El covid-19 impuso la dieta del bocadillo y el táper

Muchos trabajadores de la Costa da Morte se han visto afectados por los dos meses de cierre de la hostelería: el menú, el café...

Javi Reborido, soldador en el poligono de Bértoa, se ha ido habituando a los bocadillos
Javi Reborido, soldador en el poligono de Bértoa, se ha ido habituando a los bocadillos

carballo / la voz

«Agora xa empeza a abrir algún bar, aínda que as terrazas non chegan a nada», valora Daniel Castro Iglesias, natural de Cances (Carballo). Él, trabajador de Transportes Dany Castro, empresa familiar de camiones que se desplazan por toda Galicia, es uno de los muchos trabajadores de la Costa da Morte que se han visto y ven afectados por el cierre forzoso de la hostelería, tanto al inicio de este proceso como ahora que ya un buen número de profesiones han retomado su actividad, mientras que numerosos bares y restaurantes todavía no. El covid-19 impuso para muchos operarios de la comarca la dieta del bocadillo (o el táper).

Javi Reborido Fernández, carballés de A Brea de 23 años de edad, es soldador (imagen superior). Tiene su trabajo en el polígono de Bértoa y ayer mismo salía con su bocata del restaurante D’Mar, situado en el parque empresarial. «Antes comía alí o menú do día e agora estou vindo para a nave», detalla. Pararon unos 25 días por el confinamiento, pero lleva en este momento unas dos semanas siendo un buen amigo del pan. Tortilla, lomo, bacon y fiambre... el abanico es el que es y «tantos días cansa un pouco», reconoce. Tiene otros compañeros que, por suerte, pueden desplazarse a sus casas para xantar.

Daniel Castro, transportista, se ha hecho con un recipiente en el que puede calentar la comida casera: disfruta de ella en la cabina de su camión
Daniel Castro, transportista, se ha hecho con un recipiente en el que puede calentar la comida casera: disfruta de ella en la cabina de su camión

«Faise moi aburrido comer todos os días de bocadillo», dice, por su parte, Daniel Castro. Él aguantó una semana, confiesa. Optó por comprarse «un táper» que puede calentar y se lleva la comida hecha de casa. Es un cambio a mejor, desde luego, dentro de lo posible. «A primeira semana penso que foi a peor porque non había nada aberto. Agora aínda bueno»: en el camión no siempre, o más bien nunca, pueden estar pendientes del horario de los supermercados, así que había que buscarse la vida. «A min claro que me afectou, si. Antes ía comer sempre aos bares, e agora...», decía ayer ya en ruta, camino de Arzúa desde la capital de Bergantiños. «Vaste acostumando a comer no camión ou nalgún merendeiro, se se pode. Cansa, porque aínda que só sexa ir comer a un bar, xa te distraes algo, desconectas», apunta. ¿Y qué pasa con el café? Pues lo mismo, adaptación: «Eu teño comigo un termo, e bebo».

Los de Javi y Daniel son dos rostros que ubican las pequeñas historias detrás de una reja bajada. No solo es la falta de ingreso para el hostelero, sino los cambios de hábitos que supone esto para muchos de sus clientes. Algunos negocios del ramo, en distintos puntos, han ido reanudando actividad con todas las premisas marcadas por el Gobierno para la desescalada, como las terrazas al 50 %, pero otros todavía siguen a la espera de unas condiciones que les permitan ver más clara una rentabilidad precisa.

«Facémosllos á medida, uns máis grandes, outros máis cargados...»

María de la Paz Pose atestigua desde el supermercado Claudio de Vimianzo no solo que las compras familiares estos dos últimos meses han sido más grandes de lo habitual, sino también una mayor venta de bocadillos para dar respuesta a esos trabajadores que se quedaron sin servicio hostelero. «Notámolo, si, bastante. Aquí non os temos feitos, pero facémosllos á medida, porque uns quérenos máis grandes, outros máis pequenos, uns máis cargados, outros menos... Normalmente máis ca menos», ríe. Completaban su menú «cunha froitiña, unha auga...». En general, resignados a tener que adaptarse temporalmente a una nueva forma de vida culinaria. También en el Claudio de Zas percibieron esa mayor afluencia de transportistas u otros trabajadores en busca de su sustento: igualmente, se los hacen allí mismo, como deseen.

Norberto Cabo se ha tenido que aliar con los bocadillos debido al cierre de la hostelería
Norberto Cabo se ha tenido que aliar con los bocadillos debido al cierre de la hostelería

Trabajador de una empresa de pintura y residente en A Coruña, Norberto Cabo daba cuenta ayer a mediodía de un bocadillo. De actividad itinerante porque se desplazan allí donde le encargan la faena, fue fotografiado en Carballo. Explica que, dado que muchos de sus compañeros y él mismo hacen jornada completa y tienen un parón de media hora o similar para comer, estaban ya habituados a llevarse de casa su comida o bien un bocadillo. En este sentido, el cierre hostelero les ha pesado más en otra cuestión: «Nos perjudica más en el café de las diez de la mañana», bromea. La necesaria cafeína que reúne a tantos en barras y en terrazas. Como en todos los sectores, en el suyo también viven con preocupación todo lo que está deparando la pandemia del covid-19: «Laboralmente, es la incertidumbre de saber si va a seguir el trabajo o no...».

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