Manuel Cives: «A xente pensaba que era profesor, e eu dicía de broma que repetira moito»

Personas con historia | Con 45 años acaba de terminar un doble ciclo superior en Fonteboa


carballo / la voz

«Nas actividades fóra do centro, que en Fonteboa se fan moitas, a xente pensaba que eu era profesor e eu, de broma sempre dicía que repetira moito, que non era capaz de sacar o título». La verdad es que Manuel Cives podría, tranquilamente, ser el padre de sus compañeros de pupitre. Con 25 años volvió a estudiar nada menos que un doble ciclo superior. Dice que no le ha sido difícil. «Moitas cousas xa as sabía, co que aforrei de estudar. Ao principio estaba preocupado porque había moito que non ía á escola, pero foi fácil. Animo a todo o mundo a que o faga», explica.

Manuel Cives pasó años trabajando de forma discontinua para Seaga, la empresa pública, e incluso en las brigadas contra incendios. Salvo el tiempo que estuvo al frente de una tintorería en Cee, su vida profesional siempre ha estado ligada a la naturaleza. Incluso cuando emigró a Francia y Holanda lo hizo para dedicarse al mundo de la flor.

Hace unos 12 años ya pensó que quería obtener un título superior relacionado con el mundo forestal. Estaba en Benidorm de vacaciones cuando incluso fue hasta Valencia para conocer las condiciones de una formación que en Galicia aún no se impartía. Hizo números y no daban. «Son un traballador e faciaseme moi caro», dice. Tuvo que olvidarlo.

Hace dos años debió haber una conjunción planetaria que hizo que todo encajara. Había encadenado varios contratos de meses y eso significaba que tendría que ir al paro por una temporada larga. Además se enteró de que Fonteboa impartía los ciclos superiores que le interesaban. Tenía pues el tiempo y los medios necesarios y como a eso solo tenía que sumarle las ganas y estas le sobraban desde hacía años, se lanzó. Se le hizo raro después tanto tiempo. Reconoce que el primer mes estuvo un tanto cohibido por compartir aula con chicos de 20 años, pero lo superó.

Compaginar

Durante varias temporadas compaginó el estudio con el trabajo, como ahora. Prepara la conclusión del ciclo mientras anda por Galicia adelante ocupándose de localizar las fincas que la Xunta limpia para cumplir con la legislación contra los incendios, que obliga a eliminar la vegetación en una franja de 50 metros de los núcleos rurales.

Considera imprescindible la medida porque ha visto demasiados fuegos tan cerca de las casas que ha sido necesario regarlas con agua para que no ardieran. Ha sido capataz de la brigada de Dumbría y se ha hecho responsable de las cuatro personas que le acompañaban. Echó de menos entonces que no hubiera más formación. «Loitar contra o lume non é como limpar unha praia, non podes pedir o mesmo aos peóns», dice. «Faise moi complicado cando vira o vento e non atopas o lugar por donde escapar. Teño pasado momentos complicados, sobre todo porque ti sempre podes correr, pero ter outras catro persoas das que es responsable», explica.

Ahora su labor es otra y no menos complicada porque a muchas personas en la zona rural les resulta difícil entender que las franjas que se limpian son desde el límite del núcleo y que eso a veces coincide con una casa o no. Es el Concello, el que debe desbrozar lo que hay en el interior del lugar.

También cree que debería tenerse en cuenta qué propietarios mantienen sus montes, porque a la hora de la venta de la madera todos los beneficios son para el dueño, pero cuando hay que extinguir o evitar incendios el dinero lo pone la Administración.

«Veu unha muller a dicir que non nos achegaramos ao lugar, que alí non tiñan coronavirus»

Una de las partes más interesantes del trabajo que realiza Manuel Cives tiene que ver con el contacto con la gente de la zona rural. Como ha cambiado en muchas ocasiones de zona es capaz de hablar de la idiosincrasia de los vecinos de cada área de Galicia. Con el coronavirus todo ha cambiado y los vecinos se muestran más desconfiados que nunca. De hecho evitan los contactos. «Veu unha muller de uns cincuenta e pico ou sesenta anos, cun can a dicir que non nos achegaramos ao lugar porque vivía xente maior e alí non había coronavirus. Nós non nos achegamos porque vamos buscando as fincas polo monte, en torno aos núcleos, pero ela xa veu para avisar», explica.

Antes de la emergencia sanitaria las cosas eran distintas. La zona norte de Lugo e A Coruña, «por Cedeira e Ortigueira a despoboación é enorme. A xente vén só para falar con alguén. Hai tan poucas casas habitadas que veñen onda nós e non paran. Temos que marchar porque non somos capaces de facer o traballo», cuenta. Algo parecido ocurre en el interior de Pontevedra, en el límite con Ourense. Todo lo contrario es lo que pasa en la zona del vino. En Cambados, por ejemplo, resulta muy difícil encontrar a un vecino. «Chegamos á aldea co nome e a dirección e preguntamos. Na Costa da Morte fas iso e pronto che din onde é a casa. Alí non... Non sei cal é a cuestión, pero din que non se coñecen, cando non é certo, porque son lugariños pequenos. Son moi desconfiados», explica.

También dice que, en general, la gente de la zona rural está poco informada y que en muchos lugares solo queda gente muy mayor y casas en ruinas.

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