Carballo / La Voz

Once y media de la mañana. La temperatura en el campo da feira rondaba los 18 grados. La de ayer fue una mañana soleada, de esas que invitan a salir a la calle. Si fuera un domingo anterior a que estallara la crisis sanitaria, resultaría prácticamente imposible encontrar un sitio donde aparcar en Paiosaco y las colas para cruzar la capital de la parroquia de Lestón serían interminables. Pero ayer no hubo nada de eso.

Todo apunta a que las aglomeraciones pasaron a mejor vida, de momento, en el mercado dominical, uno de los más importantes de la Costa da Morte y el área de influencia de A Coruña. El regreso a la actividad estuvo marcado por las precauciones sanitarias: evitar aglomeraciones, corrillos, respetar las distancias mínimas de dos metros, el uso de mascarillas (que muchos obviaron) y distancias entre puestos.

Precisamente, las separaciones de los expositores fue una de las prioridades del equipo de gobierno, encabezado por el alcalde, José Manuel López Varela, quien ayer estuvo en el recinto desde primera hora de la mañana acompañado de varios compañeros, para comprobar que todo iba según la hoja de ruta marcada.

Para empezar, se limitó el aforo al campo da feira, recinto que estuvo vallado para canalizar los accesos y salidas bajo la estricta vigilancia de diez voluntarios de Protección Civil. Entre puesto y puesto, cuatro metros de distancia, y con respecto al que estaba de frente, seis. Y todos dispuestos en zig-zag y por ámbitos de alimentación: carnicería, charcutería, productos de la huerta, fruterías... Todo perfectamente estructurado para evitar aglomeraciones. Y si se producía alguna, había seis agentes de la Policía Local y otros seis de la Guardia Civil para cortar por lo sano. Incluso estuvo una patrulla de la Fiscal de Vimianzo.

La presencia de los agentes del instituto armado causó algún que otro recelo entre los que no llevaban mascarillas o se les ocurría poner mesas de más en las terrazas. Al dueño de un local se le obligó a retirar tres mesas que tenía en el exterior, bajo apercibimiento de multa, por los corrillos que se formaban a su alrededor. El cumplimiento de la normativa sobre los mercados al aire libre fue de tal magnitud que hasta última hora, el Concello no sabía si podrían acceder las churrerías móviles, al tratarse de un producto que se prepara en el propio recinto ferial. Finalmente se les permitió el acceso y fueron de los negocios más concurridos, con colas para cumplir con los dos metros exigidos de separación entre personas. Pero ayer se echó en falta las dos pulpeiras, que suelen ser verdaderos puntos neurálgicos de actividad y que brillaron por su ausencia, otorgándole al campo da feira un aire algo más desangelado de lo habitual. «Imos ver se as podemos traer para a vindeira feira, sempre e cando se cumpran os requisitos de desescalada», apuntó el mandatario larachés

Pero la de ayer fue una feria atípica y seguramente tendrá que transcurrir tiempo -si es que se vuelve a dar la ocasión-, para volver a disfrutar y degustar de aquellas ferias multitudinarias.

«A feira é un lugar de encontro, de falar, das tapas, das terrazas... E iso agora non o hai»

Ayer se dieron cita en Paiosaco cien autónomos de los 470 con permiso para hacerlo. Se trató de un porcentaje inferior (21%) al máximo permitido por el Gobierno (25%) en esta fase uno de la desescalada, pero como le comentó el alcalde a una vecina de A Laracha que paseaba por la calle: «O importante é empezar a traballar e facelo cumprindo os requisitos, xa veremos como van indo as cousas».

Entre estos cien comerciantes se encontraba Roberto Manuel Cotelo Gómez. Tiene 47 años de edad y es vecino de Paiosaco. Regenta el negocio Queixos Susa y representa a la tercera generación de una familia de comerciantes, vinculada al sector de la alimentación. Suele trabajar en los mercados al aire libre de Carballo, Arteixo... Y por supuesto, el de Paiosaco, al que acude como un reloj cada primer y tercer domingo de mes «dende toda a vida».

Y como el resto de autónomos que acuden al recinto, echó en falta «máis postos, pero non queda outra que adaptarse ao que vén». Y añadió: «Boto en falla os postos da roupa, do calzado, os bares abertos, as terrazas cheas de clientes, os comercios abarrotados de xente... Iso xa non o hai e para unha feira como a de Paiosaco é moi importante. Porque a feira é o lugar onde se atopan e falan os veciños, onde conversan tranquilamente, é un lugar de reunión, de tomar as tapas, de facer vida no pobo un domingo. Agora a xente vén, compra e marcha porque non se poden formar corrillos por aquilo das aglomeracións», explicó Roberto Cotelo.

Pero el de ayer fue un mercadillo atípico y seguramente habrá que acostumbrase a un nuevo escenario donde será más complicado ver tanta gente junta en un espacio limitado de unos 6.000 metros cuadrados de superficie: «Xa non será como antes, polo menos, durante bastante tempo, pero haberá que habituarse a isto porque é o que hai». En todo caso el autónomo larachés no se quejó de las ventas en este regreso a la actividad tras dos meses parado por culpa de la pandemia: «Podo dicir que teño unha clientela fiel, que sempre me compra os queixos, os ovos... Pero agora é todo mercar, pagar e marchar. Xa non hai tanta xente falando ao redor», argumentó.

La feria centenaria de Baio se quedó en blanco y Cee resurgió

La feria de Baio es una de las más antiguas de la Costa da Morte. Hay constancia de ella desde hace tres siglos. El Concello de Zas intentó animar su reapertura. Anunció que se repartirían mascarillas a quienes no las portasen. No fue necesario, porque el mercado de productos agrarios y alimentos, que tendría que celebrarse en el área de A Piroga (Vimianzo), no existió. Solo los comercios de Baio estuvieron abiertos y con movimiento discreto, aunque los supermercados y establecimientos de alimentación fueron los más concurridos. Y dos terrazas bastante animadas después del mediodía.

Al no permitirse la venta de otros productos que no fuesen del campo o alimentación, en la calle Ovidio Vidal no había los puestos de ropa, calzado y otras mercancías acostumbradas.

En lo que respecta a Cee, el mercado dominical regresó ayer después de un parón de más de dos meses. Eso sí, lo hizo de forma muy tenue, con 14 de los 150 puestos que se suelen instalar en el recinto habilitado por el Concello. Tal y como marca la norma solo pudieron trabajar autónomos relacionados con la venta de alimentos y productos del campo. Hubo mucho interés en disfrutar de una mañana soleada, aunque eso sí con mascarillas y mantenimiento de las distancias mínimas exigidas, tanto entre clientes como entre expositores. Al menos, sí dio la imagen de resurgimiento.

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