«No pudo defenderse, la agarró por detrás, por el pelo, y le disparó tres veces»

Antonio Longueira Vidal
Toni Longueira CARBALLO / LA VOZ

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Cabalar

Juicio por el crimen de Cabana | Los peritos confirman que Ana Belén Varela no tuvo opción de escapar del agresor

18 jun 2020 . Actualizado a las 05:00 h.

Según van transcurriendo las jornadas del juicio abierto -con jurado popular- contra Julián Gil Pose, de 58 años, por la muerte en la tarde del 19 de agosto del 2018 de su esposa, Ana Belén Varela Ordóñez, de 50 años, como consecuencia de tres disparos efectuados con un revólver, familiares, guardias civiles y peritos desmontan poco a poco los argumentos ofrecidos por el acusado, y autor confeso, del crimen en la mañana de este lunes en la sección segunda de la Audiencia Provincial.

Si este martes fueron los hijos del matrimonio, Ivana y Edgar, los que tumbaron la versión de Julián Gil de que la relación de pareja era relativamente buena, asegurando ambos que la madre sufría de forma habitual insultos, amenazas, humillaciones, menosprecios y que era ninguneada, ayer fueron los agentes de la Guardia Civil encargados de llevar la investigación los que confirmaron que la víctima no tuvo opción alguna de defenderse de su agresor.

Uno de los agentes encargados del caso descartó, además, que Julián Gil Pose estuviese bajo los efectos del alcohol, pese a que el acusado aseguró en su testimonio de este lunes que había consumido al menos «ocho vinos y media botella de crema de orujo» horas antes del crimen. De hecho, la defensa apuntó que en la prueba de alcoholemia realizada en sangre arrojó una tasa de 1,47.

Este uniformado explicó al jurado popular, que el agresor «posiblemente le sujetó el cabello», además de confirmar la existencia de tres disparos, uno de ellos, según explicó, con un arma sobre el cuerpo y otro «a una distancia muy corta de la víctima».

Como ya habían declarado previamente otros compañeros, este guardia civil expuso, según la versión trasladada por allegados directos, que la víctima, casada con el acusado desde hacía unos 30 años, tenía intención de divorciarse «de manera inmediata», por lo que ya habría decidido, y así se lo había comunicado a los dos hijos aquel mismo 19 de agosto del 2018, abandonar el hogar conyugal, situado en el número 14 de Tras da Agra, en la parroquia de Canduas (Cabana). Pero recibió «los disparos por la espalda y no pudo defenderse».

«No se observan señales de lucha», añadió otra agente que participó en la investigación. «No», contestó otro de los guardias civiles que intervino en la inspección ocular al ser preguntado por la Fiscalía si había señales de lucha en la casa. Este agente y otro compañero han ratificado esta misma versión.

Ahora bien, ¿cómo se pudo perpetrar el crimen? Ana Belén, cansada de discutir con su marido se metió en la casa. Escasos segundos después lo hizo Julián Gil Pose. A la altura del hall, es decir, muy cerca de la entrada principal, el acusado habría agarrado a la víctima por el pelo antes de dispararle tres tiros. Dos con trayectorias ascendentes, con orificio de entrada a la altura de los riñones y de uno de los pulmones, respectivamente. El tercero fue en la cabeza, de trayectoria descendiente, con orificio de entrada y salida. El casquillo de esta última bala fue localizada en el marco de una ventana del baño.

Restos de ADN

Los peritos no encontraron restos de ADN del agresor en las uñas de la víctima ni tampoco erosiones propias de haberse producido un forcejeo. Sí que encontraron restos de ADN de Julián Gil Pose en un gran mechón de pelo, propiedad de Ana Belén, localizado junto al cuerpo, lo que confirmaría que fue agarrada por detrás, por el pelo, antes de recibir los tres disparos. La abogada de la defensa, Beatriz Domínguez, preguntó a uno de los agentes si estos restos de ADN en el pelo podrían deberse a que ambos dormían juntos. La respuesta del guardia civil fue tajante: «No encontramos restos de ADN del acusado en el pelo de la víctima salvo en ese mechón suelto».