La provincia ya tiene zonas con más plantas invasoras que autóctonas

Concellos como Oleiros y los polígonos industriales, los espacios más degradados


A Coruña

A Coruña ya tiene espacios tapizados de flora invasora. Zonas en las que es más numerosa que las especies autóctonas y este extremo es algo que preocupa a los investigadores de la Universidad y a entidades como la Sociedade Galega de Historia Natural (SGHN). Pablo Ramil, profesor del Instituto de Biodiversidade Agraria e Desenvolvemento Rural de la Universidade de Santiago, explica que los lugares más afectados son los cercanos al litoral, donde se dan las condiciones de humedad y calor para que estas plantas crezcan a sus anchas. También los terrenos de polígonos industriales, parcelas en las que desde que se mueven las tierras hasta que se construyen las naves pasan muchos años durante los que se van asentando con fuerza estas especies.

«Las provincias con condiciones climáticas más térmicas y con una importante superficie de terreno ocupado por áreas grises (urbanizaciones, polígonos industriales, viarios e infraestructuras, etc), como es el caso de A Coruña y Pontevedra, tienen un mayor número de especies exóticas invasoras, con situaciones más problemáticas, que las provincias con menor termicidad y áreas grises, es decir, Lugo y Ourense», explica Ramil. En algunos casos llegan en los aportes de tierra y en otros en la maquinaria contaminada que ha trabajado en otras zonas. O se usan incluso en ajardinados de rotondas o parterres de estos espacios, donde los expertos denuncian que se plantan especies expresamente prohibidas.

Costa da Morte

«La abundancia y densidad de especies invasoras adquiere niveles dramáticos en el área litoral, donde estas afectan a espacios naturales protegidos, alterando la configuración de los ecosistemas y desplazando a las especies nativas: en el parque natural de Corrubedo, en la zona de especial protección de Costa da Morte, Costa Ártabra, ría de Ortigueira y Ladrido», advierte un estudioso que acaba de publicar un extenso artículo sobre el tema. Ramil apunta que la situación también alcanza niveles muy alarmantes en algunos espacios urbanos, donde el crecimiento urbanístico facilita la expansión de numerosas especies exóticas. Y lo mismo ocurre con los grandes polígonos industriales establecidos alrededor de las ciudades. En el de Sabón, en Arteixo, se pueden ver muchos ejemplos, al igual que en los de Carballo, A Laracha, Vimianzo, Malpica y Cee.

También en las parcelas destinadas a macro urbanizaciones, como la que proyectó Fadesa en Miño, donde los terrenos que quedan desnudos durante decenios se convierten en cultivos que arrinconan a la flora gallega. Ramil cita el municipio de Oleiros como otro de los puntos donde el problema es mayor cada año, porque confluyen las condiciones ambientales con la existencia de muchas áreas ajardinadas privadas «sin ningún tipo de control y menos aún prevención, tanto en propiedades situadas el seno de espacios naturales como en otras áreas de interés ambiental o cultural. En la mayoría, en la configuración del jardín se emplean plantas exóticas invasoras, e incluso especies catalogadas como tales en la exigua legislación estatal (Carpobrotus spp., Cortaderia selloana, Fallopia japonica, Tradescantia fluminensis, etc.)», según detalla una publicación del Centro de Extensión Universitaria e Divulgación Ambiental de Galicia, ubicado precisamente en el castillo de Santa Cruz en Oleiros. En este mismo artículo aseguran que casi todas las invasoras se asentaron en el litoral, pero fue la mano del hombre la que las introdujo hacia el interior.

Las quemas pueden ser contraproducentes

El fuego no ayuda a controlar las plantaciones. Es más, algunos grupos de estudio que se han creado en torno a este problema concluyen que «algunas de estas especies producen infinidad de semillas que perduran en el banco del suelo, y que germinan como respuesta a un estímulo externo como puede ser el humo del incendio. Es el caso de «Paraserianthes lophantha», una leguminosa de porte arbóreo que ha invadido una buena parte de las zonas bajas del monte Pindo, en Carnota, especialmente tras el gran incendio del año 2012». En cuanto a la poda, tampoco se realiza de forma adecuada en muchas ocasiones.

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