A la central térmica de Meirama le quedan tan solo 72 horas de vida

ECONOMÍA | En las instalaciones ya no queda carbón con el que alimentar la maquinaria


carballo / La Voz

El próximo martes, día 30 de junio, es decir, dentro de 72 horas, la central térmica de Meirama, propiedad de Naturgy (antigua Unión Fenosa), dejará de esta operativa tras 40 años de actividad de forma ininterrumpida. Esta planta, que puso a Cerceda en el mapa económico y social gracias a una elevada renta per cápita de Galicia, muy por encima de la media autonómica, tendrá que afrontar, cuando la multinacional obtenga los permiso de Industria, el plan de desmantelamiento, que conllevará una inversión de 13,7 millones de euros y un plan previsto de ejecución de entre 3 y 5 años, según los cálculos de la empresa.

En la multinacional ya diseñaron en su día un plan de adecuación de la plantilla, que prevé que casi 40 de los 77 empleados seguirán vinculados a la empresa, bien participando en los trabajos de desmantelamiento, bien reubicados en otros centros de trabajo de la compañía. El resto de los empleados en nómina se desvincularon, o lo harán en breve, mediante salidas pacatas, es decir, prejubilaciones.

En lo que se refiere a los trabajadores pertenecientes a empresas auxiliares, Naturgy hará lo posible para favorecer la contratación, tanto en los trabajos de desmantelamiento como en el desarrollo plan alternativo.

El que fue presidente del comité de empresa hasta hace pocos meses y representante de la CIG, Bautista Vega Tato, siempre defendió la viabilidad económica y técnica de la planta de Meirama. Alegó que los costes de producción del megavatio eran inferiores a, por ejemplo, a la generación de energía a través de las denominadas industrias limpias, debido al uso de un carbón de importación, de mejor calidad y poder calorífico que el denominado carbón nacional, y además, a un coste inferior.

El puerto y el ferrocarril

La merma en el empleo no solo afectará a Cerceda y al resto de la comarca de Ordes, sobre todo en lo que son los servicios externos y la industria auxiliar, sino también al propio puerto de A Coruña, a donde llegaba el carbón en barco procedente de Estados Unidos y Sudáfrica. En el comité de empresa calcularon en su día que con el cierre de la térmica se vería afectado en torno al 10% del empleo total que genera la dársena herculina. De hecho, Bautista Vega Tato apuntó ayer que en el complejo cercedense ya no queda carbón alguno para quemar. Un dato que sustenta este golpe económico es que la estación de San Diego se queda sin su principal cliente.

Y es que desde esta terminal ferroviaria, situada en las inmediaciones de la avenida del Ejército, se enviaban cada día hasta Cerceda entre 6.250 y 7.500 toneladas de carbón, con una facturación anual a favor del Puerto de 1,1 millones de euros.

El próximo martes la planta dejará de producir energía y con respecto al inicio del plan de desmantelamiento, en Naturgy señalaron que permanecen a la espera de tener la documentación aprobada y firmada por Industria para el inicio de los trabajos. El coste total de los trabajos ronda los 13,7 millones de euros y el plan de ejecución oscilará entre los 3-5 años. Posteriormente Naturgy construirá dos parques eólicos, que suman 70 megavatios, y algún que otro proyecto adicional, todavía en fase de estudio.

Adiós definitivo a un símbolo de la historia reciente de Cerceda

El cese de la actividad en la planta de Meirama supondrá el adiós definitivo a 40 años de matrimonio entre la central térmica y el Concello de Cerceda. Un matrimonio que, como todos, tuvo sus altibajos, pero que, en general, sirvió para sacar al municipio del ostracismo económico y social para convertirlo en un referente industrial en Galicia.

La relación no es que empezara precisamente bien. El inicio de la actividad minera tras el descubrimiento de la denominada veta de Meirama -que en realidad transcurre por la parroquia de As Encrobas- derivó en las revueltas vecinales de comienzos de 1977, lideradas por el párroco Moncho Valcarce, y que tan bien recoge el archivo del Museo da Minería de Meirama, en la antigua estación ferroviaria. Aquellas revueltas acabaron con más de 40 detenidos y con muchas expropiaciones forzosas.

La central térmica empezó a operar a finales de 1980 y aquel concello rural daba el paso hacia la industrialización. Cerceda empezaba a ser noticia porque la renta per cápita del municipio empezaba a ser de las más elevadas y todo ello gracias a la mina y a la producción de energía mediante el carbón. Esta opulencia se vio reflejada en algunos aspectos como cuando el Concello compró Mercedes para que la Policía Local realizara labores de vigilancia.

En 1998 nacía Sogama y en 1999 lo hacía el polígono de O Acevedo. Cerceda tenía por aquel entonces una tasa de paro por debajo del 5%, algo insólito para un con que por aquel entonces tenía un censo de 7.000 vecinos.

En el 2008 la actual Naturgy, antigua Unión Fenosa, cerraba la mina comenzando así los trabajos de regeneración del entorno, que incluyó un precioso lago de 2,2 kilómetros de longitud casi uno de ancho y 200 metros de profundidad máxima. La primera grave crisis llegó en el 2010 cuando el Gobierno, para salvar la minería, decidió premiar aquellas plantas que utilizaban carbón nacional en detrimento de las que usaban materia prima de importación. El riesgo de cierre era evidente. En Cerceda trabajan por aquel entonces 200 personas. En el 2012 aquel decreto se tumbó y Meirama empezó a crecer, eso sí, lejos de su capacidad máxima: 580 megavatios hora. La carga de trabajo fue a más hasta que a finales del 2018 cuando se habló de cerrar la planta. Pero fue en octubre del pasado año cuando se fijó la fecha de cese de actividad: 30 de junio del 2020.

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