«Mi madre estaba en el suelo y mi padre estaba justo detrás, levantando el arma»

Sigue el juicio por la muerte de Ana Belén Varela: «Mi madre estaba súper enamorada y mi padre hacía siempre lo que le daba la gana, siempre la ninguneaba»


Carballo / La Voz

La versión casi idílica de relación que Julián Gil Pose decía mantener con su mujer, Ana Belén Varela Ordóñez, la mujer de Cabana que falleció en la tarde del 19 de agosto del 2018 como consecuencia de tres disparos a bocajarro, quedó desmontada ayer en la Audiencia Provincial durante la celebración de la segunda jornada del juicio.

Los dos hijos de la pareja y familiares directos de la víctima ofrecieron sus versiones. Ivana, hija de Julián y Ana Belén, ofreció un testimonio claro y conciso de la relación que mantenían sus progenitores: «Mi madre estaba súper enamorada y mi padre hacía siempre lo que le daba la gana, siempre la ninguneaba. Hacía comentarios en alto del tipo que él era el que traía el dinero a casa... Como si solo trabajara él». Estos supuestos desprecios los «hacía delante de cualquiera» y eran del tipo «eres una inútil» o «no vales para nada».

Estas presuntas amenazas también iban hacia el amante. Ivana relató ayer un episodio ocurrido el día del crimen. «Estaba en la ducha, preparándome para ir a trabajar y escuché una discusión entre ellos, era algo habitual que lo hicieran. Y escuché a mi madre decir algo así como ‘Ahora sale el Julián de verdad, ¿ahora a quién vas a matar tú?’ Pensé que, por el contexto de la conversación, se dirigía a ella y les fui a llamar la atención. Mi padre vino entonces a junto de mi y me comentó: «‘Le dije en broma que le iba a matar al querido y no veas como se enfadó’». La versión de su hermano fue en la misma dirección. En la sala llegó a decir que su padre se refería a su madre en términos muy duros: «Le llamaba: ‘Zorra, zorra, zorra...’ Y ella le contestaba: ‘Putero que eres un putero’».

Los dos hermanos también hablaron de lo ocurrido en la tarde del 19 de agosto del 2018. Ivana ya había regresado de trabajar y estaba en el domicilio familiar y Edgar se encontraba viendo la televisión en la parte de arriba de la casa, después de haber logrado que la tensión entre sus progenitores se hubiera disipado.

«Mi padre se puso la pistola a la altura de la cabeza, se la quité y lo empujé al salón»

«Mi madre estaba fuera, en las escaleras, y al entrar en casa fui a la nevera para tomar algo porque hacía mucho calor. Después salí para fuera, junto a mi madre», apuntó Ivana Gil. También salió Julián y se sentó cerca de ambas. «Mi padre empezó a decir cosas, pero yo no le entendía muy bien lo que decía. Y mi madre le dijo: ‘Venga Julián, no molestes a la niña que acaba de llegar’». Sobre lo que supuestamente refunfuñó el padre, apuntó: «Mi madre dijo: ‘Nada, que si mis hijos no saben que su madre es una puta no se queda tranquilo’». Los reproches e insultos eran una constante, por lo que la joven cortó por lo sano: «Les dije que si querían discutir, que lo hicieran dentro». La primera en salir fue su madre y su padre le siguió segundos después.

«Dos minutos después» Ivana escuchó «un golpe seco», como si una tabla cayera al suelo. «Fue muy fuerte y muy cerca. Me levanté. Me quedé helada. Y entonces escuché a mi madre. Bajé las escaleras y justo antes de llegar a la puerta escuché otro golpe seco. Las puertas estaban abiertas y vi a mi madre en el suelo. Mi padre estaba justo detrás, levantando el arma. Mi madre estaba tendida en dirección a la puerta, en el hall, con el cuerpo boca abajo y con la cabeza pegada a la pared. Y dije, ¡Dios, un arma! No asociaba todo aquello a un arma, y justo en ese momento llegó mi hermano, que estaba en el piso de arriba. Mi padre se puso el arma la altura de la cabeza y mi hermano se la quitó de la mano y lo empujó hacia el sofá del salón, dejando el campo de visión libre y mi padre dijo: ‘Le acabo de disparar, leva catro anos vacilándome’». Ivana dijo en la sala haber escuchado «dos golpes secos», aunque los forenses apuntan a tres disparos.

Ruidos

Edgar Gil relató que bajó corriendo al escuchar los gritos de la madre y un ruido, «como si fuera de una tabla». Antes de llegar a la planta baja escuchó «otro ruido». Abrió la puerta y ya se encontró a su padre «de espaldas», pero de frente a la entrada principal, apuntándose con el arma a la cabeza. La madre estaba tendida delante del padre, a unos dos metros, boca abajo. Edgar actuó de forma instintiva y arrebató el arma a Julián y lo empujó hacia el salón. «Cogí el arma y me la llevé conmigo, lejos del alcance de mi padre, y me puse a ayudar a mi hermana en la reanimación hasta que llegaron las emergencias». Por desgracia, los sanitarios solo pudIeron certificar la muerte de Ana Belén Varela Ordóñez. Tenía 50 años. Entre que llegaron el 061, allegados y la Guardia Civil el joven explicó que su padre se mostró en todo momento «tranquilo»: «Me pidió que lo matase. Me dijo: ‘Edgar mátame, mátame’». Luego le pidió un cigarrillo, un café, que lo dejara marchar...».

Sobre si Julián logró enviar un wasap a un allegado en el que pedía perdón por lo ocurrido, ni Ivana ni Edgar pudieron precisar si ese mensaje se llegó a enviar antes o después del crimen.

«No quería perder a mi madre, quería recuperarla, pero ella tenía intención de divorciarse»

Fiscalía y acusación particular hicieron referencia en varios momentos al período que va desde el 1 de agosto del 2018, fecha en la que Julián Gil Pose regresó del extranjero, para solicitar la baja medica por depresión, concedida el 2 de agosto, hasta el día 19.

Los hermanos hicieron un relato de que la situación en casa se iba poco a poco de las manos, al mismo ritmo que las discusiones se sucedían, contradiciendo así la versión del acusado que, en su declaración, negó que hubiera enfrentamiento alguno a lo largo de aquellas tres semanas, exceptuando el día del crimen. «A mi padre no lo vi deprimido, pero sí como sentimental. No quería perder a mi madre, quería recuperarla», confesó Ivana, una versión corroborada por Edgar: «Mi padre sabía que mi madre había empezado una nueva relación y regresó con la intención de rescatar el matrimonio, pero mi madre tenía intención de divorciarse. Me dijo que estaba reuniendo dinero para divorciarse». Ana Belén había hecho «planes inmediatos», incluso el día del crimen, de abandonar la vivienda, «primero para ir a casa de la abuela y luego iniciar una nueva vida». Edgar explicó que su progenitora había visto un piso en el que instalarse y que habló de cómo decorarlo.

El día del crimen hubo varias discusiones fuertes, según el relato de los hermanos. Hubo amenazas de muerte hacia la madre y hacia la persona que entonces ocupaba el corazón de Ana Belén. Pero tras una comida con bastante tensión, las aguas parecían haber regresado a su cauce. Edgar retiró a su padre una botella de crema de orujo que estaba bebiendo y le ofreció un café. Poco antes de que se fuera a su habitación el padre le había manifestado su idea de dejar marchar a su esposa: «Vas con tu amante y si ves que no eres feliz con él, vuelves para casa». Una hora después, Ana belén recibió tres disparos a quemarropa.

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Toni longueira

Julián Gil Pose confesó ayer ser el autor de los tres disparos que acabaron con la vida de su mujer, Ana Belén Varela, el 19 de agosto de 2018

Julián Gil Pose, de 58 años, confesó ayer ser el autor material de la muerte de su esposa, Ana Belén Varela Ordóñez, quien falleció sobre las cinco de la tarde del domingo 19 de agosto del 2018 a los 50 años de edad, tras recibir tres disparos en el domicilio que ambos compartían en Tras da Agra, en la parroquia cabanesa de Canduas. Ahora bien, en lo que difieren la defensa y las acusaciones es si se trató de un homicidio o de un asesinato. El juicio oral, que arrancó ayer en la Audiencia Provincial (sección segunda), se prolongará hasta el próximo martes, día 23.

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