Jesús Suárez: «En Inglaterra e con 27 anos foi cando aprendín a comer con coitelo e garfo»

Quiso ser cura, pero no había dinero en casa para mandarlo al seminario. Probablemente haya sido el mayor juerguista de todo Malpica


Carballo / la voz

Fue Carmen Sevilla en los sorteos televisados de la ONCE, Lady Di -«miña pobre»- en su boda e incluso Fidel Castro. Participó en un estriptis en las fiestas de San Xulián, paseó cuatro burros por la plaza de María Pita y se ocupó en muchas ocasiones del responso al Farruco de cuerpo presente. Jesús Suárez Ouréns se tiene por «trangalleiro», y a fe que lo es, incluso ahora, con 77 años recién cumplidos.

Su historia no empezó demasiado bien. Nació en 1943 en Beo. Su padre fue marinero y él había de serlo porque no había otra cosa, pero quería ser cura. No lo logró porque eran demasiado pobres para mandarlo al seminario. Solo los hijos de labradores ricos podían ir a Santiago. Tuvo que conformarse con aprender cuatro cosas en la escuela de ferrado de la que se había hecho cargo Manuel, conocido como O Camiñante, que tenía una chalana... Jesús ya debía ser muy hablador entonces, y sigue siéndolo. Y guasón. Empezó en las tarrafas con 13 años. «Non valía moito, pero dábanme un quiñón», recuerda.

Ya casado, en 1966, se fue a A Coruña a atender las necesidades de los ricos que iban a La Solana, pero el sueldo era pequeño y decidió marcharse a Inglaterra. «Iamos cos olliños pechados de todo», recuerda. Ignorante completamente de lo que era la vida. «Non sabía comer con coitelo e garfo. Escapábanme as patacas do prato, e a carne. Eramos moi atrasados, era todo medo... Non había nai nin escola... Caíame a cara de vergonza», recuerda.

Allí, sin saber palabra de inglés, vio lo que era la libertad. «Non sabía o que era un periódico e vin a unha muller de 70 ou 80 anos lendo un. Impactoume moito». Eso y el hecho de que sus compañeros, camareros y cocineros de hotel, llegaran al trabajo en sus propios coches o motos, «como é agora aquí».

Donde trabajaba eran los únicos gallegos, y con su esposa solo hablaba en ese idioma, casi el único que conoce. Por eso mismo, el único español con el que compartía la cocina no supo reconocer su origen. El hombre era canario «e non entendía nin papa do que diciamos».

No hay nada de amargura o tristeza en su voz o su expresión a la hora de recordar esos años en los que tomó conciencia de lo dura e injusta que fue su niñez. Ha tenido una buena vida, dice, y desde que volvió de Inglaterra, el mismo día que ETA volaba por los aires a Carrero Blanco, las cosas no hicieron más que mejorar. Tuvo a su hija, que le ha dado dos nietos, y ha sido el utillero del Malpica entre 1982 y el 2015. Y eso que no le gusta el fútbol, aunque reconoce que estar siempre rodeado de jóvenes le ha dado mejor humor.

Y tiene todo el del mundo, y del bueno. Corrió salas de fiestas y discotecas ganando concursos de disfraces, porque si hay algo que disfruta es el carnaval. «Levei moitas veces minisaia e moitas sotana», rememora. Representó decenas de papeles para la comparsa que montaba con los amigos, y no reparaban en nada. Allá se fueron hasta A Coruña con cuatro burros en un camión. Hacían de labradores y ganaderos y causaron sensación por la capital herculina. Incluso sembraron y araron la plaza de María Pita.

La comisión de fiestas de Seaia, que es su parroquia, lo convirtió en una especie de valedor. Tiene experiencia porque colaboró durante muchos años con la organización, e incluso llegó a ser parte del espectáculo. Recuerda que la orquesta que tocaba en la verbena indicó que siempre hacían un estriptis, y un grupo se animó. Entre ellos estaba, naturalmente, Jesús de Ouréns, que se ha dejado pocas juergas por correr. La cosa fue modosa y los cubrieron con una manta. En los papeles de Carmen Sevilla que representó en los entroidos seguro que iba mostrando más carne.

«Marabillosa»

«Tiven unha vida marabillosa», dice, y así la ve él. Está satisfecho porque se ha tomado siempre las cosas muy bien. También en el trabajo, donde asegura que se ha divertido mucho acompañando al Malpica por todas partes y estando pendiente de los jugadores.

Ahora le quedan sus paseos vespertinos y las visitas, incluso las de los que prepararon las últimas celebraciones de San Xulián, que acudieron a pedirle consejo, pero también que diera la cara por ellos. Y la dio. En un vídeo de Facebook en el que quedó claro que Jesús de Ouréns es un hombre tranquilo, feliz por estar en su parroquia.

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