Manuel Calo: El hockey marcó mi vida

EN PRIMERA PERSONA | «Sin ser ningún talentoso, fue el protagonista principal de mi día a día junto a un grupo de niños», dice el técnico de Deportes del Concello de Cee


A mis 43 años recién cumplidos, haciendo memoria de experiencias vividas en mi infancia y juventud, hay algunas que destacaría de un modo singular.

Como, por ejemplo, la primera responsabilidad que me encomendaron a mis 6 años de mascota de la Coral Polifónica de Cee, creada por el capellán en aquel momento, don Arturo. La razón de este nombramiento fue porque, como asistía a todos y a cada uno de los ensayos acompañando a mis padres, ya era uno más del grupo, y así lo decidieron.

Cuando la formación se dispuso a hacer sus primeros trajes, yo también conté con el mío, y salía al escenario con mi pajarita básicamente a figurar, ya que la música coral no era ni es mi fuerte. ¡Qué bien lo pasábamos aquel grupo en sus salidas y viajes! Eso sí, mi presencia en ensayos y actuaciones, hizo que aún hoy en día tenga grabadas en mi mente parte de letras y músicas de algunas piezas de aquellos repertorios: «Campanas de Bastavaaales, cando vos oio tocar, dirindondo...».

También recuerdo mi paso por el grupo de Scouts, que formó el párroco de Cee, don Manuel, con los niños y jóvenes del pueblo. Recuerdo aquellas pañoletas de color naranja con líneas negras con el hueso hueco perfectamente lijado y redondeado que se utilizaba para sujetarlas, que me escribió y dibujó mi padre con una perfecta caligrafía: una flor de lis. Y, cómo no, de la participación en mi primera acampada, que fue en el monte de San Pedro Mártir en A Pereiriña, donde hubo de todo: lloros de los más peques y cielo estrellado por la noche, macarrones en la comida y también la presencia de la lluvia en alguno de esos días.

Pero a mis 8 años, allá por el año 1985, apareció mi «joya de la corona», sin lugar a dudas: el hockey sobre patines. Sin ser ningún talentoso, este deporte fue el protagonista principal de mi día a día junto al de un grupo de niños, de la mano de nuestro entrenador Juan Boedo, persona a la que quiero expresar mi gratitud por toda su dedicación, enseñanzas, constancia, esfuerzo y cariño que desinteresadamente me y nos dio.

Con el hockey crecí, conformé mi grupo de amistades, conocí buena parte de España (Santander, Pamplona, Oviedo, San Sebastián, Alcañiz-Teruel, Hospitalet-Barcelona, La Junquera-Girona…), movilizamos con nuestros humildes logros deportivos al pueblo, y también me sirvió de manera muy significativa de guía en mi formación académica y mi futuro profesional posterior.

Son muchísimos los recuerdos: la Alameda de Cee, donde comenzamos a dar nuestros primeros pasos sobre patines con los sancheski de correas esquivando a los paseantes; el pabellón de deportes municipal, que más adelante sería nuestra segunda casa por el tiempo que pasábamos en él (domingos y fiestas de guardar incluidos), o las palizas que nos dábamos en aquellas carreteras para poder competir todos los fines de semana (A Coruña, Vigo, As Pontes, Ortigueira, Ponteareas…). Y cómo no, destacar a algunos papis siempre incondicionales a nuestro lado, que hacían de taxistas un fin de semana sí y el otro también.

Si tengo que destacar algún momento, sería el gran recibimiento que nos hicieron nuestros vecinos a nuestra llegada en autobús en 1992, después de haber logrado aquel equipo infantil el primer puesto en el sector de un campeonato de España celebrado en Pamplona. ¡Fue realmente increíble! Había esperándonos una multitud de gente: miembros de la corporación municipal, familiares, amigos, vecinos con pancartas y todos ellos vitoreando con voces y aplausos: «Hoooockey Cee». La bajada del bus fue colorida y festiva, íbamos todos vestidos con boinas y pañuelos rojos de los sanfermines. Tengo que reconocer que, solo el recordarlo, me emociona.

Estas son algunas de las vivencias que me han dejado huella y me gustaría que mis pequeñas María y Sofía, de 8 y 4 años, pudiesen disfrutar de momentos tan entrañables, tan sanos y tan bonitos. Es cierto que los años han pasado y los tiempos también han cambiado mucho, pero ¿por qué no?

La profesión, un paso más

La práctica de mi deporte preferido hizo que mi profesión girase entorno a él, y a finales de marzo de 2020 serán ya 20 años dedicándome a la gestión deportiva en el ámbito local. Después de formar parte de un club, primero como jugador y más tarde como entrenador durante una treintena de años, ahora me toca, entre otras tareas, asesorar y apoyar a los clubs de mi Concello, que tienen un papel fundamental para ayudar en el desarrollo de una población sana.

El trabajo, el esfuerzo, la autodisciplina, el autocontrol, la superación, el compromiso, el compañerismo, el respeto al contrario, el saber ganar y perder, la pasión y la emoción, la ejemplaridad, la utilización de la competición como medio y no como fin en la formación…. Son valores muy importantes para el desarrollo integral de las personas y que, en la práctica del deporte están presentes.

Es licenciado en Ciencias de la Actividad Física y el Deporte por la Universidade da Coruña, con un posgrado en gestión deportiva municipal por la Universidad de Barcelona. También es experto universitario en nutrición deportiva por la Universidad de Cádiz. Además, es entrenador nacional nivel III con especialidad en hockey sobre patines, de la Federación Española de Patinaje, y técnico en salvamento acuático y socorrismo por la Federación Gallega de Salvamento Acuático y Socorrismo, entre otros méritos.

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