Este colegio es una ruina (por la obra)

Van ya tres inundaciones, cinco encargados, puertas del revés, tejados que vuelan y ventanas por las que entra agua


carballo / la voz

La lista de desgracias que sufre la comunidad educativa del colegio Fogar desde que comenzó el curso hace pensar si habrá valido la pena que Educación invirtiera 1,4 millones de euros en la mejora porque la realidad es que el colegio está peor que antes.

La última ha sido el cierre del comedor por parte de Sanidade. Llovía por la campana extractora y por el resto de la dependencia. Los automáticos del sistema eléctrico saltaban constantemente y el personal docente y no docente tuvo que emplearse a fondo para dar de comer a 250 alumnos lo mejor que pudo, pero ayer ya no hubo servicio. En Xolda pudieron acoger a 6 niños de padres desesperados porque no podían recogerlos a las 14,30 horas. Tuvieron que echar manos de abuelos y las guarderías de la zona, además de cambiar todo el transporte escolar. Y todo ello por un problema que se suponía resuelto durante las vacaciones porque ya hubo que suspender las clases la víspera del último día de clase del 2019 por el mismo motivo.

Al parecer, el tejado, instalado hace ya un tiempo, no está rematado, pero no es el único despropósito de esta obra que ya va por su quinto encargado y de la que no quieren saber nada empresas de la zona. Algunas subcontratas ya abandonaron y las dificultades se multiplican.

Puertas mal instaladas, ventanas recién colocadas por las que entra agua, manillas que se quedan en la mano, pintura que salta... La lista de problemas es interminable y lo peor es que la obra se ha extendido por todo el centro y apenas hay espacio para los niños. De hecho, han tenido incluso que cambiar el horario de entrada porque los casi 800 niños deben acceder por la misma puerta, ya que las otras dos están bloqueadas. Así, los niños de Infantil pierden todos los día 25 minutos de clase.

La dirección del centro ya exige a la empresa que le pase la información por escrito y la manda así a Educación, cuyos técnicos acuden al menos una vez a la semana a controlar los trabajos, pero los problemas siguen sin descanso.

La asociación de madres de alumnos recogerá firmas el lunes para que Educación tome cartas en el asunto, pero la ley de contratos ha convertido en rehenes tanto a toda la comunidad educativa y también a la Administración autonómica, que ya ha abierto varios expedientes a Fonsan, la constructora andaluza que se ocupa también de la rúa Barcelona, que también acumula notables retrasos y dificultades.

La ANPA ya se ha planteado incluso que es mejor que la reforma quede parada a que Fonsan continúe con ellas.

El lunes, en principio, se reanudará el servicio de comedor, aunque habrá que ver durante cuánto tiempo.

Ya no hay fecha para la conclusión de las tareas, que comenzaron a mediados de junio y que tenían un plazo de ejecución de tres meses. Lo más probable es que los trabajos continúen hasta el final del curso, o incluso más.

A todo ello hay que añadir ahora la presión de la que se están viendo sometidos los profesores y todo el personal del centro, que deben lidiar constantemente con el control de los 800 escolares y el desarrollo de las obras. A la vuelta de las vacaciones en el patio habilitado para infantil colocaron un andamio bajo el que tenían que entrar los niños mientras los obreros operaban. Hubo que cerrar la zona.

La cronología

 

 

Mayo. Declaración de urgencia para reducir los plazos de tramitación del proyecto.

Junio. El Consello da Xunta aprobó un anticipo de tesorería para agilizar la licitación.

Julio. La Consellería de Educación adjudica la obra del Fogar y otros dos centros educativos en

Galicia a la sevillana Fonsan Gestión y Construcción, que también

se llevará poco después la reforma de la rúa Barcelona. El plazo de ejecución era de 3 meses.

El contrato se firmó apenas tres días después, el 11 de julio.

Agosto. Las obras van con tal

lentitud que hasta se quejan los

vecinos, que temen que los trabajos no estén ni medianamente listos cuando comience el curso.

Septiembre. El día 4 acude la conselleira Carmen Pomar al centro ante la posibilidad de que haya que aplazar el comienzo del

curso por el retraso de los trabajos. La acompaña buena parte

del equipo técnico de Educación.

Dos días antes del comienzo del

curso, docentes y exalumnos limpian el centro. El 11 se inician las

clases, pero el comedor tiene que esperar.

Octubre. Las obras se intensifican fuera del horario lectivo. Hay varias zonas cerradas.

Noviembre. Nada más comenzar el mes aparecen las primeras goteras. A mediados ya las hay en las aulas y, después aparecen en la cocina y el comedor.

Diciembre. El día 19 se inunda el centro, el 20 hay que suspender las clases y después vuelan las placas del tejado. Educación fiscaliza la obra.

Enero. De vuelta de vacaciones sigue los problemas. Hay que cambiar horarios porque las obras se han extendido y hay nuevas inundaciones el día 16, cada vez que llueve.

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