«Temos oito enfermos que non son recuperables tras 5 meses de covid»

En Íntegro, Afaber y Aspaber hablan ya de «dependientes con serios retrasos cognitivos»


Carballo / la voz

Mañana jueves se cumplirán cinco meses del anuncio por parte del Gobierno del estado de alarma y confinamiento de la población. Un estado de alarma que se dio por finiquitado el 21 de junio y que trajo consigo la denominada nueva realidad. Pero la expansión del covid-19 en todo el área sanitaria de A Coruña e Cee en las últimas jornadas ha obligado a la Xunta a decretar el cierre de los centros de día y a prohibir las salidas y visitas a las residencias de ancianos hasta nueva orden, lo que agudiza las secuelas físicas, y sobre todo psíquicas, de las personas con mayor grado de dependencia.

La preocupación es máxima en colectivos como Afaber, Aspaber o Íntegro. Hasta tal punto que en estas entidades asistenciales hablan ya de decenas de «usuarios dependientes con serios retrasos y problemas cognitivos». En la Asociación de Familiares de Enfermos de Alzheimer de Bergantiños (Afaber) la preocupación es máxima, según relató Jesús Villar. «Levamos pechados dende o 14 de marzo e tiñamos previsto reabrir o vindeiro luns, día 17, e agora temos que seguir así ata nova orde. Temos 42 usuarios enfermos, pero oito xa non son recuperables, acumulan un retraso cognitivo tan acusado que non podemos facer nada por mellorar a súa situación. E por riba temos xa cinco familias que queren traer ata Afaber a outros familiares con síntomas en fase inicial, e non sabemos como imos facer porque isto vai para longo», argumentó Jesús Villar, quien lamentó que a estos centros no se les tenga en cuenta a la hora de tomar decisiones importantes: «Nós non somos bares, temos xente que nos necesita, non só os enfermos. Agora veño da asesoría porque tivemos que enviar ás 4 traballadoras de novo ao ERTE».

Incertidumbre

En similares términos se expresó el presidente de Íntegro, Adolfo López Baña: «Pechamos o 13 de marzo e íamos reabrir este luns ao 50% da capacidade, é dicir, con vinte usuarios. Agora con este peche temos a corenta persoas dependentes que non sabemos cando as poderemos tratar con normalidade, xa que nestes cinco meses o que fixemos foron visitas domésticas e atencións individualizadas. Pero preocúpanos varios pacientes, que acumulan un gran retraso cognitivo». Y añadió: «Esta semana traballaremos por videoconferencia, pero non sabemos aínda como faremos a vindeira semana».

«A nosa idea é poder reabrir o un de setembro, pero non sabemos se o poderemos facer, e en que condicións»

En la Asociación de Padres de Personas con Discapacidad Intelectual (Aspaber), Dolores Fernández García señaló que son 135 los usuarios, repartidos en la residencia y los centros de día, ocupacional y educación: «A nosa idea é poder reabrir o un de setembro, pero non sabemos se o poderemos facer, e en que condicións. Estes cinco meses traballamos con programa Aspaber na casa, pero a realidade é que non é o mesmo que se o usuario ten un seguimento continuado e individualizado no propio centro. A pandemia provocou en varios casos un retraso na parte cognitiva e psíquica do enfermo».

También las residencias

Las restricciones también llegan a las residencias de mayores de la Costa da Morte. Es el caso de la DomusVi de Vimianzo, un centro con 150 mayores y 80 trabajadores. El director, Rodrigo Ríos Fagundo, recordó que la norma prohíbe la salida de los usuarios y las visitas de los allegados: «Decidimos repartir a nuestros mayores en cinco grupos, en función de su grado de dependencia. Así, si hubiera un positivo evitaríamos una propagación del virus por toda la residencia y podríamos trazabilizar el origen de un posible brote». Eso sí, lamentó que esta nueva realidad afecte a un colectivo especialmente sensible: «Esto se está complicando gracias a que mucha gente no hace las cosas bien». Rodrigo Ríos explicó que estas «lógicas restricciones» trae secuelas «anímicas y cognitivas» entre los mayores de la residencia DomusVi: «Es muy complicado explicarle a un usuario que no es tan dependiente y que puede hacer una vida relativamente normal que no puede salir a la calle por culpa de la incidencia del covid-19, y lo que es peor, que tampoco puede recibir visitas. Tienen mucho miedo a morir solos sin despedirse de los suyos».

Males todos

Tan claro es que las medidas de los cierres, por dolorosas que sean, se toman para prevenir o evitar males mayores, como que esas mismas clausuras o prohibiciones de salidas tienen con secuencias negativas para algunos usuarios. A la vista está, pero como en todas las dificultades hay que optar entre el mal mayor y el menor, ninguno bueno. Los centros de día cumplen una función vital para centenares de personas de la comarca, pero en estos tiempos tan convulsos hay que elegir y renunciar.

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