Un carballés, en el Olimpo de la fotografía panorámica

La cascada Lofoten de Carlos F. Turienzo gana el premio amateur del Epson Pano Awards


No es la primera vez que su nombre se cuela entre los mejores en un terreno que para él continúa siendo una apasionante afición. El carballés Carlos F. Turienzo, informático en Reganosa, acaba de proclamarse ganador absoluto en la categoría amateur del Epson Pano Awards, en Australia. Lo hizo en la categoría de panorámica y con una imagen de las cascada Lofoten de Noruega.

«Estoy muy contento, cuando recibí el correo lo tuve que leer dos veces porque pensé que no, que no podía ser; creo que es el premio más importante que he conseguido nunca», dice por un nuevo éxito en una actividad que le roba horas de sueño. Porque madrugones y noches en vela le dedica a esto de captar bellísimas imágenes en toda una laboriosa tarea que, pese a todo, para él es un respiro porque supone «desconectar de todo».

Envió cuatro fotos y no solo una de ellas ha sido elegida la mejor en el apartado de paisaje natural entre las amateur, la de la cascada de Lofoten, en Noruega, sino que otras dos, de Nueva York y el puente sobre el Tajo de Lisboa, han entrado en el top 50 de la categoría de entorno construido o arquitectura, de entre las miles que participan en el certamen australiano.

«Es la conjunción de toda las fotos por la que te dan el premio, porque además de la elegida tienes que tener como mínimo otras dos entre las 50 mejores», explicó.

Cuenta que en la elección para el concurso se inclinó por la cascada «porque es un lugar menos visto de toda esa zona, sobre todo en fotografía nocturna y al tomarla en el 2017 le gustó el cielo rojizo. También ese mismo año retrató el puente lisboeta Vasco de Gama al amanecer, con el sol colándose entre las columnas. Al año siguiente tomó la imagen del skyline de Nueva York reflejado en el agua,

El premio, de 3.000 dólares además del prestigio que supone, «va a quedar para algún viaje el año que viene, seguro», dice el fotógrafo, que tiene la intención de disparar su cámara en Sudamérica. En Galicia le queda poco por retratar y su laureada fotografía de punta Nariga bajo la Vía Láctea tiene para él un significado especial. Ahora, le queda una deuda pendiente que espera saldar el próximo verano: las islas Cíes.

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