La Costa da Morte pierde en un año 1.283 cuentas de la Seguridad Social

La población activa de la comarca ha bajado un 2,6 % desde marzo del 2019


carballo / la voz

En marzo había en la Costa da Morte 38.057 personas que contribuían al sostenimiento de la Seguridad Social, un 2,6 % menos de las que había hace solo un año, porque la comarca ha perdido en apenas doce meses 1.283 trabajadores. Ese dato incluye a los autónomos, que en la zona son el 28 % de los vecinos con actividad laboral. Poco tiene que ver la crisis del covid-19 en estos datos, porque la mayor parte de las empresas no habían tenido en el tercer mes del año todavía casi tiempo para reaccionar y los efectos se notarán en los datos de abril.

La caída de la población activa en más de 1.200 personas pone de manifiesto el envejecimiento de la población y la falta de oportunidades laborales, sobre todo si se comparan las cifras conjuntas con las de Cerceda, cuyo entramado industrial destaca por encima de cualquier otra localidad. Su número de cuentas de la Seguridad Social, en un municipio de 5.001 habitantes, es más de un tercio de todas las de Soneira.

La bajada con respecto al pasado año se ha producido en todos los sectores y en todos los regímenes, solo ha habido un ligero incremento del número de autónomos en la comarca de Fisterra, probablemente por el crecimiento del sector turístico en los últimos tiempos en esa zona.

Casi 200 autónomos menos en toda la zona

Al régimen de los autónomos corresponde la sexta parte de esa bajada de las cuentas de cotización a la Seguridad Social, lo que indica que el sector no va tan mal, ya que las personas que trabajan por cuenta propia o tienen pequeñas empresas suponen el 28 % de todas las dadas de alta en la zona. Han crecido en el área de Fisterra, donde hay 15 altas más que hace un año, pero han bajado en todo el resto, especialmente en Cerceda, donde han pasado de 499 a 474. Allí ya eran pocos en comparación con el resto de los activos laboralmente, al contrario de lo que pasa en Soneira, donde son más de un tercio de todos los vecinos que trabajan.

Construcción. Bergantiños se lleva la mayor parte de la bajada en este sector, en el que se han perdido 317 cuentas de cotización del régimen general y de autónomos. Dos tercios corresponden a la comarca más poblada de la Costa da Morte, pero Cerceda destaca porque ha perdido más del 10 % de las altas.

Industria. En el sector secundario también es Bergantiños la que se lleva la palma en la bajada, con 282 de las 382 contribuyentes que se han perdido en total.

Agricultura y pesca. El sector primario es especialmente importante en Soneira y en Fisterra, donde es el segundo sector en número de trabajadores tras los servicios. En cada una de estas comarcas hay un millar de cuentas relacionadas con actividades agropecuarias y pesqueras y marisqueras. En Bergantiños, con una población muy superior no llegan al doble. En todos los casos ha habido una bajada, aunque la menor ha sido la correspondiente a Soneira.

Régimen del mar. Hay ahora en la Costa da Morte 1.455 personas que trabajan en actividades relacionadas con la pesca y el marisqueo. El mayor porcentaje corresponde a Fisterra, que se lleva casi una tercera parte (478), en tanto que Soneira tiene la mitad (339) que Bergantiños (629).

Paro. El desempleo ya subido en el cómputo interanual de marzo, con 170 personas más. Ahora son 7.549 a falta de datos de abril.

«Para ser o primeiro ano, coroeime»

Mario Lado Calvelo es uno de los 10.677 autónomos que hay en la Costa da Morte. Se dio de alta en septiembre del año pasado, pero no abrió su oficina de la plaza de Galicia de Carballo hasta diciembre. Ahora trabaja confinado en ella solo media jornada. La crisis del covid-19 le ha pillado justo cuando empezaba. «para ser o primeiro ano, coroeime», dice con una pizca de humor y un mucho de resignación. Asegura que en estos momentos apenas le da para cubrir los gastos y eso que su casero no le cobra el alquiler. «Saíu del», explica. También se informó en la gestoría de que podía aplazar la cuota de autónomos, pero la está pagando puntualmente.

Aunque puede trabajar, incluso «saír ao campo», no lo hace porque el 90 % de sus clientes son personas mayores y no quiere exponerlas. «É absurdo arriscarse», dice. Casi todo lo hace de forma telemática, aunque alguna vez tiene que ir al Concello o a la notaría. Asegura que se están apalabrando algunas fincas, pero las ventas efectivas se están dejando para más adelante. Ahora solo está para alguna escritura que le quedó pendiente o para tramitar licencias.

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