diez años la cafetería Santiago Apóstol, en el propio pueblo malpicán para su hija Pamela, aunque hoy en día está alquilada a otras personas. Ya en su día, Venancio y Josefa tuvieron una taberna en las propias instalaciones del Forno Novo. Santiago, además, fue presidente de la comisión de fiestas de Malpica desde el año 1998 hasta el 2011: «Propuxéronme os hostaleiros o cargo e por botar unha man dixen que si», cuenta. Fueron años en los que la Festa dos Casados estuvo en auge con el llamativo roscón de 25 metros donado por la propia panadería. «Tamén me dixeron de entrar en política, pero non quixen polo negocio», añade. A día de hoy colabora con numerosas entidades. «Sempre me gustou botar unha man para que o pobo fora para arriba», explica.

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