La tripulación del Armistice se amotinó en la ría de Corcubión

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CARBALLO

Crónica histórica | Los tripulantes estaban borrachos y tuvieron que ser reducidos por la Guardia Civil

30 jun 2020 . Actualizado a las 05:00 h.

El día 7 de noviembre de 1927 hacía su entrada en la ría de Corcubión un vapor que aparentemente en nada se diferenciaba de otros que frecuentaban la ría. El motivo de su arribada era debido al mal tiempo reinante en la costa y la necesidad de rellenar sus carboneras. Sin embargo, tenía una característica que lo diferenciaba: su casco no era ni de hierro ni de madera, sino que había sido construido en ferro-cemento, en su momento un sistema novedoso de construcción, aunque no demasiado exitoso.

El nombre del vapor en cuestión era Armistice, de bandera inglesa, y perteneciente a la matrícula de Londres, construido en ferro-cemento en el año 1919, en el astillero Ferro Concrete Ship Construction Co de Barrow In Furness.

Según informaciones de la época, su armador había decidido deshacerse de él, ya que debido a su inusual sistema de construcción era difícil conseguir tripulaciones dispuestas a embarcarse, y lo había vendido para ser utilizado como deposito flotante de carbón.

Para este viaje, el armador había conseguido contratar una variopinta tripulación de dudosa reputación. Estaba compuesta por 18 marinos bajo el mando del capitán Hogotedt.

Procedía del puerto de Cardiff y se dirigía hacia el muelle de Lobito (Angola) con cargamento de carbón, donde sería entregado a sus nuevos armadores y donde quedaría fondeado como pontón carbonero.

En la noche del día 10 de noviembre la tripulación del vapor, que se encontraba amarrado en la ría, se sublevó. Habían solicitado poder bajar a tierra, pero él capitán -conociendo la clase de personajes que tenía bajo su mando y con el fin de evitar problemas en tierra- denegó la petición. Aprovecharon el momento en que el capitán y el primer oficial habían bajado a tierra para dirigirse al puerto de la fábrica de carburos. Una vez ausentados de abordo, redujeron al segundo oficial, que había quedado al mando, asaltaron la cámara de oficiales rompiendo toda la documentación que se encontraron, asaltaron la despensa, donde se apoderaron del alcohol existente, y ocasionaron cuantiosos destrozos en el camarote del capitán.

Una vez encerrados el segundo oficial y los maquinistas, dieron buena cuenta del alcohol que habían sustraído de la despensa (según periódicos de la época, se llevaron hasta veinte botellas de Whisky, doce de licor Benedictine y otras más de diferentes tipos de alcohol), agarrando una monumental melopea y convirtiendo el vapor en un campo de batalla donde dieron rienda suelta a todo tipo de desmanes.

Ocho tripulantes detenidos como resultado

Cuando el capitán y el primer oficial regresaron a bordo, acompañados por el maquinista del vapor español Alberto, que habían conocido en el puerto de Brens y al que habían invitado a visitar su barco, comprobaron nada más pisar la cubierta en qué se había convertido el vapor de su mando. No tardaron en ser agredidos por los soliviantados miembros de su tripulación al percatarse de su regreso a bordo, por lo que, para evitar males mayores, decidieron tirarse al mar para escapar y avisar a las autoridades.