Un sacerdote encantador

Manuel Castiñeira cuenta la historia de su hermano, Lorenzo, el expórroco de Lires


Ese rostro alegre, de mirar tan sugestivo, nos resulta familiar. El año pasado celebraba, por estas fechas, su boda sacerdotal de diamante y ahora festejaría su cumpleaños. Pero Lorenzo, tan querido, se nos ha ido para siempre.

Había nacido en Xaviña (Camariñas) en una época muy difícil. Tres años tenía cuando se inicia la Guerra Civil; y, seguidamente, la Segunda Guerra Mundial. Con estos antecedentes, Lourenciño ingresa en el Seminario de Santiago a los 14 años. Su padre y su maestro lo animaban, viendo su inteligencia y bondad. Pero, a los cuatro años de estudio, muere su padre, modesto labrador y único sostén de la familia.

Vendrán unos tíos de América. Y aconsejarán llevarse a Lourenciño para Buenos Aires, porque allí, decían, se ganaba mucho dinero. ¿Dejaría Lourenciño los estudios, su madre viuda, su hermana y su hermanito de 6 años? Su decisión fue firme: seguir en el Seminario, marcando así su destino y el de la familia.

Pero su hermana María comprendió esa decisión; y ella, jovencita, se sacrifica y marcha a trabajar a Buenos Aires. Yo me pregunto: ¿Qué hubiera ocurrido si Lourenciño hubiera abandonado sus estudios? ¡No quiero ni pensarlo!

Para siempre

Lourenciño seguirá en su empeño, con más afán y de forma brillante. Y en el año 1959 terminará su carrera. ¡Sacerdote in aeternum! ¡Para siempre!

Nombrado capellán de la parroquia de A Ponte do Porto, se entrega totalmente a su misión. En Camelle recibe en seguida el cariño de la gente: celebrada la misa, se lleva a jóvenes y a niños a jugar a la playa. En A Ponte do Porto, frecuenta el casino y allí dejaba admirados a todos por su maestría en el juego de damas. Tanto, que algunos decían: «D. Lorenzo bien merece ser acompañado a la misa». Y un hecho divertido: Lorenzo decidió organizar un coro, pero el párroco Silvino confiaba muy poco en el resultado y no quería que el coro actuase en su iglesia. Lorenzo se la jugó bien: llevó el coro a la iglesia de Camelle. Éxito rotundo. Y Silvino se rindió a la evidencia; e incluso invitó a todos para celebrarlo en el casino.

Pero Lorenzo aspiraba a más. Y fue nombrado párroco de Lires (Cee). Los de A Ponte do Porto, siempre agradecidos, lo acompañaron en aquel lluvioso día de diciembre de 1962. El autobús iba lento por aquellas carreteras, en mal estado, de Quintáns, Coucieiro, Pereiriña… Y en la parte alta del autobús, una gran pancarta: «Lo mejor de Puente del Puerto se lo entregamos a Lires».

Y, ya en este pueblo, en ese mismo día, los de A Ponte do Porto elogiaban lo que allí acababan de entregar: Lorenzo, su hermano Manuel, su madre Dolores. Y Lires terminó creyendo muy pronto en esas alabanzas, encariñándose con su nuevo sacerdote y con esta nueva familia, a lo largo de una intensa actividad social y religiosa. Parte de esa labor aparece recogida en un magnífico documental, que puede consultarse en Google.

Lorenzo, sin dejar de ser sacerdote, intenta hacer el bien en otro campo. Estudia Filosofía y Letras, gana las oposiciones e imparte clases en los institutos de Ribeira y de Cee.

Hospital de Cee

Llegada la jubilación, no se rinde en su lucha por el bien: realiza innumerables visitas a los enfermos en el Hospital de Cee, de un modo totalmente desinteresado. Los anima, los entretiene con su humor. ¡Llegó a visitar a unos 11.000 enfermos!

Y, por último, ante la escasez de sacerdotes, trató de colaborar en distintas parroquias de la zona, como Zas, Baio, Vimianzo, Camariñas, Xaviña, Camelle, A Ponte do Porto, Cee…, dispuesto a llevarles el mensaje de Cristo. De ahí que alguien le haya llamado cariñosamente O cura ambulancia da Costa da Morte.

Don Lorenzo se entusiasmaba al oír este calificativo: al momento saltaba a su rostro esa inolvidable sonrisa de hombre verdaderamente bueno.

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