Antonio Orrego: «España es el país de la Unión Europea que tira más residuos al vertedero»

ECOVOZ | El experto Antonio Orrego destaca la evolución de Galicia dentro de una situación general que califica de «inmovilista»


Carballo / la voz

Con una dilatada carrera profesional en el ámbito del tratamiento de los residuos a sus espaldas, Antonio Orrego acaba de despedir su etapa -que se prolongó entre los años 2012 y 2020- como vicepresidente de la Asociación de Empresas de Valorización Energética de Residuos Sólidos Urbanos (AEVERSU).

-La gestión de los residuos, ¿qué evolución ha tenido en los últimos años?

-No podemos considerarla como buena. Creo que ha quedado muy condicionada por la crisis económica del 2008. Fue justo el año en que se publicó la Directiva Marco de Residuos de la Unión Europea. Si todo eso lo aderezamos con la sensibilidad que suscitan los problemas ambientales, en general, y de tratamiento de residuos en particular y con el uso político que se ha dado... Pues ahí andamos. Hemos entrado en un proceso de inmovilismo, de pensar que es mejor no hacer nada porque si lo haces igual te equivocas. Y todo eso es posible que pueda tener unas consecuencias bastante graves. España en este período se ha consolidado como el país de la Unión Europea que más residuos tira al vertedero con entre 11 y 12 millones de toneladas al año. Está incumpliendo la normativa de la Unión Europea desde 2016 en la que se limitaba el porcentaje de residuos que se podía tirar al vertedero. Y, este año, entramos ya en el incumplimiento de los objetivos de reciclaje en material de reciclaje de la Unión Europea que era de un 50%. Nosotros andamos ahora en un porcentaje de un 36%, no llegamos al 40%. A todo esto hay que añadir que han sido varios los expedientes abiertos por vertederos incontrolados y empiezan a ser preocupantes los datos de siniestralidad de este tipo de instalaciones.

-Con los datos en la mano. En nuestro país, ¿cómo están las cosas en relación a los vertederos?

-En 2008, España estaba llevando el 58% de los residuos que producía, reciclaba un 36% y tenía una valorización energética del 9%. En 2018, bajamos hasta el 51%, pero seguimos contando con una de las tasas más altas de Europa. Se recicla un par de puntos más y en valorización el resultado está en un 13%. En países como Reino Unido, por ejemplo, los resultados son mucho mayores. En el último apartado han pasado de un 12 a un 37%. En España apenas hemos evolucionado con la salvedad de comunidades como Galicia, País Vasco o Cataluña que están bastante mejor. Pero en líneas generales, queda mucho que hacer para dejar de estar en el vagón de cola. En concreto, en relación a los vertedores, los profesionales de este sector estamos convencidos de que su uso abusivo es uno de los factores que nos anclan en porcentaje de reciclaje bajo. Incluso en el mejor de los casos tienen un coste de explotación excepcionalmente bajo y eso se traduce en tarifas bajas comparativamente. Así que, allí donde presentan servicio es difícil hacer prosperar otro tipo de políticas de reducción de residuos. Ningún país que haya evolucionado en los últimos años basa su modelo en la gestión del vertedero tal y como ocurre en España. Pero hay otros factores que explican esto y uno es que cuentan con una fiscalidad específica. El vertedero es la punta del iceberg de muchas acciones que son importantes para corregir el modelo.

«Confinarnos ha generado una producción de residuos similar a la de los festivos »

«El del confinamiento ha sido un período, lejos de la triste realidad que hemos vivido, interesante desde el punto de vista estadístico y a la hora de sacar algunas conclusiones», subraya Orrego.

-¿Qué cambios ha generado el encierro al que nos hemos visto sometidos?

-El hecho de confinarnos ha generado un efecto de producción de residuos domiciliarios similar a la de los domingos y festivos. Estamos en casa, cocinamos, nos tomamos una cervecita antes de comer... Y se ha mantenido a lo largo de los días. De hecho, todavía ahora se está notando algo. Esto ha compensado lo que se preveía que sería una caída muy notable de las actividades comerciales, artesanales e industriales de las ciudades que normalmente representan casi el 30% de producción de residuos. Todo esto ha quedado sustentado por el incremento de ese comportamiento de día festivo que ha tenido la materia orgánica o el vidrio. Ha sido algo que resultó chocante y que, seguramente, en grandes ciudades con mucha actividad comercial y turística no se ha producido tanto. Cabe destacar que el mantenimiento de la aportación del contenedor amarillo, incluso el incremento, muestra un comportamiento a valorar positivamente y, al tiempo, el aumento de uso de envases y embalajes denota una respuesta demasiado rápida de consumismo.

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