Segunda oleada de cancelaciones de bodas en la Costa da Morte

El uso obligatorio de la mascarilla y la aparición de rebrotes son los causantes


carballo / la voz

Desde la llegada del virus en marzo, los restaurantes de la comarca sufrieron numerosas cancelaciones de eventos que tenían previstos para los meses siguientes, siendo los más recurrentes las bodas, por la cantidad de gente que reúnen. Una gran parte de ellas ya se pospusieron al próximo año. Otros muchos optaron por retrasarlas a los meses de verano e, incluso, de otoño, contando con que la pandemia tuviese una evolución favorable o, al menos, dejara un período de respiro en julio, agosto y septiembre. No obstante, con la entrada en vigor del uso obligatorio de la mascarilla y la aparición de rebrotes en el país, los negocios, entre los que se incluyen también fotógrafos, floristas, tiendas de ropa y peluquerías, están viviendo una segunda oleada de suspensiones, que no solo conllevan la pérdida de ingresos, sino también la eliminación de puestos de trabajo que se creaban expresamente para estos eventos. Y lo que es peor: las previsiones de cara al 2021 no son mejores.

Estos profesionales no tienen claro que los festejos vayan a celebrarse finalmente el próximo año entre los más que temidos rebrotes y la falta de una vacuna. Por no hablar de un posible nuevo confinamiento y que los bolsillos de sus clientes sufran la crisis económica derivada del covid. Pese a ello, quieren ser optimistas y confiar en que la situación mejore.

Las contrataciones se están aplazando, en la inmensa mayoría, para el verano, aunque también son muchos los que apuestan por los meses previos de abril y mayo. De esta manera, en caso de finalmente poder celebrarlas, será un año lleno de bodas de principio a final. De hecho, ya se están adelantando las reservas para el 2022 por este mismo motivo.

Esta tendencia supone un nuevo revés para los establecimientos. Sobre todo, para aquellos que estaban comenzando su andadura, como es el caso de la nueva gerencia del Aldeola, en Malpica, u otros que vienen de realizar una gran inversión en reformarse. Sucede en el Punta del Este carballés. En general, para todos, pues incluso en las ceremonias que persisten, la mayoría se inclina por reducir drásticamente el número de comensales para que sean más seguras. Las personas de edad avanzada directamente se bajan del barco, aseguran desde A Lagoa, en Vimianzo, desde donde también dan cuenta de la importancia que tienen estos eventos en la facturación anual.

La anécdota de este período que vivimos la aporta Foto Lolas-Xesús Búa en Muxía. Ahora los novios piden expresamente hacerse una foto con las mascarillas para guardar para el recuerdo lo que ya es una época que queda grabada para la historia.

Las suspensiones

  • 50 %

En Aldeola

El otro 50% de las contrataciones en bodas sigue para delante, aunque con reducción de invitados.

  • 80 %

En A Lagoa

El 20% restante se mantiene para agosto y septiembre, pero los comensales pasaron de 200 a 120.

  • 90 %

En Foto Lolas-Xesús Búa

Solo un 10 % se celebrarán, aunque con poco más de diez invitados y por imposibilidad de cancelación.

«A xente non quere estar coa máscara 24 horas»

Habla Alejandro Morás, director del Punta del Este carballés

«Está habendo unha segunda onda de cancelacións de vodas moi grande, e a nós estanos afectando moito». Así de rotundo es Alejandro Morás, el director del Punta del Este carballés, que de las numerosas ceremonias que tenían contratadas para estos meses solo se quedaron con dos en agosto. «Ao principio da crise déronse as primeiras suspensións, e cando a Xunta decretou o uso obrigatorio da máscara incluso dentro dos locais foi cando chegou a segunda remesa de cancelacións, porque a xente non quere estar coa máscara as 24 horas do casamento. É máis por iso que polos rebrotes», relata.

Por el momento mantiene alguna prevista para finales del año, aunque a expensas de cómo evolucione la pandemia. Sobre las pospuestas para mayo, abril y junio del 2021 teme porque se vuelvan a aplazar: «Visto o visto, a situación pode ser a mesma. Isto é un descontrol», dice con resignación.

En el caso de este hotel y restaurante, la pandemia los cogió en plena reforma, algo que ahora los pone más entre cuerdas: «Fixemos unha inversión elevada pola proxección que tiñamos de cara a todos estes meses, porque o noso negocio no verán e no outono vive moito das vodas e dos eventos en xeral. E afectounos e afectaranos moito».

No solo los dueños sufrirán las consecuencias del parón de las bodas, sino también los numerosos empleados que solían contratar por estas fechas para reforzar la plantilla: «No verán o noso persoal duplicábase. Faciamos moitas contratacións. Agora mesmo temos a mesma xente que no inverno. Non fixemos ningunha contratación máis». Al contrario, en el hotel notaron menos el impacto.

«Xa estamos anotando vodas para o 2022»

Lo cuenta Xesús Búa, desde su negocio en Muxía, Foto Lolas

Los fotógrafos son otros de los grandes perjudicados por las cancelaciones de bodas y otros eventos. Xesús Búa, desde su negocio en Muxía, Foto Lolas, describe la realidad que están viviendo: «No noso caso, practicamente o 90 % das vodas que tiñamos pasaron para o ano que vén. Quédannos tres que xa as fan porque lles é imposible cancelalas, pero son de dez-quince persoas. Só van pais e irmáns».

En estos momentos, tras el frenazo del covid, se encuentran entregando trabajos que tenían atrasados por este motivo. Es por ello que por el momento dicen que van «aguantando o alento». Pero ya deja entrever un futuro próximo muy negro: «O peor vai vir para o ano que vén, porque de novembro a xullo non imos ter entradas». Y es que al igual que los restaurantes, gran parte de su trabajo se concentra en los meses de estío con la celebración de eventos varios.

La parte positiva es que ya están anotando bodas para el 2022: «A xente que ía casar no 2021-2022 vese agora cun problema coa cantidade de vodas aprazadas para o próximo ano, e xa reservan. De feito, hai restaurantes que xa están ofertando descontos por casar un venres». Por todos estos motivos, el fotógrafo, que justo ayer cumplió 30 años de trabajo con Foto Lolas, resume este período como «un baile de estrés».

Al igual que en otros negocios, por el verano solían incrementar la plantilla. Eran cinco trabajando, e incluso llegaron a ser siete. Este año estarán los tres habituales del estudio.

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