Pepe Becerra: «Cando en Bilbao os policías comían con nós poñían chaquetas de Correos»

El funcionario cercedense de Correos vivió en Euskadi una de las peores épocas del terrorismo


carballo / la voz

El primer destino de Pepe Becerra (Rodís, 1952) en Correos fue Bilbao. Allí aprendió a sortear pelotas de goma y botes de humo y casi se acostumbró a pasar, de regreso del trabajo, junto a algún autobús ardiendo. En Euskadi le pilló el golpe del 23 de febrero, como a muchos otros gallegos, que se reconocían y se apoyaban entre ellos. «Eramos moitos, de Renfe, da policía, de Correos, como había pouco soldo e había grandes fábricas, os funcionarios viñamos de fóra», explica.

Las cosas ni se parecían a las de ahora. «A maior parte tiña dobre traballo, pola mañá en Correos e pola tarde nunha fábrica, en bodegas embotellando viño ou no mercado central. Eu non cheguei a facelo porque cando eu cheguei viña tamén a democracia e Adolfo Suárez mellorounos moito e eu estaba pendente de volver», explica.

De su estancia en Bilbao recuerda la calidad humana de la gente en general y de los compañeros en particular, pero también el miedo. Para describirlo utiliza una palabra, por la que pide perdón inmediatamente, aunque ya nadie se asuste de ella. «Cando viñan policías novos desde Galicia estaban con nós. Cando comiamos xuntos poñían as nosas chaquetas para que non se vira o que eran», dice.

Estuvo allí cerca de cuatro años y también ocurrieron cosas buenas, como el nacimiento de su hijo, pero Pepe Becerra estaba deseando volver a Galicia. En el 83 encontró un nuevo destino y también un cometido: la defensa de sus compañeros. Uno de los episodios más sonados se publicó en La Voz de Galicia en 1983. Acababa de crear con otras dos personas el Sindicato Galego de Correos e Telégrafos y pronto tuvieron que denunciar en la prensa las amenazas de uno de los jefes a una trabajadora. «Cállate o te pego una hos...». Eso es lo que salió publicado, según recuerda, a pesar de que el implicado completó la palabra.

La mayor parte de su carrera la pasó en el departamento ambulante, en el servicio postal en las oficinas de los trenes. De A Coruña a Madrid y de Madrid a A Coruña, con paradas en Media del Campo y Venta de Baños, pero también en Teixeiro, donde muchas veces recogían la comida de Casa Sabelo y devolvían los platos ya vacíos en Monforte.

No era un trabajo fácil, pero todo el mundo lo quería, recuerda, porque estaba mejor pagado y porque tras dos jornadas sin apenas apearse del tren venían unos días de descanso en casa. «Era duro no inverno, sobre todo pola zona de Venta de Baños, cando había sacas e sacas e tiñamos que ter a porta aberta do tren, clasificando as cartas», explica. A veces, sobre todo en Navidad, «non había maneira de moverse a saías do furgón onde ía a carga a menos 3 ou 4 graos e ías á oficina onde si había calefacción. Os cambios eran tremendos», explica.

Salían a las ocho de la tarde de A Coruña y a las diez de la mañana llegaban a Madrid con el trabajo hecho. Un rato de descanso en un hotel y de nuevo toda la noche en sentido inverso. Durante el trayecto apenas turnos de dos horas de descanso en literas para sumergirse de nuevo en la clasificación de una correspondencia que incluía desde relojes de oro hasta divisas pasando por todo tipo de cartas. Pepe Becerra dice que a él nunca le robaron, pero hubo asaltos que se hicieron muy famosos.

No todo era difícil o complica. Había sus momentos de relajo. Los de la comida eran uno de ellos. Con un hornillo hacían incluso dos platos y se agradecía que un compañero supiera lo que se hacía ante el fogón. «Colgabamos o viño pola ventá para que lle dera o aire», cuenta. En el menú había de todo, desde filetes hasta alubias e incluso marisco. Iban al mercado y compraban a escote.

«O trobador inocente» también le escribe al coronavirus

Pepe Becerra es rimador. Le gusta escribir y suele poner todo lo que ha vivido en verso. Reconoce que comenzó con lo que llama poesía laboral, composiciones en las que salieron maltrechos algunos jefes. Desde hace ya un tiempo es O trobador inocente.

Su más reciente inspiración ha sido el coronavirus. Lo clavó. «Aínda que eu non te vexo,/ sei que estás ao meu carón/ e que atacas a traizón/porque cazas ao axexo.//Entras polas residencias,/matas aos nosos maiores,/contaxias aos coidadores/e aos que atenden as urxencias».

Incluso en las cuestiones más personales el verso le sale solo. El cardiólogo Portela Torrón obtuvo como agradecimiento por la operación a la que sometió a Pepe Becerra unas botellas de vino y un poema. Tanto le gustó que le pidió que lo recitara en una charla. La composición no puede ser más descriptivo. Comienza por el principio: «Corta, corta cirurxián/segue o camiño marcado,/teño o peito rasurado/e traza ben o teu plan». Y va terminando también por orden: «Cóseme ben ese corte/fai que suture a ferida,/abre a fiestra da vida/e pecha a porta da morte».

Se ha inspirado con acontecimientos tan dramáticos como el 11-M: «Era o tren que procuraba/polo pan de cada día/era o tren que ía por vida/e coa morte se atopaba». Pero también con cuestiones tan cercanas como el conflicto que los feligreses de Rodís mantuvieron con su párroco por la misa dominical: «¡Virxe sagrada María!/que, có teu poder divino,/mandaches a Don Albino/celebrar a eucaristía.//Aínda que a túa instrución/fose ben clara e precisa/el non quere facer misa/nin darnos a comuñón.//Díxonos na sancristía:/O domingo aquí non rezo./E dounos o enderezo/da sede da Vigairía

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