Los centros y locales gallegos de Suiza comienzan su desescalada

s. g. CARBALLO / LA VOZ

CARBALLO

El centro de Liechtenstein, por otra parte, afronta su futuro en un nuevo local

17 may 2020 . Actualizado a las 05:00 h.

En Suiza viven más de 40.000 gallegos, la mitad originarios de la provincia de A Coruña (de la Costa da Morte, la mayoría), y una buena parte acuden a los numerosos centros gallegos repartidos por todo el país, de Ginebra a San Galo, y por supuesto Liechtenstein, separado por un puente de Buchs, en Suiza, y casi de Grabs: en ambas localidades hay bares y restaurantes gallegos, con dueños o responsables originarios de la zona.

Esa es la tónica actual de los locales de referencia para los emigrantes: lugares de encuentro para reunirse, comer, beber y charlar, más que los clásicos puntos de promoción de la cultura gallega (que aún subsisten, por ejemplo el mítico Sementeira de Basilea, presidido por un carballés, y otros), con cursos de cultura tradicional y hasta de francés para recién llegados.

Justo esos centros, que llevan cerrados desde marzo debido al coronavirus, están aprovechando estos días para anunciar su regreso, su desescalada, en un país en el que no ha habido un confinamiento estricto, pero sí cierre de comercios. Y son muchos los que lo hacen. Por ejemplo, la Irmandade Galega na Suíza, en Ginebra: el restaurante ya está abierto y también es posible llevarse la comida a casa. Ayer sábado hubo paella a 25 francos, y hoy, pulpo á feira a 16 francos la ración. En Delémont, la capital de Jura, casi un segundo municipio de la Costa da Morte, el centro español abrió el viernes, tras casi dos meses de clausura. Pide a sus clientes que respeten las nuevas normas suizas, que incluyen un máximo de cuatro personas por mesa. En Liechtenstein, el Santiago Apóstol también reabrió el viernes hoy, y tras 40 años de actividad (30 en el mismo sitio, en Schaan), lo hará por poco, hasta el 28 de junio, porque el edificio se derriba y están buscando un nuevo local. Su presidente, Manuel Figueroa, natural de Muxía, casado con una emigrante de Cerceda, pide a los usuarios que sean responsables, ya que puede haber controles sorpresa para comprobar que se cumplen las normas. El centro español de Reconvilier, no lejos de Delémont, también ofrece ya la opción de llevar la comida a casa. En Lausana, el Tour 35, antiguo Rodríguez, bar gallego clásico con más de 30 años de historia en pleno casco antiguo de la ciudad, prefiere esperar quince días, al 1 de junio. Y, como estos, muchos más.